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José Campos: de campeón de España de salto de longitud a invitar a cenar en casa a los paparazzi

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El ex marido de Carmen Martínez Bordiu fue un muy buen atleta que competía siempre con las medias verdes del Racing de Santander. Hoy, a los 54 años, trata de superar un ictus alejado ya de la prensa rosa cuando tenía que salir de casa en el maletero.

No sé por qué el otro día hablando con Ramón Cid surgió su nombre.

– José Campos fue un muy buen atleta.

-Es verdad.

José Campos fue en 1987 campeón de España de salto de longitud. José Campos fue un atleta que soñó con rebasar la frontera de los 8 metros. Pero a los ojos del gran público José Campos siempre será uno de los ex maridos de una celebridad como Carmen Martínez Bordiu. Una mujer que le sacaba 15 años, que se fue a vivir con él a Santander, junto a El Sardinero, y que provocó que José Campos tuviese paparazzis las 24 horas del día en la puerta de su casa esperando a ver si se asomaba a la terraza: cualquier cosa, lo que fuese.

-Me acuerdo que yo les sacaba un sandwich, una cerveza, incluso les pasaba a casa a cenar, porque verles ahí tantas horas me daba pena, pero no veas si no me cayeron broncas por eso.

En aquella época, José Campos se convirtió en un personaje extraordinariamente popular.  “Al final, te acostumbras pero siempre había 2 o 3 coches persiguiendonos. Es más, había veces que salíamos de casa en el maletero”. Sin embargonada de eso cambió la personalidad de José Campos, que era ese tipo capaz de desesperar a Jorge Javier Vázquez cuando le entrevistaba en su programa.

-No puedo contigo: no hay quien te saque nada, me decía siempre.

Y hoy justifica:

-Para qué vamos a engañarnos, yo iba a esos programas a echarme unas risas, a  pasar el rato y a cobrar pues entonces se pagaba muy bien.

Hoy, José Campos es un hombre de 54 años totalmente alejado de la prensa rosa. Vive en Peñacastillo, a las afueras de Santander, donde tiene su negocio, tiene a su mujer, una mujer anónima, y tiene a Martina, su hija de cinco años. 

-Me ofrecieron incluso ir a ‘Supervivientes’, me ofrecieron muchísimas cosas pero dije que no a todas: que esa época ya se acabó, que yo no había hecho nada para ser famoso y una vez que lo dejé con Carmen no tenía sentido que siguiese allí en ese mundo.

El pasado 18 de marzo José Campos sufrió un ictus a las tres y media de la madrugada cuando se cayó de la cama “y menos mal que mi mujer escuchó el golpe, se levantó, me recogió y llamó a la ambulancia”.

José Campos aún está saliendo adelante. Aún tiene que recordar palabras que se le han olvidado. Pero hoy, antes de hablar con él, ha salido a dar uno de esos paseos de hora y media en los que cada vez se cansa menos: avanzamos.

José Campos prefiere hablar hoy, en vez de los paparazzi que se tiran 24 horas esperando una fotografía, del día en el que fue campeón de España con 22 años en San Sebastián.

-O me ganas ahora o ya no me ganas nunca -le dijo entonces Antonio Corgos, que llevaba diez años consecutivos ganando y que ya era una institución del atletismo.

José Campos saltó 7,44 entonces y se puso primero, pero recuerda que “aún faltaban siete por saltar. Me puse tan nervioso que me fui del estadio. No quería ver lo que hacían los demás. A los 20 minutos, cuando volví y escuché mi nombre como campeón de España, no sabía qué decir porque había perseguido tanto ese momento y, de repente, llegaba y sentía que se me abrían las puertas”.

Hijo de un gran deportista (“mi padre fue un muy buen judoca”), José Campos llegó por primera vez a los 16 o 17 años a las pistas de La Albericia. Allí, Ramón Torralbo, el hombre que luego hizo oro olímpico a Ruth Beitia, le dijo:

-Chaval, tú tienes una gran condición.

Y no se equivocó.

En su primer campeonato de España junior fue subcampeón. Estaba claro. José Campos tenía madera. No recuerda exactamente quién le ofreció ir a entrenar a San Sebastián con Ramón Cid: un hombre que había sido dos veces olímpico en triple salto (Montreal 76 y Moscú 80).

– Había veces en las que iba y volvía en el día de Santander a San Sebastián para entrenar con Ramón Cid. Eran 400 kilómetros en una época en la que todavía no existía autovía. Por eso había veces en las que ante el cansancio me quedaba a dormir en casa de Ramón.

Hasta los 29 años, cuando se retiró, José Campos fue siempre un gran competidor que recuerda aquel día en Segovia en el que hizo marca personal: 7,77. “Pero justo antes me pitaron un nulo que era de 7,95. Con esto quiero decir que yo podía haber hecho 8 metros perfectamente, pero no se dio ese día. No tuve esa suerte. El destino no me la quiso dar y, sobre todo, lo sentí por Ramón Cid. Él se lo hubiese merecido. Se machacó mucho para que yo llegase a ocho metros”.

“Pero esos diez o doce años que estuve en el atletismo fueron imborrables. Viajé muchísimo. Aprendí a ser mejor persona y hasta soñé con ser olímpico”, recuerda hoy. “Sólo el mero hecho de soñarlo, de que ídolos como Abascal, como Corgos me tratasen como a uno de los suyos… Sólo por eso siempre estaré agradecido al atletismo”.

José Campos era entonces un tipo distinto que siempre  competía con las medias verdes del Racing de Santander hasta que lo fichó el Barcelona, donde se proclamó campeón de España de clubes.

-Me acuerdo que ganamos al Larios, que eran palabras mayores, pero sobre todo me acuerdo que el club para felicitarnos nos sacó un partido al centro del campo del Camp Nou en un Barca-Tenerife. Y allí estaba yo todo emocionado y con la carne de gallina. Me acuerdo que vi el partido en el palco con Koeman y Archibald que ese día no habían sido convocados.

Pero también se acuerda de esa pregunta que escuchó en el centro del campo del Camp Nou como si fuese el centro del mundo:

-Joder, José, ¿tú qué haces aquí?

La pregunta se la hizo Quique Estebaranz, un extremo izquierdo del Tenerife que había jugado en el Racing y que había hecho cierta amistad con él en Santander.

Pero, sobre todo, esa pregunta reflejaba hasta donde puede llegar uno que en este caso es él: José Campos. El muchacho que cuando empezó en el atletismo dudaba entre los 100 metros y el salto de longitud.

El tiempo le hizo saltador y la memoria lo recuerda como un saltador con posibilidades. “Saber que tienes posibilidades es un lujo”, recuerda hoy, a los 54 años, con la misma paz que debería ayudarle a vencer del todo a ese ictus que lo colocó frente a la espada y la pared.

-Estoy en ello.

Y añade:

-Nunca sabes lo que te puede pasar en la vida. Me encontraba bien. Cuando me vino el ictus me estaba cuidando como nunca. Comía sano, había dejado la bebida social en el trabajo y, de repente, me encontré con esa faena.

Hoy pesa 115 kilos.

-Para mí bajar de los 100 es dificilísimo. Soy un tipo de mucho músculo, de mucho hueso al que en la época de competición ya le costaba estar por debajo de 80. Me acuerdo que el día que me retiré Ramón Cid me dijo, ‘vas a ganar 20 o 30 kilos’, y llevaba razón.

Desde entonces, han pasado 25 años. El tiempo corrió veloz. Él viajó desde las páginas de deportes hasta la prensa del corazón. Pero hoy no se arrepiente de nada, “porque, al final, todo lo que pasa conviene. La clave es aprender”. Y José Campos aprendió que ya no cambiaría por nada su actual vida con su mujer y su hija. Y sin paparazzi en la puerta.


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