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Cuando no firmábamos la derrota

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“Si al talento de los 19 (mérito de los padres) le sumas mucho trabajo y vida ordenada (mérito del deportista) tienes un atleta de élite”. Juan del Campo, entrenador.

A veces, Sebas Martos, que este año vino a entrenar a Madrid, le pregunta a Berlanas cómo era posible en los 3.000 obstáculos de su época. Berlanas es hoy un hombre de 45 años, vegetariano, maravillosamente cuidado, con un currículum que es plata de ley en la distancia. Incapaz de olvidarse de aquellos Juegos de Sidney o de Atenas de la era moderna en los que él o Eliseo Martín plantaban cara a los africanos como si hubiesen nacido en Kenia o Etiopía. De ahí queda el orgullo, que cada día que pasa fortalece una nostalgia que tampoco se niega a recordar que entonces los inviernos eran una verdadera tortura para Berlanas.

Los veranos tardaban años en llegar para él, que padecía de los tendones de Aquiles. No había casi ningún año que no sufriese alguna cirugía y que no jugase contrarreloj. Pero él tenía ese arte o esa paciencia. Todavía recuerdo aquella vez en la que me contaba que había entrenamientos en los que pasaba hasta tres horas y media en la bicicleta elíptica. Entonces simulaba sin impactos uno de esos circuitos de la Casa de Campo que en invierno son ley. Porque en su época ya no se entendía el reposo total: la recuperación del atleta tenía que ser activa. Y si había alguien que pudiese dar una clase práctica, ese era Berlanas en el Inef de Madrid: un atleta con una cabeza prodigiosa en la competición y en la vida en la que se desplazaba en un modesto Opel Astra que se compró con los beneficios que sacó invirtiendo en Bolsa. Fue un maestro desde muy joven.

Hoy, la cabeza de Martos también marca diferencias: lean su Twitter y se ahorra tiempo. Hasta tiene los aquiles más sanos y mejores medios que Berlanas que, junto a Juan del Campo, es su actual entrenador. Un dúo en el que sobra vocación y no falta cultura. Del Campo es profesor de la universidad autónoma. Siempre he pensado que escucharlo es creer en él. Sin embargo, no hay manera de que Martos, el jefe de los 3.000 obstáculos en España, pueda  acercarse, como hacía Berlanas en su época, a los mejores del mundo. Ni siquiera a un atleta como Ezequiel Kemboi, la leyenda keniata, que ya no es ni sombra de lo que fue. Y la caída de ayer no es la razón porque en ese obstáculo, en el que fue a tropezar, la carrera ya tiraba en contra suya. La sensación es que el daño sólo lo anticipó todo de manera cruel. La injusticia no avisa pero tampoco miente.

La diferencia, en realidad, es escandalosa. Es difícil resumirla sin hacer daño. Pero no se puede atacar el trabajo de entrenadores o la obediencia de los atletas. Es más, si queda alguna duda del pundonor de los nuevos tiempos, la fotografía de Sebas Martos, terminando la carrera de hoy, al precio que fuese, acaba con ella sin errores. Así que la única manera que se me ocurre de terminar este debate es esa frase de Juan del Campo,  que vale para toda la vida: “Si al talento de los 19 (mérito de los padres) le sumas mucho trabajo y vida ordenada (mérito del depirtista) tienes un atleta de élite “. Y entonces a mí,  sinceramente, solo me queda pensar que la genética del Martos de hoy no es la del Berlanas de ayer. Y contra eso es prácticamente imposible luchar.

@AlfredoVaronaA 


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