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La generación perdida no existe 

Pablo Torrijos se metió en la final de triple | AFP
Pablo Torrijos es el primer español en llegar a la final de triple salto en un Mundial. Pero hace dos años no fue ni mileurista: la Federación le pagó 700 euros por saltar más de 17 metros y batir el récord de España.  

No te hablaba del miedo sino de algo más importante: la perfección. Y te ponía de ejemplo a Jonathan Edwards o a Fabrizio Donato con casi 40 años y saltos de más de 17 metros.  Así que  cada vez que recuerdo el nombre de aquel muchacho, Pablo Torrijos, pienso en un mundo mejor y me niego a pensar que exista la generación perdida. Fue una lección de realismo que hoy cruza la frontera del éxito. Pablo acaba de convertirse en el primer saltador de triple salto español que llega a la final de un Mundial. Tiene 25 años y una cabeza que es como su teléfono móvil en el que sobran los motivos para intentar subir al podio. “Nunca te cansas de ver el sol”.

Lo descubrió pronto cuando sintió que la rebeldía había pasado de moda. “Los días pasaban muy lentos y los años muy rápido. Me paso meses preparando un salto que dura unos segundos”. Pero esa es la magia de una tarde como la de ayer en Londres. Los motivos disparaban en su contra porque había 18 saltadores por encima de los 17 metros. Pero en esta vida todavía hay algo más importante que la lógica: la imaginación, la necesidad de creer en uno mismo que Pablo Torrijos demostró en aquella conversación. Entonces tenía 22 años y acababa de batir el récord de España que llevaba una antigüedad descomunal y un ligero premio de 700 € por parte de la Federación. Un dinero que casi autorizaba a convertir aquella conversación en un alegato de denuncia. Sin embargo, Pablo cortó por lo sano con una franqueza que le pudo dejar a uno helado, tampoco lo recuerdo todo. “Si el dinero tiene que llegar algún día, ya llegará”.

Desde entonces, han pasado dos años que, efectivamente, corrieron deprisa. Pablo no ha vuelto a saltar 17 metros, pero no ha desesperado. Las declaraciones suyas que he leído eran las primeras que invitaban a creer (“aún me falta realizar el salto perfecto”) como en aquella conversación que tuve con él. En la libreta apunté frases suyas como ésta (“agradezco a los libros que me permitan evadirme y a las conversaciones que me hagan sentir vivo”), en la que se apreciaba la diferencia, capaz de competir consigo mismo o de motivarse ya solo viendo a su padre madrugar los sábados para ir a trabajar. “No he dejado que mi vida se resuma solo a lo que pasa en la pista. Sería imposible vivir así. Por eso me gusta hablar con gente que no tiene idea de triple salto”.


“La motivación es una habilidad que también se puede entrenar”

Sentí entonces que algún día me invitaría escribir algo suyo de superior categoría y ese día ha sido hoy, en el que ha regresado Pablo Torrijos en un gran campeonato. La paciencia ha sabido esperar y no se  hizo mala sangre como advirtió aquel día en el que sintió que el éxito podía ser un gran impostor. “He descubierto, efectivamente, que el éxito no es tan placentero. Al día siguiente, te levantas a la misma hora, comes a la misma hora y duermes en la misma habitación”. Y lo decía Pablo, que entonces era un muchacho de 22 años que estudiaba criminología e imaginaba el futuro opositando “a policía o a funcionario de prisiones” sin la más mínima pena, “porque cualquiera de esas dos profesiones se trata de un servicio a la sociedad”.

La información ha podido quedar antigua. Pablo Torrijos se mudó este año a vivir a Madrid después de meditar la posibilidad de marchar a Italia con Fabrizio Donato. Necesitaba nuevas motivaciones porque “la motivación es una habilidad que también se puede entrenar”. Pero, más allá del viaje, yo me niego a olvidar aquella conversación que hoy justifica este texto: la lógica de aquel muchacho que, en los días de peor humor, ponía de ejemplo las horas con su psicóloga,”no tengas prisa, Pablo, no la tengas”, una frase de calidad que hoy resplandece en Londres y que nos invita a volver a verle en la final saltar por encima de los 17 metros. Quizás porque la paciencia se hizo para días así y aquí está Pablo Torrijos que solo es uno de sus defensores, convencido de que mañana volverá a salir el sol y volveremos a buscar eso que se llama perfección.

@AlfredoVaronaA 


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