Consejos para prevenir una ‘epidemia runner’

Consejos para prevenir una ‘epidemia runner’

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Que si el Apocalipsis que vaticinan los mayas, que si una futura invasión zombie que recorre ya Estados Unidos, que si un No-digas-que-es-un-rescate –mejor- llámalo-secuestro. Nada, ni por asomo nada de esto está causando tanto pavor en la sociedad que la temible, y ya inevitable, epidemia runner. Si ya en el capítulo anterior procedimos a hacer un análisis concienzudo para comprender en que consistía esta terrorífica lacra que asola a tres de cada dos familias, hoy toca ofrecer algunos consejos y medidas preventivas para evitar que la enfermedad se propague y vaya a peor. Sí, es como criar a unos gremlins, adorables al principio, infernales si se te van de las manos. NOTA para ti, runner: Por tu salud mental, la de la gente que te rodea y la estabilidad del euro: CÓMPRATE UNA GRABADORA.

 Medidas preventivas

– Jamás se te ocurra celebrar una comida con amigos si alguno de ellos va a acudir tras haber disputado una carrera. Tendrás aperitivo, primer y segundo plato, postre y sobremesa MO-NO-TE-MA. Y cuando lo hayas despachado y estés cenando tranquilamente intentando superar el trauma que te ha generado la discusión sobre las virtudes del pronador enfrente al supinador, te colgará algún argumento de peso más vía facebook.

– En tus conversaciones evita cualquier frase echa tipo “el que no corre vuela”, “más vale tarde que nunca”, “salí pitando” o “corre que se las pelas”. Es una invocación a que desaten el Satanás runner que llevan dentro.

– ¡Alerta! Si se te presentan sudorosos y con la cara desencajada, sal huyendo. Quizá nos equivoquemos y vengan de haberse metido una fiesta (algo mucho más saludable para tu estado psicológico, ya que el afectado lo que buscará será un lugar donde yacer muerto, no tu atención), pero con estas cosas nunca hay que arriesgar. Pon cualquier excusa para pasar la jornada fuera y no vuelvas hasta que te asegures completamente que se ha desfogado, como mínimo, con media docena de personas, que es cuando el ente comienza a recobrar su forma humana.

 El mini-boicot como medicina

-Una lavadora con un mal programa siempre hace milagros. Preferible que ésta se encargue de encoger la ropa más que de desteñirla, porque con los colores que llevan algunos hasta incluso les puede gustar el resultado que vomite tu electrodoméstico.

– También es eficaz la creación de una agenda de actos ineludibles que curiosamente siempre caigan en días de competición, para que así no pueda ir a disputarlas. El tostón de las bodas y bautizos, las interminables jornadas de comida familiar, el after ese tan chulo de domingo a las siete de la mañana, ese desastroso concierto de acordeón de tus vástagos (ah, ahora te lo comes, no haberlos apuntado para fardar con el vecino) … Las posibilidades son tan extensas como agenda social tengas.

-Otra forma de boicotearles es prepararles deliciosas comidas que calóricamente puedan alimentar a una manada de elefantes (si para esa época nuestro monarca ha dejado alguno vivo). Con eso conseguirás que pierda la forma y esté más cerca del retiro. Si aun así ves que cuesta quitarle de encima esa mala idea de correr, una zancadilla involuntaria a partir del cuarto peldaño de la escalera, puede acabar servir de estocada definitiva.

– Pero cuidado con según que iniciativas. Por ejemplo, motivar a sus enemigos a correr para desanimarlo puede ser contraproducente. Por tres razones: a) puede vender y vociferar más alto sus victorias, b) dramatizar y llorar aún más sus derrotas, o c) el subidón de adrenalina pos carrera los vuelve íntimos, lo que significa que tendrás doble ración de batallitas. No va a dejarlo, de eso olvídate. Lo mejor que puedes hacer es reconvertirlo poco a poco. O sea, que pase de la mortal actividad deportiva a la más saludable acción de hacer de seleccionador virtual en el sofá con una tele delante.

Primera entrega:¡Peligro! Epidemia runner · Segunda entrega: Consejos para prevenir una ‘epidemia runner’·Tercera entrega: Epidemia Runner,asalto final

@davitjg

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2 Comentarios

  1. El caso es peor si vas con tus colegas a desayunar tras haber hecho los tres una carrera. Es un gallinero de historias épicas en carreras llano, llano, llano…

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