Entrenar sin cabeza

Entrenar sin cabeza

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“Entrenar sin cabeza no sirve”. Ojalá hubiera tenido este mensaje algo más presente cuando entrenaba con mayor seriedad en mis tiempos mozos. Cuántos cientos de kilómetros habré hecho a lo largo de mi vida cual pollo sin cabeza, siguiendo las instrucciones de la adrenalina, o de las endorfinas, o de algún duende maligno. En una ocasión (bastantes más de una para ser sincero) fui a las pistas para hacer series de 2000, que era lo dispuesto en el plan por mi entrenador de turno, y al darme cuenta de que eso no era lo que me apetecía hacer, acordé con mis piernas que haríamos un par de miles a tope recuperando bastante. Cada vez que no me apetecía hacer algo lo substituía por series de mil, eran una especie de comodín. Además gozaba de una inmensa imaginación para encontrar equivalencias entre lo que tocaba y lo que me podía llegar a apetecer.

Sin embargo soy un tipo positivo y me veo en el compromiso de sacar la parte buena de aquel obnubilado comportamiento. Quién sabe si no me he convertido a día de hoy en alguien resistente a las lesiones por tener el cuerpo permanentemente expuesto a una intensidad física totalmente aleatoria. Tiene pinta de que no… pero dejadme soñar cual neohippie de pensamiento positivo.

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