La bonita historia de Mechaal

La bonita historia de Mechaal

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Este invierno lo dejó todo en Madrid. Marchó a vivir a Estambul y temimos perderle. Pero el verano, el gran escenario de los atletas, lo ha recuperado con una marca en 1.500 (3’33”) que hacía siglos que no lograba un atleta español. “Si tienes talento y estás feliz lo normal es que salga”, dice su entrenador

Si Mechaal pudiera detener el tiempo se hubiese quedado a vivir en el año 2017. Entonces fue lo más parecido a un atleta extraordinario, maduro.

Solo unas centésimas le privaron de medalla en un Mundial de tanta calidad como el de Londres 2017: lástima que ese verano no hubiesen sido los JJOO.

Tenía 26 años, la edad que firmarían todos los mediofondistas. 

Estaba tan fuerte que hace unos meses, cuando escribí que el récord de España de José Manuel Abascal de 2.000 metros (4’52″40) cumplía 33 años de antigüedad, su entrenador Antonio Serrano me escribió, convencido, de que “Mechaal lo hubiera batido en 2017”. Aquel día las redes sociales echaron de menos algún atleta español que lo pudiese batir actualmente.

No pensaron en Mechaal. 

En 2017 sí lo hubieran hecho. Aquel año Mechaal también había sido campeón de Europa de 3.000 metros en pista cubierta en Belgrado con una facilidad de las que meten miedo, con un sentido de la propiedad que daba gusto ver.

Pero el tiempo no se para ante nadie. No podemos quedarnos a vivir en el tiempo, encerrarlo en una botella.

Hoy, dos veranos después, Mechaal tiene 28 años y han pasado muchas cosas en estos dos años.

Lo hemos visto perder y lo hemos visto hacer la mudanza, decir que su hábitat no estaba en Madrid,donde fabricó aquel año 2017 tan estupendo.

Marchó a vivir a Estambul. Nos dio pena que se fuese o que cambiase tan de repente, pero esto es como cuando un hijo se marcha de casa. Nadie debe impedirlo. Tarde o temprano, puede ocurrir. 

Pero como coincidió con una época fea de resultados para Mechaal, en vez de una mudanza, nos dio por imaginar que se trataba de un golpe de Estado o de una manera de escapar o de evitar la frustración.

No sabíamos todos que marchaba a Estambul a vivir con su futura esposa. Se supone que en esta vida hay pocas decisiones más meditadas que ésa como cuando uno elige la universidad en la que va a estudiar. En estas cosas no se permite intervenir al azar.

Hoy es 6 de agosto y ya lo sabemos porque volvimos a ver la luz. Ha pasado la primera parte del verano y Mechaal ha vuelto. De hecho, ya ha realizado los deberes con una puntualidad meridiana. Ha logrado marca personal en 1.500 (3’33” 91) en Lausana y, después de seis años sin correr esta distancia, ha batido por dos segundos su marca en 800: 1’47” 69.

Como dice él, ha vuelto al sitio en el que lo dejó en 2017. 

La tempestad de este invierno, en la que nos pareció que Mechaal se metía en dirección prohibida, ha pasado. Porque las tempestades son como las huelgas. Tarde o temprano, se acaban por una razón: no pueden durar toda la vida.

El resultado, que nos ha dejado,  es que todavía hay atleta en Adel Mechaal para desafiar a los mejores, para resumirlo como algo mas que un golpe de genialidad como el que sucedió este invierno cuando corrió un 3.000 en pista cubierta en Boston en 7’45”. Se quedó en eso y en nada más. Se marchó y se apartó de la competición. No sabíamos por cuanto tiempo.

Recuerdo entonces esa frase de su entrenador Antonio Serrano, “de comerse el mundo y luchar por las medallas a esta situación va un abismo”. Pero Serrano es el mismo que ahora, que le entrena a distancia desde Madrid, explica que “si tienes talento y estás feliz lo normal es que las cosas salgan” para justificar los 3’33” que ha marcado Mechaal este verano en 1.500 en Lausana.

Hacía siglos que un atleta español no lograba esa marca y, pase lo que pase en el Mundial de Doha, este ya no será un mal año para Mechaal.

Es el mismo año en el que ha vuelto al 1.500. El mismo año en el que se declara felizmente casado e instalado en Estambul porque supo tomar esa decisión que, al principio, nos pareció tan extraña. Pero aquí  está el atleta de regreso tras un 2018 que dejó un sabor amargo. Sobre todo cuando le escuchamos justificar su retirada en el 5.000 del Europeo de Berlín porque no iba bien y, a la semana siguiente, tenía un mitin: las cosas ya no iban como él quería.

Hoy, sin embargo, le sentimos feliz y los tiempos le dan la razón. Ni siquiera en su gran 2017 llegó a hacer esos 3’33” en 1.500. Pero esas son las cosas que nos invitan a creer en él y a explicar que la vida son decisiones en las que nadie puede decidir por uno mismo como lo vio Adel Mechaal el día que se marchó a vivir a Estambul. Buscaba algo muy importante: recuperar al hombre y al atleta que, a los 28 años, en una edad óptima, aún cree en algo mejor.

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