La infinita paciencia de un recepcionista de ‘Paradores’ 

La infinita paciencia de un recepcionista de ‘Paradores’ 

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Lleva tres años luchando, desde que se lesionó la cadera en un Campeonato de España de cross. Entonces Diego Merlo Rus peleaba con la élite del atletismo. “No seré el primero ni el último que salga de una de éstas”, explica hoy.  

Ayer se jugaba la carrera de San Antón frente a Sebas Martos en la noche de Jaén. También fue dos veces campeón de Andalucía de campo a través. Es más, también era un fijo en todos esos crosses de Atapuerca, de Elgoibar, de Lasarte…, donde le daban 300 € de fijo. Y hoy no es lo que significaba ése dinero, sino recuperar aquella vida. Aquellas sensaciones que Diego Merlo Rus vivió por última vez en el Campeonato de España de cross de Calatayud en 2016. Tenía 30 años. Tenía también un dolor de cadera. Pero lo que no podía imaginar es que ese dolor fuese a llegar tan lejos. Él, Diego Merlo Rus, que desde entonces ni siquiera ha vuelto a ir a ver ninguna carrera. “Me vendría abajo”, explica con la misma humanidad que planta cara al tiempo. “El tiempo no siempre lleva razón”, justifica hoy, a los 33 años, cansado de esperar y, sin embargo, paciente. Alguien le enseñó que la paciencia es una victoria. 

 Por eso la paciencia reaparece en cualquier parte y sobre todo en esas madrugadas en las que le toca turno de noche en la recepción del Parador de Albacete, donde trabaja: 

 -La oscuridad, el silencio de la noche…, todas esas horas solo que pasan tan lentas, trabajando, escuchando la radio ahí, yo solo… -explica ahora-. Y entonces le da a uno por soñar. Y se le caliente la cabeza y cuando la cabeza se calienta…. 

  ¿Hasta dónde llega la cabeza entonces?

 -A veces lo único que se le ocurre es decir ‘hasta aquí hemos llegado’. Me plantea tirarlo todo por la borda. Trata de convencerme a mí mismo de que fue bonito mientras duró. Pero entonces yo le digo que no, que todavía hay gente que me dice, ‘chico, te echamos de menos’ y en esta vida no es fácil que a uno le echen de menos… 

 Quizá por eso él, Diego Merlo Rus, todavía debe ajustar cuentas con el atletismo. Tres años después de Calatayud, sí; tres años jugando en dirección prohibida. “Es tan difícil decir adiós de esta forma…”, vuelve a rebatir al destino, metido en un callejón del que no se sabe si hay salida. Pero hay que intentarlo. Y por eso, digan lo que digan los demás, su cabeza se calienta y le invita a pensar que sí, hombre, sí, Diego, algún día volverás: tienes que volver. “Si no soñamos no somos nadie”, añade él, el mismo que entonces tenía a tiro a la élite del cross. Él, que ahora no se atreve a dejar de soñar ya sólo por respeto al futuro o a ese hijo suyo, Diego, que “nunca le ha visto correr”. Porque el niño nació hace tres años, justo cuando empezó toda esta tortura para él, que nunca hizo daño a nadie. Sólo era un chico pacifico de Bailén, hijo de un administrativo de la fábrica de ladrillos y de un ama de casa que todavía hoy, a los 59 años, sigue levantándose a las 6,30 de la mañana para correr 13 kilómetros en una hora. “Mi madre ha sido tercera en la Jean Bouin y ha ganado dos veces la Noche de San Antón en su categoría”, recuerda. 

 Recuerda él, Diego Merlo Rus, otra motivación más. Y entonces vuelve a retroceder a Calatayud 2016, a ese dolor de cadera que resultó ser “una osteopatía de pubis” de la que la operaron y ya está. “Asunto arreglado, pensé, porque quedé perfecto. Me sentía perfecto”. Pero fue volver a correr, querer y no poder, hasta hoy. La pena es natural pero la pena es como una triste melodía que no soluciona nada.  Podía ser de otra forma, pero es así hoy, tres años después, en los que acaba de regresar de una clínica de Madrid, donde le han dado una solución: el quirófano. “No serás el primero ni el último en salir de una de estas”, le han dicho a pesar de reconocer que su cadera está herida. “Tienes el cartílago muy desgastado”. Aun así él sigue hablando de volver, “después de tres años en los que visité a cientos de fisios, de traumatólogos, de podólogos en los que no había nada que hacer. Al día siguiente, cuando volvía a correr, el dolor, el maldito dolor”. Pero ya no llora. 

 -El mar de las lágrimas ya se secó -replica. 

También añade que “uno no puede estar fustigándose continuamente. Yo ya he acabado con esa cuota”, insiste él, que quizá se merecía una conversación como ésta, incapaz de alejarse ni un segundo del optimismo, maldita sea, qué valor tiene esa palabra: volver, volver y volver.  “He machacado mucho desde los 16 años cuando empecé a correr “. Aunque supiese que correr nunca iba a ser su medio de vida, “porque ¿adónde iba a ir con los 300 € que ganaba por cross? Pero este no es un tema de dinero, sino de uno mismo. Me niego a dejar de ser atleta, me niego a pensar ‘esto se ha acabado’, me niego a dejar de tratar a los atletas como a mis compañeros, me niego a dejar de pensar en el día del regreso, ‘Diego, ya estás otra vez aquí’, ayudando a la selección de Andalucía, queriendo, pudiendo, explicando algún día que esto que le estoy contando hoy a usted ya pasó: volviendo a leerlo y sonreír”. 

Quizá por eso lo mejor sea no pensar, esperar y no pensar. “Podría hacerlo”, justifica él, “pero es tan difícil. No hay un solo día que dure menos de 24 horas y, aunque esto me ha servido para conocer otras cosas como la bicicleta o la natación… Cuando me meto en la piscina me desahogo y hay días en los que he llegado a nadar cinco kilómetros, porque yo necesito esforzarme. No entiendo la vida de otra manera desde que empecé a correr por esos campos de olivos y el caso es que ahora lo echo tanto de menos….”, insiste Diego Merlo Rus, que este verano, de vacaciones en Torrevieja, volvió a encadenar varias semanas seguidas corriendo, “¡una pretemporada!”, volvió de vacaciones, ganó la carrera de su pueblo, y tenía concertado correr el cross de Torredonjimeno, “pero fue sentirlo y caer, caer otra vez”.

 -¿Quién me lo iba a decir a mí? Yo, que llegaba a los 150 kilómetros doblando tres días a la semana sin problema; que hacía 10×1.000 por debajo de 2’50” recuperando un minuto… ¿Quién me iba a decir esto? 

 Sin embargo, su deseo no tiene fallos. “No veo el final. Todavía hay alguna posibilidad: ‘pues, si es así, vayamos a por ella'”, alza la voz él, Diego Merlo Rus, el atleta de Bailén. “Las lágrimas no solucionarán los problemas”, insiste desde la vocación más infinita. “Siempre supe que con el atletismo no iba a ganarme la vida. Por eso estudié Turismo y ahora me estoy preparando un grado de Historia. Es más, mi vida está orientada. Hace doce años empecé a trabajar en la recepción de ‘Paradores’, que es una empresa pública donde he encontrado una estabilidad, unas posibilidades de futuro.  Pero la soledad, la del día y la de la noche, me recuerda que debo seguir intentándolo, que no puedo irme así, que no lo merezco y que algún día la cadera dirá que sí “. Y quién sabe lo que podrá pasar mañana. Pero eso ya será otro día, un día que ya no habrá que imaginar en la madrugada, en esa recepción de ‘Paradores’, donde Diego sigue prometiendo que volverá. Y nosotros, que acabamos de conocerle, preferimos creerle.  

@AlfredoVaronaA 

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