¿Qué he aprendido de Bruno Hortelano? 

¿Qué he aprendido de Bruno Hortelano? 

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Aquella frase que le decían las enfermeras del Doce de Octubre, “calma, que todo va a ir bien”, resume lo que hoy volvemos a vivir con el hombre del guante negro. 

¿Cómo no voy a escribir sin pasión de un atleta que ha escapado de la adversidad? ¿Cómo no voy a poner de ejemplo la figura de Bruno Hortelano a los 26 años? ¿Cómo no voy a recordar aquellas voces de las enfermeras del Doce de Octubre, ‘calma, que todo va a ir bien’ en esos días tan dramáticos en los que su mano derecha parecía una mano catastrófica? ¿Cómo no voy a dar valor al trabajo de esas mujeres, ‘calma que todo va a ir bien’? ¿Cómo voy a cometer esa ingratitud? Es más, ¿cómo no voy a explicar que la calma es una de las palabras más rentables del mundo? Quizá sea exigente, como ninguna, pero ¿quién de ustedes no obtuvo resultados de la calma? ¿Quién tiene algo que reprocharla en los momentos que parecen más dramáticos? ¿Como dudar que la calma es una habilidad que se puede entrenar?


¿Quién se atreve, a partir de ahora, a perder la calma?


Yo, si acaso, les seguiré preguntado si se esperaban que Bruno Hortelano regresase 21 meses después con esta autoridad, con 45.67 en los 400 y 20.35 en 200 metros, a 23 centésimas de su mejor marca. Yo nunca hubiera sabido decir y no sé si hubiera tenido que soñarlo, ¿ustedes? Pero ¿quién no duda a partir de un caso como el suyo de que todo tiene arreglo o de que la calma no es una palabra, sino una forma de vida? ¿Quién se atreve, a partir de ahora, a perder la calma? ¿Quién sospecha de nuestra capacidad de supervivencia? Es más, ¿quién se atreve a dudar del hombre del guante negro, reconvertido ahora en ambidiestro? ¿Quién no está deseando volver a vivir un verano como el de 2016 cuando este velocista de raza blanca fue campeón de Europa en Amsterdam y semifinalista en los JJOO de Río? ¿Quién duda de que no todos los regresos son iguales? ¿Quién es capaz de imaginar una pista sin la locura de una medalla española en los 200 metros? ¿Quién duda que Bruno Hortelano no vuelva a ser capaz de todo como imaginábamos en el verano del 2016? ¿Quién se ha olvidado de aquella madrugada en la grada del estadio olímpico de Río en la que estaba nada menos que su abuela de 90 años? No puede ser, porque da tanta pena olvidar, es tan complicado…    

Runner’s World España | Jaime de Diego

 ¿Quién duda de que con calma se puede ir a todos sitios y sin calma no se puede ni salir a la calle? ¿Quién se acuerda ahora del mes de septiembre de 2016 y del fatídico kilómetro 27 de la Carretera de La Coruña? ¿Quién no ha sentido incertidumbre en estos 21 meses que se han hecho tan largos esperando a Bruno Hortelano? El tiempo pasaba y no volvía, pero así es la paciencia, capaz de recordarnos a sangre fría que es mejor tener valor que tener razón. Y si esto no ha sido un reflejo de la vida, ¿qué entienden ustedes por la vida? ¿quién sabe como reaccionará ante la adversidad? Por eso es tan importante recordar la mano derecha de Bruno Hortelano, y convertirla en uno de nuestros amuletos, porque tanta lealtad con lo que uno quiere es la clave. La clave de tanta locura, la misma  que estimula el derecho a soñar y la misma que me invita a preguntarles: ¿no les parece que lo más importante es lo que ya ha pasado por encima de lo que pueda pasar, el hecho de que Bruno Hortelano haya sido capaz de reinventarse para volver a correr como si nada hubiera pasado? 

¿Quién duda de que todo esto ha sido tiempo invertido en vez de tiempo perdido? Será médico o será medallista olímpico en el futuro. Será lo que la vida quiera que sea, pero ¿cómo no vamos a creer en un tipo como él que a su edad ha descubierto lo esencial de estar vivos, ‘soy un peleador que cruza miradas con la mortalidad’?  Por eso no sabemos lo que perdió en estos 21 meses, y ya no nos interesa, pero sí sabemos lo que hemos ganado esta primavera en la que volvimos a soñar. Y en el viaje nos atrevemos a soñar con verle bajar de la barrera de 20 segundos en los 200 metros. El verano de 2016 ya sólo es un recuerdo empaquetado en la memoria que, si acaso, nos incita a creer aún más en Bruno Hortelano, a presumir de su fortaleza y a recortar distancias con esa cosa llamada perfección. ¿Cómo vamos a rechazar esa oferta? ¿Cómo vamos a cometer ese error? ¿Cómo vamos a perder esta oportunidad que nos ofrece un atleta español? Pero, sobre todo, ¿cómo vamos a olvidarnos algún día de esas enfermeras del Doce de Octubre, ‘calma, que todo va a ir bien’?   

@AlfredoVaronaA 

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