El farmacéutico que prepara el Mundial a los 54 años

El farmacéutico que prepara el Mundial a los 54 años

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Nicolás de las Heras es un asturiano que prepara el Mundial de 24 horas corriendo sin parar del próximo 26-27 de octubre en Francia. Hace una media de 180 km a la semana y no tiene miedo a los excesos. “El día que me llegué el declive no habrá problema. Sabré apartarme”.

Su padre, de 85 años, acaba de vivir una operación a vida o muerte. Su hija de 18 años se ha marchado a Madrid a estudiar Farmacia y, aunque es ley de vida, se la echa de menos en Avilés. Podrían ser cualquiera de los dos ideales para dedicarles esta aventura que viene, aunque también podría ser la hija pequeña, la de 14 años, la que corre en la Atlética Avilesina, la que, sin ser de las mejores, se vuelve loca de felicidad cada vez que mejora su marca (aunque sea sólo un  segundo).

Y el padre la ve y toma ejemplo, qué bonito esto.

El padre es Nicolás de las Heras, un farmacéutico de 54 años que trabaja en Grado (Asturias) que da 45 pulsaciones por minuto en reposo  y que el día que se tenga que poner una prótesis de rodilla, si es que llega ese día, no le pedirá disculpas al quirófano ni a los excesos que hizo corriendo: “Viví como quise vivir”, dirá.

Y se despertará volviendo a decir, “esto que viví fue un regalo”, como acaba de decir nada más terminar esta sesión de fotografías en la farmacia uniformado con el traje de la selección española.

Él, que a los 12 o 13 años empezó a hacer piragüismo, a entrenar seis días a la semana, a ser campeón de España C-2 por equipos o a darse cuenta de que con el esfuerzo se podían conseguir tantas cosas… Y él es Nicolás de las Heras, el hombre que empezó a correr a los 44 años y que hoy, a los 54, se refiere al amor propio como una parte más de su pasaporte.

Qué bonito, insisto. Porque de estas cosas también está hecha la vida.

Dicho esto, les cuento que hoy es viernes por la noche y que mañana Nicolás se levantará a las seis menos cuarto de la mañana con una obediencia suprema.  “Haré un entreno de 60 kilómetros junto a mi amigo Manu, el camino de Oviedo a Covagonda corriendo al 95% y, después, volveremos en tren. Volveremos a casa sobre las 5 o seis de la tarde”.

Pero es que Nicolás prepara una prueba extrema: el Mundial de 24 horas corriendo que disputará el 26 y 27 de octubre en Albi, la ciudad episcopal de Francia en la que lo primero que se me ocurre es pensar en la paciencia.

–  Si es casi imposible dormir 24 horas seguidas, no quiero ni pensar lo que debe ser aguantar 24 horas corriendo -le explico.

Pero entonces él, Nicolas de las Heras, rebate que no. Que ya no hay escapatoria. Que el año pasado ya corrió el Europeo de Timisoara (Rumania). Que fue cuarto y que se convirtió en el primer español en la historia en pasar de los 250 km en 24 horas y que se sintió en el olimpo de los dioses cuando llegó a la meta. Miró al cielo y cayó al suelo. Había dejado atrás  257,740 kilómetros, a una media de 5’33/km.

Después de escucharle, ya no hace falta que la ciencia me lo demuestre. “Sólo es la prueba de que puede hacerse”, argumenta él, “porque yo no tengo dos corazones ni tres pulmones”.

También le escucharé contar que, “excepto una vez para hacer pis”, no paró de correr ni una sola vez en las 24 horas. Y no fue fácil, “porque la última hora y media se hizo tan larga que no veía el final. No veía avanzar  los kilómetros y las piernas parecían arrastrarse”. Pero entonces no sólo se acordó de lo que él mismo dice siempre (“los límites del cuerpo humano están por descubrir”), sino también del mensaje que a primera hora de la mañana le había escrito Cova, su hija mayor, heredando la frase que él siempre les dice a ellas cuando tienen un examen. “Si está trabajado tiene que salir”, le decía la niña.

 Sonrió entonces Nicolás y se emocionó como sólo se emocionan los hombres que creen en lo que hacen. Y quiso pensar, “esto ya está hecho”, lo que tal vez le hizo infalible.

Fue importante. Para él, para Nicolás de las Heras, en realidad, todo esto es importante. Y eso es lo que importa.

Además, corriendo estas distancias, ha descubierto que nunca deberíamos dar la espalda a la esperanza. Que la vida nos regala momentos como ese padre suyo, de 85 años, operado de urgencia tras un aneurisma en la aorta al que ya daban por perdido y que hoy ya está en casa, en Avilés, donde ese mismo hombre llegó un día desde Riaza (Segovia) de hace muchísimos años para ganarse la vida. Montó en Asturias una tienda de ropa que fue un éxito.

Y no sería fácil. Pero está es la clave de la vida. Quizá es preferible que sea difícil, pero merécetelo. Y, en su búsqueda, Nicolás de las Heras hace una media entre 160 y 180 kilómetros a la semana. Y los disfruta. Y no se arrepiente. Y a veces se pega un baño en el agua fría de la playa de Salinas. Y lo compagina con un trabajo cara al público en la farmacia. Y con las guardias. Y con esas tres hijas, que ya son tres adolescentes. Y con una mujer, la suya que cuando le conoció a él, a los 32 años, nunca se hubiese esperado esto. “Me gustaba el deporte, pero no me gustaba correr”, explica.

Sin embargo, un día fue a una carrera de montaña y, a partir de ahí, ya nada volvió a ser igual.

Descubrió a ese habitante domiciliado dentro de nosotros que echó raíces en él: el amor propio.

Luego, el deporte ha transformado su cuerpo que, a los 54 años, está doce kilos más fino que el adolescente que marchó, a los 17 años, a estudiar Farmacia a la Universidad de Santiago de Compostela. Quería ser farmacéutico: nunca se sabe bien por qué. Pero desde 1992 regenta la misma farmacia junto a su hermana en Grado (Asturias), a 30 kilómetros de Avilés, trabajar de cara al público ya es parte de su personalidad, como correr o como vivir.

Al final, todo lo que nos gusta seguramente valga la pena. Pero lo importante es llegar a tiempo y hasta vivir tu primera concentración con los compañeros de la selección española a los 54 años como le ha pasado a él: Nicolas de las Heras.

Fue hace unos días en Segovia, donde se presentó diciendo: “Soy un joven de 54 años”.

Después, le vieron el entusiasmo con el que salía a entrenar y le guardaron el secreto. “Mi envejecimiento no empezó de golpe”, explica ahora. “Pero sé que el declive vendrá y no tardará. Pero entonces sabré apartarme y no me arrepentiré de lo que hice”. Y quién sabe cuál de sus tres hijas le escribirá el siguiente mensaje: el que volverá a convencer definitivamente a Nicolás de las Heras de que todo es posible.

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