Jesús Gomez: dime como lo hiciste (sin prepararte)

Benjamín Álvarez, el entrenador del nuevo recordman español de 1.000 metros (2’15″99), desvela cómo Jesús batió este récord 28 años después. “No lo preparamos para nada. Sólo le di 72 horas de descanso”.

Le dio 72 horas de descanso (descanso activo, como dicen ellos).

Su entrenador: Benjamín Álvarez Furones, un hombre de 70 años, un antiguo militar que dice las cosas como son y que acepta que él es “un poco cabrón” (hace falta gente sincera).

– Me dedico a putear a los atletas -añade después.

A los atletas también les dice:

– Al crono no le doy importancia; a lo que doy importancia es al trabajo.

Y todo esto ¿por qué? 

Jesús Gómez acaba de volver de Nerja donde casi 28 años después ha batido el récord de España de 1.000 metros: 2’15″99.

– Vale, muy bien -le recibe el entrenador de regreso a Burgos-. Pero hoy vas a hacer de liebre de Manuel de Prado, el junior a 1’53” los 800, ¿de acuerdo?

Es su manera de felicitarle.

– Uno, que pretendía hacer poesía de esos 1.000 metros, y me recibe usted así -le digo al entrenador.

– Se va a pensar que le estoy contando cuentos chinos pero es que no preparamos nada esa carrera.

– Le podría decir más -añade-. Desde que bajó de Sierra Nevada posiblemente Jesús no haya hecho un 1.000 por debajo de 2’35”.

– A su edad, entiendo que no va usted a dedicarse a contar mentiras.

– Para hacer grandes marcas debería hacer los miles en 2’20” y eso no lo hemos hecho -insiste.

Y replica:

– Pero es que entrenando aquí, en Burgos, Jesús ha llegado a correr algún 1.000 por debajo de ese tiempo.

– Que no, que es que no he mirado ni los parciales de la carrera de Nerja -resuelve después-: vi la salida, vi como se movía y vi que estaba bien.

Sé que hoy no le arrancaré a Benjamín Álvarez Furones ninguna sonrisa que él no quiera.

También sé que, a su lado, el halago no debilita porque hay poco sitio por donde encontrarlos. No es la primera vez que hablo con él.

Sé que es un hombre que en la conversación no separa los pies a la tierra, que son muchos años.

– Si Jesús se clasifica para los JJOO -avisa en todo momento.

Y añade:

– Porque no será fácil: mire usted la competencia en 1.500 con Fontes, con Kevin, con Katir…

– Hasta el 7 de junio, cuando se acerque el campeonato de España para clasificarnos para los JJOO no empezaremos a pisar el pie.

– ¿Y luego?

– Si no hay incidencias estoy convencido de que Jesús lo haría muy bien en Tokio -contesta-. Pero hay que clasificarse.

Dice que en dos semanas Jesús se pone “como un tiro”, y eso lo explica todo:

– ¿Qué necesidad tenemos de forzar antes?

Tambien dice que ahora Jesús está trabajando mucho por arriba: unos 130 km semanales seis días a la semana (viernes descanso total) y que ésa no era la preparación óptima para batir un récord con casi 28 años de antigüedad como el de 1.000 metros.

– Pero dejamos 72 horas de descanso y como no iba sobrecargado de kilómetros el es capaz de hacer cosas así.

Está en peso Jesús  (71 kg).

– A los JJOO llegará a lo sumo en 69,5 o 70 kg.

Pero antes hará las maletas, cogerá el coche y, junto a su grupo (Dani, Solange y Lidia), se irán de Burgos buscando la humedad a nivel del mar.

– Porque además no tenemos pista en Burgos en esas fechas porque está hecha una pena y la van a arreglar.

Dice ser Benjamín “un hombre excesivamente conservador”.

Vivió tanto que ya no necesita dar de comer su ego. Qué más da si se piensa fríamente pues acaso no es tan importante: el olvido que seremos.

Mientras tanto, el  militar continúa dando guerra en Burgos donde la escuela ya tiene 244 niños y se conoce el nombre y apellidos de todos los niños.

Es un tipo que hace a la gente pensar Benjamín Álvarez Furones.

Siempre será el primer entrenador al que yo escuché decir, “yo puteo a los atletas”.

Y los hace correr sin reloj.

Y si les dice de pasar la vuelta a 1’04”, se pasa a 1’04” (Jesús Gómez)

Y si hace falta alzar la voz se alza:

– ¿Qué es eso de mirar el crono cada 200 metros?

– Que no, señores, que no.

Y, es más, si hace falta rebate a la madre de Jesús Gómez y a la comida castellana cuando le dice, “mire usted, señor, es que mi hijo está muy delgado”, y lleva razón la mujer.

– Pero los macarrones sin chorizo -insiste el entrenador.

Y luego se lo lleva a él y a los demás atletas, ahora que empieza a hacer mejor tiempo, al río Arlanzón, que queda a 2 centímetros de la pista.

Y no hay insensato que no se atreva a meter las piernas en el agua (siempre) helada.

Pero es que el futuro empieza cada día.

Y en ese futuro quiero saber si el entrenador ve al atleta para bajar de 3’30” en 1.500.

– No hemos trabajado nunca para hacerlo -contesta-. Pero si me habla de bajar de 3’32” sí. Sin ninguna duda.

Queda viaje.

Pero, mientras tanto, aceptamos el trato.

Nos preparamos para soñar este verano con un medallista olímpico español en 1.500.

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Alfredo Varona

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