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DEAD FLOWERS

He soñado con flores muertas. Dicen que soñar con flores muertas simboliza decepción y situaciones tristes. No soy para nada supersticioso, no tengo manías ni en la vida ni en las carreras, así que no me creo nada de esto. Precisamente el sueño ha coincidido con días de mejora, así que hoy lo veo todo “de color de rosas”.

A los corredores nos gusta quejarnos, disfrutamos teniendo cualquier motivo para comentar que no estamos bien. En los blogs siempre vemos más entradas de excusas que de éxitos. En el fondo somos unos “tapados”, no hay nada como decirle a los amigos que hemos sufrido una cantidad de desdichas y luego ganarles en las carreras. Sólo a la élite les gusta demostrar su superioridad para intimidar al rival. Nosotros tenemos poca capacidad de intimidación, somos populares. Preferimos escondernos. El runner popular mortal prefiere esconder sus cartas y sacarlas sólo cuando suena el pistoletazo de salida. Por eso un dolor, una gripe o un accidente de coche, son motivo de alegría para el corredor popular. Eso sí, siempre que no sea exagerado y te deje en el dique seco unos meses. Mientras haya mejora, bienvenidas son las desdichas, así el amigo, el compañero de trabajo o el vecino se confían.

En mi caso, todo lo que he arrastrado desde la última maratón del 20 de Enero, se ha convertido en “oportunidad”. El cuello después del accidente ya está bien, no lo noto. Que no lo note no quiere decir que haya perdido la cabeza, sino que ya no duele. La gripe de caballo ha mutado simplemente en mocos y algo de tos, lo cual es soportable al entrenar. El dolor constante en el isquio derecho casi ha desaparecido y no duele al correr. Las sensaciones de falta de fuerza que siempre tenemos al acabar una maratón se diluyen. Todo son buenas noticias.

He ido de menos a más esta semana, como corren los campeones. Algún día correré una maratón de menos a más, hasta ahora nunca he podido, me asusta perder mucho tiempo en la primera mitad que nunca recuperaré en la segunda por el propio peso de los kilómetros en las piernas. El objetivo de esta semana de recuperación era únicamente acondicionamiento aeróbico y dejar que el organismo curara cualquier tipo de daño orgánico y muscular. Así lo he hecho.

A pesar de todo, me han salido casi 50 kilómetros esta semana. No es mucho, pero es adecuado para lo que quería conseguir. El martes corrí 10 kilómetros con malísimas sensaciones, la gripe reinaba en mi organismo y el isquio se quejaba todo el rato. El jueves subí un kilómetro más, pero las sensaciones aún eran malas. Ritmos “cochineros” por encima de 5 min/km era lo que entendía mi cuerpo por “darlo todo”.

Pero el sábado ya pude hacer 12 kilómetros a 4:53 min/km, lo cual es ya un ritmo digno para mí. Cuando estamos hundidos y el cuerpo no responde por lesión, gripe o lo que sea, tenemos tendencia a pensar que vamos a estar siempre en esa situación. Los runners somos muy dados a la tragedia. Pero de todo se sale y siempre salimos.

Y para santificar el domingo como buen corredor, había que hacer algunos kilometrillos de más y ver cómo me sentía. En total quince kilómetros, lejos de encontrar la sensación de fluidez que todos buscamos, pero buen rodaje al fin y al cabo. He vuelto, ahora ya estoy listo de nuevo para afrontar nuevos retos. Ah, y sigo sin creer en la interpretación de los sueños.


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