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El hombre que llevará a Ana Peleteiro a la medalla olímpica

©Gordmann
Hablamos de Iván Pedroso, un mito de 48 años con su propia sala en el museo del atletismo. 9 veces campeón mundial, supo esperar ocho años su oportunidad en unos JJOO desde que apareció con 19 en Barcelona 92 por detrás de Carl Lewis, Mike Powell y Joe Greene en la longitud. 

Buenos días, señores. Bienvenidos al museo del atletismo. Hoy vamos a entrar en la sala reservada a Iván Pedroso. Un hombre de 48 años que vive en Guadalajara, donde dirige el destino de Ana Peleteiro, una de nuestras grandes atletas. Entre los dos preparan este verano el asalto a la medalla olímpica en Tokio. Tenemos motivos para creer, que es lo más necesario. El señor Pedroso ha convencido a Ana de que lo imposible es posible como demostró hace semanas en Polonia. “Tienes que creerte las cosas”, le ha dicho múltiples veces, “las cosas no pasan si tú no te las crees”. Los últimos cuatro años han sido la expresión más pura. Ana ha ganado al miedo. Todos hemos ganado al miedo, en realidad. Al verla a ella teníamos miedo de que esa frase tan maquiavélica se hiciese verdad otra vez. “De los medallistas junior solo triunfan en la élite un 30 o un 35%”.

Pero vayamos por partes y para seguir hablando del señor Pedroso pasamos la palabra a nuestra delegación en La Habana, donde celebraron tantos triunfos suyos.

– Así es, compañeros. En nuestra memoria Pedroso está a la altura de Sotomayor o de Juantorena. Le hemos escuchado decir múltiples veces que en los entrenos saltó más de una vez 9 metros. Debería tener el récord del mundo. De hecho, lo batió en Italia (8,96), pero malditos los jueces… El caso es que Ana no puede estar en mejores manos. Pedroso es el hombre que sabe esperar. A él le costó 8 años llegar a la medalla de oro olímpica desde que apareció en los JJOO de Barcelona 92. Tenía 19 años. Fue cuarto por detrás de Carl Lewis, Mike Powell y Joe Greene en el salto de longitud. Pero supo esperar y aprovechar su momento en Sidney. Supo conservar ese hambre de la que siempre habla él. No porque sea de nuestra patria pero no se nos ocurre mejor compañero de viaje para Ana Peleteiro a sus 25 años. El tiempo está de su favor. Pedroso no tiene mas que recordarle su propio ejemplo.

Tienes razón, compañero. El tiempo. Ahora vamos a ver que nos cuentan desde Asturias. Desde allí hace 21 años se puso tan contra las cuerdas a Pedroso.

– Ya lo creo, amigo. Ya lo creo. Nuestro queridísimo Yago Lamela acababa de saltar 8,56 en Maeshabi. Tenía que ser oro mundial sí o sí. Pero entonces en el último salto Pedroso sacó lo mejor de sí mismo: 8,62 en el momento más difícil. Fue lo que diferencia al mejor de los mejores. Esa lección aquí en Asturias nunca la olvidaremos. Nos recuerda que uno de los nuestros fue capaz de poner en jaque al mejor. Por eso en el último Europeo de pista cubierta con ese triple salto final de Ana encontramos tantos paralelismos con aquel día en Japón. Fue la metáfora de lo que a los demás nos parece imposible. Pedroso estaba en la grada y Yago ya no está aquí. Pero lo que hizo Ana Peleteiro fue la demostración de que la lección está aprendida, de que si el día de mañana Ana no llega a esa medalla olímpica de la que hablan ustedes no será porque no se sepa la lección.

Efectivamente, compañero. Al hilo de lo que cuentas aquí, en el museo, tenemos registrada una frase que le dijo el señor Pedroso a Paulo Alonso, periodista de ‘La Voz de Galicia’, que él mismo le dice a Ana acerca del precio de ser la mejor:

– Nunca habías pensado que irías a ‘El hormiguero’ o a ‘La resistencia’ y has ido. Pero si has ido no ha sido porqué tú seas simpática o por como hables, sino por tus resultados.

De hecho, ahora vamos a contactar con nuestra delegación en Guadalajara, donde Pedroso conoció a su mujer hace 12 años y estableció su campamento base.

– Así es, amigos. El Pedroso de ahora no es el de que han hablado ustedes. Es un señor más gordo y con menos pelo. Un señor entrenador que aquí ha aprendido a torear al frío de nuestra ciudad y que, efectivamente, ha montado un grupo de saltadores de primer nivel. Iván no es la alegría de la huerta. Pero es un hombre con las ideas descaradamente claras. Sus ojos enseñan el camino. Verle es aprender. Es un orgullo de que un hombre que ha ganado nueve Mundiales, !nueve!, lo veamos por nuestras calles o lo sintamos como a uno de los nuestros. Aquí entrenan en la pista Fuente de la Niña, al mismo tiempo que corredores populares. Pero lo que más nos impresiona, por encima de la calidad de sus atletas, es cuando se escucha a Pedroso hablar del hambre del atleta. Quiere atletas con hambre. Necesita a atletas con hambre. No se enfada pero lo dice en voz alta: “Los resultados son el árbol y todos esos resultados son el fruto de tanto sacrificio”.

Bonita frase, compañero. Y nos alegra que Ana Peleteiro sea una de las que la escucha. De hecho, es otro de los motivos que nos incita a creer en esa medalla olímpica. No vendemos humo.

Luego, si no la logra, no pasará nada. La vida va más allá de ganar o perder. Pero el hecho de que los motivos nos acompañen y de que nos insinúen, “mirar, amigos, hay posibilidades, no estáis locos”.

Y ya no sólo es eso, sino lo que ha significado Ana Peleteiro en estos últimos 4 años en la historia del atletismo español, desde el verano de 2017 cuando se metió por primera vez en la final absoluta de un Mundial. Fue en Londres. No olvidaremos esa tarde de sábado.

Aquel día Ana, nuestra apreciadisima Ana Peleteiro, nos recordó: “La vida me puso muchos obstáculos…, pero los límites los fijé yo”.

Y hubo un hombre, un hombre que todavía se mantiene ahí, el señor Iván Pedroso que le había ayudado a recuperar a la niña que fue campeona del mundo a los 16 años.

Y gracias a él Ana fortaleció su autoridad y volvió a entender que “una gota de agua puede romper una piedra no por su fuerza sino por su constancia”. 

A partir de ahí ¿qué quieren que les diga? ¿quién sabe lo que puede pasar este verano en Tokio?

Aguardamos sin miedo.

Dicho esto, muchas gracias por todo, compañeros, y hasta la próxima conexión.


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