El entrenador altruista

El entrenador altruista

2377
0
Compartir
José Luis Mareca ha formado un grupo de elite en Zaragoza (Abadía, Mayo, Chiqui…) pero nunca ha ganado dinero con el atletismo. A los 60 años, se sigue levantando a las 5:45 de la mañana para trabajar de calderero. “Eso me ayuda a recordar que el atletismo es mi devoción y que no se acabará nunca”.

No hay nada como escuchar: escuchar para aprender, escuchar para imaginarse en la piel de los demás o escuchar a José Luis Mareca, el entreno que hoy, precisamente hoy, ha ordenado a Toni Abadía. “Son tres bloques. El primero, 5×200 con un 1.000; el segundo, 4×300 con un 800 y el tercero 3×400 con un 600 y acabando con un 500 en 1’12” o 1’13″”. Un entreno que, en realidad, sólo suma cinco kilómetros en series. “Un entreno preparado para hacerse en progresión en el que, si se fija, las series cortas cada vez son más cortas y las largas cada vez más largas”. Un entreno en el que Abadía “solo hará la mitad con clavos y nunca recuperará más de 1’00”, destinado para un atleta que está preparando el 5.000 en el Europeo de Berlín y que ya se olvidó del invierno. “Entonces podíamos hacer 8 o 10×1.000 empezando a 2’58” y terminando a 2’40” o 2’42. Pero ahora, a falta de un mes, ya no hacemos esos volúmenes, ya no pasamos de los 6 kilómetros. Necesitamos afinar, necesitamos olvidarnos de los grandes kilometrajes. Necesitamos pensar en los últimos 300 o 400 metros de la carrera”. 

Así es el método de José Luis Mareca, el hombre de 60 que empezó a correr a los 12 años y duda que fuese un mal atleta. “Fui subcampeón nacional de fondo que entonces eran 30 kilómetros y en maratón llegué a ser cuarto clasificado en un campeonato de España”. También memoriza que llegó a hacer “2h20’26” en maratón, 1h06′ en media y 30’00” en 10.000″ lo que tuvo su mérito. “Siempre tuve un trabajo físico, en el que cargaba mucho peso, desde que empecé a trabajar de calderero en la fábrica en el año 1972”. Hoy, a los 60 años, todavía trabaja pero no ha dejado el atletismo. “Nunca me he hecho esa pregunta de si dejaré el atletismo algún día. No sé si sabría hacerlo. A los 22 años, empecé a entrenar a gente en actividades extraescolares en los colegios. Desde entonces, he tenido varios grupos. Supongo que habré entrenado en total a unos 100 atletas lo que no son muchos ni pocos. Pero a todos les tengo que agradecer algo, a los que corrían más rápidos y a los que corrían más lento. Gracias a ellos, no he dejado de aprender desde que me saqué el título de monitor de atletismo. Tenía 18 años y, sin embargo, parece que fue ayer. Pero esto es el día a día. A veces, uno no se imagina la edad que tiene”. 


“Hay gente que sí me ha preguntado por qué. Me han preguntado: ‘¿por qué si tú no te ganas la vida con el atletismo?”

El tiempo, precisamente, es lo que rellena esta historia que hoy culmina en Toni Abadía. Pero sería imposible de relatar sin lo que ocurrió ayer. “No sabría describirme como entrenador sin los ‘Cuadernos de atletismo’ de antes”, relata Mareca. “Aprendí muchísimo leyéndolos. Aprendí muchísimo de todas aquellas charlas que tuve con Alfonso Ortega, que fue mi entrenador, o Gregorio Rojo, el hombre que llevó a Abascal a la medalla de bronce de los Juegos de Los Ángeles 84. Al fin y al cabo, es lo que decía usted al principio. Si no escuchas no aprendes”. De ahí su infatigable deseo por hacerlo. “Siempre recordaré el día en el que Gregorio Rojo me abrió los ojos. Yo estaba acostumbrado a no hacer nada en vacaciones y él me convenció de que los atletas tienen que hacer algo, incluso, en vacaciones porque sino le estás dando una ventaja a los rivales que luego te va a costar recuperar. Pero es que esto es lo que significa ser atleta. Ni siquiera en vacaciones puedes dejar de serlo lo que no significa que tengas que machacarte. Pero hay que hacer algo. Siempre hay que hacer algo como decía tantas veces el maestro Gregorio Rojo. No lo he olvidado nunca”. 

Hoy, efectivamente, Mareca es el reflejo del pasado. “El pasado no me lo enseñó todo, pero me ayudó a llegar hasta aquí. Mi propio caso. Es más, le puedo decir que todo lo que yo hacía como atleta me ha valido con mis atletas entre otras razones porque yo perdí muchas carreras al final y eso me hizo recapacitar. Me hizo preguntarme muchas veces, ‘¿cómo ha sido posible?’ y nunca he querido que esto les sucediese a mis atletas. Por eso les preparo siempre con la idea de que las carreras se deciden en los últimos 300 o 400 metros y ese mismo entreno, que Toni Abadía va a hacer hoy, está destinado a eso, a realizar las series en progresión y a que la última siempre sea la primera. Porque ahí está tantas veces la diferencia entre ganar y perder. Máxime con atletas de la calidad de los que tengo yo hoy en día que te ofrecen esa posibilidad. Entonces no dejo de recordarme a mí mismo que tengo que darlo todo por ellos”. La conclusión es que este hombre es inseparable del atletismo. 


“Se entiende que esté deseando llegar a la pista a poner el cronómetro, a evaluar a mis atletas, a soñar a su lado”

“Al final, sí. He podido tener mis baches. No lo niego. He podido tener mis momentos de escepticismo en los que no me he sentido suficientemente valorado, pero al final uno siempre ha vuelto”, añade José Luis Mareca al que no le hace falta preguntarse por qué. “Hay gente que sí me ha preguntado por qué. Me han preguntado: ‘¿por qué si tú no te ganas la vida con el atletismo? ¿por qué si tú eres un entrenador casi altruista?’ Pero, precisamente, esto es lo que he ha permitido distinguir entre la obligación, que es mi trabajo para ganarme la vida, y la devoción, que es esto. Quizá no se pueda explicar con palabras. Quizá también haya tenido suerte porque en mi casa se respira este ambiente y se me entiende. Nadie me recriminó nunca nada. Mi mujer fue campeona de España de maratón. Todo eso es algo que, si se traslada a mi día a día, se entiende que esté deseando llegar a la pista a poner el cronómetro, a evaluar a mis atletas, a soñar a su lado, porque soñar también es importante: el atletismo no sólo nos invita a cambiar el ritmo. También nos invita a soñar y, para mí, eso es muy importante. A mi edad no he perdido esa capacidad”.  

 Todo esto en un hombre que cada día se levanta a las 5:45 de la mañana para ir a trabajar y que incluso en verano trabaja con hierro fundido, “con lo que se suda”, ahí en la fábrica, cada día al pie del cañón. Pero, a partir de las tres de la tarde, cuando sale de trabajar, siempre nos quedará algo importante: el romanticismo. “Se puede ver así, sí. Yo ya se lo he dicho. Pero, sobre todo, es una forma de vivir, de ocupar tu tiempo libre la de ser entrenador: uno no tiene porque protestar porque no se pueda ganar la vida con esto. No se puede y ya está. Lo inteligente es aceptarlo. Y lo acepté hace muchos años. Pero entonces me di cuenta de que mi pasión no tenía por qué acabarse. Y eso que el atletismo me ha hecho madrugar, me ha hecho trasnochar y hasta me ha dejado noches sin dormir. Todavía recuerdo esos viajes para ir a competiciones volviendo de madrugada para entrar a trabajar al día siguiente, porque uno no siempre podía pedir permiso… Pero ahora, que estoy haciendo balance, me gusta contarlo. Me gusta que haya pasado el tiempo y que yo todavía siga aquí. No era fácil imaginarlo cuando empecé a correr a  correr a los 12 años”. 

 Sin embargo, esto no implica que presuma de los atletas que lleva, porque no sólo es Toni Abadía. También es Carlos Mayo o Chiqui Pérez que se ha unido este año al grupo. “No hay que presumir, porque al fin y al cabo todo forma parte del trabajo y hasta de la suerte, no vamos a engañarnos. Abadía, que ayer cumplió 28 años, vino a mí con 16… Mayo, con 18 recién cumplidos… Y se dio la circunstancia de que tenían unas cualidades y de que disfrutaban con lo que hacen y de que aceptaron mi ayuda. Pero eso no implica que yo sea mejor entrenador. Al contrario. No me preocupa eso. Siempre he pensado que soy mejor persona que entrenador. Pero, a lo mejor, después de tantos años entrenando, también es posible de que me mereciese atletas de esta categoría, no digo que no. Por eso es imposible que ahora pueda cansarme o pensar en lo económico. El mero hecho de ver cómo le saldrá hoy a Toni Abadía ese entreno del que hablábamos al principio ya me tiene en vilo, porque el Europeo de Berlín está tan cerca y es tan importante para nosotros…”, relaja Mareca, tal vez el espejo de los hombres que nunca dejarán de ser entrenadores.   

@AlfredoVaronaA 

Compartir

Te puede interesar...

Deja un comentario