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El periodista que llora de felicidad

Juan Botella, de 50 años, es el director general del maratón de Valencia. Una obra de arte que él, un fanático del atletismo, explica desde dentro y con una frase que vale por toda la conversación: “Por lo menos, tengo garantizado un día al año en el que voy a llorar de felicidad”.

 

“Por lo menos hay un día al año en el que sé que voy a llorar de felicidad. Y que el de Seguridad va a llorar conmigo”, explica Juan Botella (50 años) como metáfora de lo que representa el maratón de Valencia. Él es su director general y él, en realidad, es un periodista que ejerció hasta 2015.  “Pero entonces me surgió la oportunidad de organizar el maratón de Valencia”. Y desde entonces.  “Creo que en lo profesional me ha sucedido algo muy bueno. A veces, te preguntas que hago aquí como en el km 30 de un maratón. Pero el día de la prueba todo tiene sentido. Eso no se compra con dinero. Es lo que te hace funcionar”.

Valencia es el paraíso.
Correr por la calle Colón nunca será lo mismo que hacerlo por la Quinta Avenida de Nueva York. Pero cada maratón tiene su personalidad y nosotros hemos logrado la nuestra. Al final, un maratón es una ciudad. Hemos conseguido que Valencia cada vez se parezca más a un Major.

¿Y quién es Botella, su director?
Es una pregunta filosófica -sonríe-. Sí le puedo decir que el atletismo me ha cambiado la vida. Me eduqué escuchando a Gregorio Parra o a José Ángel de la Casa. Tengo párrafos grabados en la memoria de Ángel Cruz, Ignacio Romo, de Odriozola, de cuando escribía textos para ‘Atletismo español’, o de Toni Lastra, que es un tipo irrepetible.

Buena memoria. 
Le podría decir más. Recuerdo el 16 de julio del 85 cuando interrumpieron el telediario para dar los 1.500 de Niza en los que Steve Cram batió el récord del mundo de 1.500. Algo hizo clic en mí cabeza entonces. Y con 16 años quise correr un maratón. Y lo iba a hacer hasta que Toni Lastra me dijo, ‘no se puede, eres muy joven’. Y luego fui un atleta con afición y poco talento que en el verano de 1992 llegó a hacer 50’4 en 400 y 1’55” en 800 y vi que ya no podía más. Pero, a cambio, me quedé con la costumbre de correr y ya llevo 38 años corriendo. Ahora entreno para mí mismo. No me hace falta dorsal.

Dice que entrena para usted. 
Disfruto corriendo. Me gusta. Cuando corro me siento una persona mejor. No soy un místico. Pero siento que estoy en el camino correcto. Siempre que termino de correr siento que he llegado a un sitio mejor.

A la ducha, por ejemplo. 
O a saborear un amanecer o un atardecer. El cuerpo se reconcilia consigo mismo, y esa es parte de mi vida. En realidad, le quería explicar que correr me ayuda a ver las cosas con más lucidez.

¿Y el maratón de Valencia es el resultado? 
El maratón de Valencia es una suma de muchas personas. A veces la gente se equivoca de lo que es una organización. No somos banqueros ni extraterrestres. La mayoría somos felices corriendo y viendo correr. Nosotros no organizamos solo un maratón, sino muchos tipos de maratones. Los éxitos de nuestros corredores son nuestros éxitos. Es una prórroga a la carta de nuestra edad competitiva. Empatizas con los éxitos de tu vecino con sobrepeso, que termina un maratón en 4h30, o de ese turista italiano al que viste pararse para hablar con los voluntarios. Te sientes todas esas personas cada maratón. Luego, llegas a casa y te fijas en los tiempos de paso de gente que ni imaginas.

Entonces es usted una persona estupenda. 
No.Esto es temerario decirlo. Pero estoy volcado en el atletismo. Igual no soy una persona lúcida en otras áreas de la vida. Pero en el atletismo espero que sí. Es una manera de mantenerse vivo.

¿Existe el fracaso en el maratón de Valencia? 
Si. Los récords no se pueden batir eternamente.  Cada año vemos que hacemos muchas cosas mal. Todos aprendemos de eso y hacemos resúmenes que ocupan folios de lo que hay que mejorar, y así hasta el infinito, porque sabemos que no lo hacemos todo bien.

¿Y qué han aprendido? 
Que a veces por falta de valor no eres capaz de expresar lo que quieres y es una tontería callarse y ejercer el buenísimo, abrazarnos y mirarnos el ombligo. No, nosotros no somos así.

Valencia me genera envidia. 
Valencia es la ciudad de los valientes. Es la etimología que viene de los romanos y comprenderá usted que nosotros los valencianos no podemos ser objetivos. Estamos muy orgullosos de nuestra ciudad, que es una ciudad muy amable para correr. Y, claro está, que para todos sería un orgullo que nuestros hijos y nietos hablen en el futuro de Valencia como un lugar donde suceden cosas ligadas al atletismo. Dejar un poso histórico y que el nombre de la ciudad se asocie al atletismo.

¿No siempre será así? 
Vamos a intentarlo. Brigitte Bardot decía que cuando me enamoro siento que me enamoro para siempre. Luego, ocurrirá o no. Pero vamos a intentarlo. Y hemos pasado algunas pruebas como organizar el maratón en 2020 en plena pandemia en 2020. Valencia demostró entonces su capacidad de resistencia y ése es el espíritu de futuro. Su personalidad debe quedar en el imaginario como Nueva York, como Chicago, como Fukuoka….

¿Le queda a usted tiempo para bajar de las 3 horas en Valencia? 
Yo ya bajé de 3 horas en 2002 en 2h58 Es el único maratón que he corrido. Nunca he sido un buen corredor de fondo. Supongo que cada año será más difícil. Me hago mayor. También he hecho un pacto con mis articulaciones y eso me obliga a no hacer excesivos kilómetros semanales.

¿Qué prefiere: organizar o correr? 
Las dos cosas son estupendas. Ahora prefiero organizar y correr para mí mismo. Pero no solo el día de la carrera sino los días posteriores cuando veo en youtube tranquilamente las imágenes del maratón en casa. Es una manía que solo los que les gusta el atletismo pueden entender.

Un placer escucharle. 
Que te guste el atletismo es como enamorarse. Es como estar con la personas que quieres. Desde fuera no se puede ver igual. De verdad que doy gracias por trabajar en algo que me gusta tanto. Y mire que luego esto también es un Excel, un calendario, una gestión de personas en un 90 por ciento y a lo mejor sólo hay un 10% de atletismo que compensa, pero….

La suerte es que en Valencia sobran medios. 
La unión de Correcaminos con la ambición de Juan Roig ha construido una herramienta muy poderosa de organización. Tenemos suerte y no se nos olvida. Pero debemos demostrar que no somos hijos que terminan la universidad y que a los 30 años siguen en casa de sus padres. Debemos ganarnos la vida por nosotros mismos. De momento, ya hemos cumplido nuestra mayoría de edad.


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