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¡Kipchoge, el primer ser humano en bajar de dos horas en maratón!

Unos nueve grados de temperatura. Menos del 70% de humedad. Sin viento (no se movía ni una hoja en ‘The Pratter’, el pulmón verde de Viena) y con una multitud que cada vez se fue acercando más (algunos curiosos por todo el montaje titánico en pleno centro de la ciudad y otros sabedores de lo que ahí estaba en juego). 1:59:40, una marca para la ‘jodida’ historia (permítanme la concesión). El reto ‘INEOS 1:59 Challenge’, un éxito.

Lo de las liebres, espectacular

Las liebres dispuestas cual alineación de equipo de fútbol; Kipchoge en la ‘sala de máquinas’ con dos liebres situadas por detrás y cuatro (2+2), por delante. Los amigos Lomong, Korir, Koech, Kiplimo, Kipserem, Tiernan, Ingebrigtsen, Murayama y compañía se han ido dando relevos de forma matemática, precisa, milimétrica. Mucho mérito también lo suyo, entrando y saliendo sin parar con el correspondiente enfriamiento y teniendo que marcar esos 2:50’/km clavados.

La crónica más complicada de la historia

Hacer una crónica al uso sería un tarea poco menos que descabellada porque los ritmos que ha ido llevando el gran protagonista y sus ‘camaradas’ han sido tan calcados, tan militares, que poco detalle se puede ofrecer de cada parcial de 5, 10, 15, etc. 14:14, 14:14, 14:14, 14:14, 14:04, 14:14 los parciales de los 5.000 de los primeros 30 kilómetros. Casi nada.

El rictus de Eliud ha sido casi en todo momento imperturbable, si bien es cierto que a partir del km 35 ha variado sensiblemente. Muy sensiblemente, pero lo suficiente como para ver que empezaba a sufrir un poco a pesar de no abandonar esa zancada tan única que tiene. Y es que poco más podemos añadir, de verdad. Ha sido brutal el ambiente en ‘The Pratter’ y seguimos pensando que no entendemos por qué en el Breaking 2 se decidió hacerlo sin aficionados. Es difícil pensar que pudiera llegar a ser negativo el aliento de la gente para Kipchoge, de verdad. Daba gusto ver a la ciudad entregada.

La línea que marcaba el vehículo ‘tiralíneas’ se seguía con más fidelidad que la que se respira en la plaza del Vaticano. Las ‘Vaporfly’, las liebres, la camiseta blanca de tirantes de Eliud, el bigote de Filip Ingebrigtsen, las cadenas de Regasa y Lomong, el gorro de lana de Wanders. Las liebres le dejaron el protagonismo a un kilómetro más o menos para que saboreara la gloria en solitario. 1:59:40, señoras y señores. El ser humano vuelve a demostrar que los límites los pone uno mismo…

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LRDC

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