Inicio Entrevistas La inmovilización de Toni Abadia: “Entono el ‘mea culpa’”

La inmovilización de Toni Abadia: “Entono el ‘mea culpa’”

Lleva tiempo desaparecido. Hoy, Toni Abadía explica por qué y, a los 32 años, aún no renuncia a hacer algo grande. “Me quedan hasta los 36”, sostiene.

“Desde abril se me ha cronificado el problema”, explica Toni Abadia (32 años). “Cojeo hasta para ir a comprar el pan. Incluso para bajar las escaleras. Apoyo el talón y veo las estrellas. No me levanto con el pie izquierdo porque no puedo”, añade para justificar su desaparición actual en estos meses de cross que tanto prestigio le han dado.

¿Y entonces?
Me ha faltado prudencia. He seguido entrenando. Entono el ‘mea culpa’. He forzado más de la cuenta para recuperar el tiempo perdido. He tenido un error de principiante. La gente me decía ‘te veo cojo’ y yo, como no tenía espolón, pensaba que tal vez… Y, al final, la fascia ha dado de sí de tanto entrenar con molestias. Ha quedado como una grieta.

¿Llevaba mucho tiempo?
La última competición fue en mayo en el 10k de Manchester en mayo. Desde entonces no he podido entrenar. Pero ahora ya he parado del todo. Es más, tengo el pie izquierdo inmovilizado con una bota Walker.

Es mejor volver atrás que perderse en el camino.
Mareca me ha dicho que los objetivos no marcan el camino. El objetivo lo marca la recuperación. Ahora, hago bicicleta y no me gusta tanto como correr. Pero es una manera de no perder tanto. A partir de ahí, se trata de ver cómo va el pie, que es el que marca la hoja de ruta.

Es lo lógico.
He entendido que correr con dolor no es normal. No hay que minimizar esas voces de alarma que te envía el cuerpo. Y ahora me doy cuenta de que debía haber levantado el pie a tiempo. No lo hice y, sin embargo… Pero, en fin, lo pasado…, pasado está.

Le veo positivo.
He estado mucho tiempo enfadado conmigo mismo. No quiero seguir así. Siempre me dolía algo. Aun así, terminaba el 70 u 80 por cien de los entrenamientos. No fui lo suficientemente inteligente. No conseguí entender que ése es un calvario que no merece la pena.

¿Y su entrenador no le obligaba a parar?
Sí. Siempre me decía ‘haz elíptica’ y ha ido muchas veces detrás mía. Pero, ¿sabe lo que pasa?, yo soy muy introvertido cuando estoy lesionado y me cuesta escuchar. Incluso a Pepe, que es mi ángel de la guarda. Pero como encima soy tan impulsivo y, como no tenía un diagnóstico, pensabas que la lesión era menor hasta que chocas frente a la realidad.

¿Y cuál fue el día D?
Hace dos semanas después de un cross. Los clavos me hicieron mucho daño.  Dije este nivel de cojera no lo puedo soportar. Fue una situación límite. Entonces nos pusimos manos a la obra con el diagnóstico y en eso estamos ahora.

A los 32 años le queda tiempo.
Obviamente. He estado un año perdido sin competir. Así que ese año no cuenta. El cuerpo tiene memoria para lo bueno, pero también para lo malo. Sé donde estoy. Sé que la pista se ha acabado para mí, que ya no tengo esa motivación. Pero por suerte en la ruta me siento cómodo. Y no creo que llegue hasta los 42 años de Lamdassem o los 39 de Javi Guerra. Pero hasta los 36 sí, ¿por qué no?

JJOO París 2024.
Siempre que leo una entrevista y veo esa pregunta me pregunto qué contestaría yo. Y esa pregunta ya me la he respondido a mí mismo muchas veces. Y, si lo logro, sería increíble. Pero ahora mismo es tan difícil imaginarlo…

¿No se sentirá derrotado de antemano?
No, pero es una carrera de fondo y sólo si volviese a tener continuidad…, ya sabe, soy realista.

¿Y volver a ser el mejor atleta aragonés, a destronar a Carlos Mayo?
No sólo a él, sino también a Pol Oriach. Es complicado. Pero es el tiempo que va muy deprisa. Yo he tenido la suerte de entrenar con Carlos Mayo. Tiene 27’25” en 10.000 y 1h00m06. Es un hombre que pone el alma en todo lo que hace. Pero no me molesta que él sea el mejor. Incluso a mi mejor nivel ya no sería fácil para mí.

Es usted realista.
Pero si alguien me tiene que ganar que sea él o que sea Chiqui Pérez. Sin ningún problema. Siempre me alegraré de que les vaya bien allá donde vayan. Yo seguiré siempre con Pepe. Para eso soy más tradicional.

¿ Y por qué ellos se marcharon con otro entrenador?
Nadie me había hecho nunca esta pregunta. Parecía un tema tabú.

Pero hay que preguntar.
Vivimos en una sociedad con exceso de información. Pepe es más empírico que científico. Su exceso de humildad quizás no le ha ayudado. Esa manera callada de trabajar, de no hacer ruido. Quien no llora no mama en esta vida. Él no presume de currículum y entrena a mucha más gente de la que creemos. Ahora a Unai Naranjo, que es una perla. Pero es verdad que la marcha de Carlos y de Chiqui ahí queda. Ahí le queda.

Y el día que le dijeron que se iban, ¿qué les dijo usted?
Fue una sensación de luto. Me dolió. Pero no por egoísmo. Fue sobre todo por Pepe al ver como se quedaba. Siempre había creído que mi grupo de entreno era como mi familia. Y fue como si se fuese el novio de tu hermana. Son decisiones que cuesta entender. No hay un motivo de peso. Sólo el afán por innovar. Al final, yo soy muy tradicional. Hay otra gente que no es así.

Hay que aceptarlo.
Como siempre dice Pepe, no pasa nada, la vida sigue, la vida es cambio.

Que tenga usted suerte.
Creo que la merezco. A raíz del tratamiento psiquiátrico, tras el covid, tuve un cuadro de ansiedad. Ataques de ansiedad. Un sinvivir. No podía hacer nada.  Me quedo algún problema de gastritis que no me impide hacer vida normal. Pero necesito más continuidad.


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