¿Cómo se ha convertido España en una potencia mundial en triatlón?

¿Cómo se ha convertido España en una potencia mundial en triatlón?

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EFE
Tres campeones del mundo, 5 triatletas a día de hoy entre los 25 primeros del mundo y otros éxitos sitúan a España como gran referencia de la distancia olímpica a nivel mundial

En 1994, nadie sabía qué era el triatlón en el pueblo gallego de Ordes. Ese mismo año, un chico del pueblo se fue, sin hacer ruido, a vivir a Compostela, a poco más de media hora de coche, con su entrenador. La valentía del joven y la ilusión del entrenador habían decidido que serían campeones del mundo de ese deporte que todos desconocían en Ordes. ¡Tal osadía!

Desde aquel día hasta hoy, España se ha convertido en una de las grandes potencias del triatlón mundial, en particular en la distancia olímpica (1.500m de natación, 40km de ciclismo, 10km de carrera a pie) y en categoría masculina. Son hoy nada menos que cinco los triatletas que se encuentran entre los 25 primeros del mundo, dos de ellos campeones del mundo; en cinco ocasiones, Javier Gómez Noya, y por partida doble, Mario Mola. ¿Cómo se ha logrado llegar hasta aquí?

Aquel descaro (supuestamente) ingenuo de Iván Raña y, su entrenador, César Varela rompió los esquemas de triatlón que había en España. Se enfrentaron con medios modestos y sin ningún tipo de complejo a la élite de un deporte joven, que había estado dominado hasta aquel momento por el mundo anglosajón, y que encaraba su debut olímpico de Sydney 2000. ¿Por qué no vamos a poder ser nosotros también campeones del mundo?, se preguntaban sin complejos ante el escepticismo ajeno.

El mito Iván Raña, pionero del triatlón en España

“Ese día en Cancún puede ser considerado como el mito fundacional del triatlón en España”

Así llegaron a las arenas doradas de Cancún en 2002 para demostrar, como dijo el técnico Varela en su día, “que no hay más límites que los de Mr. Newton con sus leyes físicas; porque las limitaciones mentales y de trabajo ilusionado, simplemente no existen”. Iván Raña remataba la faena en equipo orquestada por el entonces director técnico de la Federación Española de Triatlón (FETRI), Andreu Alfonso. El gallego cruzaba la línea de meta destrozado por ese esfuerzo extenuante, en el calor húmedo de Cancún, con el que lograría que todos en Ordes supiesen qué es el triatlón; el campeón del mundo era de su pueblo. Ese día puede ser considerado como el mito fundacional del triatlón en España.

A la sombra y amparo de la figura cada vez más reconocida de Iván Raña, crecía, en palabras del ordense “la última evolución del ser humano”, Javier Gómez Noya. Raña compartía sus entrenamientos, sus secretos, y Gómez Noya accedía así al complejo código secreto que Iván Raña junto a César Varela había descifrado para convertirse en campeón del mundo y dominar la escena mundial hasta 2004.


“Al calor de los éxitos de los dos campeones gallegos, el triatlón explotó definitivamente en España”

La generosidad de Raña también formaba parte de ese conocimiento que Gómez Noya transmitiría por su parte a los nuevos talentos. La herencia de esa relación se ha ido prolongando en el tiempo. Raña también le enseñó a Mario Mola en sus inicios aquella senda que él había abierto a machete hacía ya años. “Lo que a mí me ha llevado aprender 15 años, él lo puede aprender en dos”, decía cuando compartían entrenador y entrenamientos, camino de los Juegos de Londres. El bicampeón del mundo mallorquín seguiría aprendiendo con Gómez Noya. Tras compartir tres podios en el mundial, Mola tomaría su relevo en 2016 sin dejar de rendir pleitesía y admiración, incluso en sus mayores victorias, a su hoy también buen amigo personal. El mallorquín no hacía sino reproducir la elegancia y el reconocimiento que el cinco veces campeón del mundo, Gómez Noya, ha tenido siempre hacia Iván Raña, pese a que su relación personal no siempre ha sido un camino de rosas.

Al calor de los éxitos de los dos campeones gallegos, el triatlón explotó definitivamente en España en la segunda mitad de la década pasada. Surgían las primeras escuelas de triatlón, aumentaba el número de pruebas y la calidad de las mismas, y se creaban secciones de triatlón en los centros de tecnificación deportiva autonómicos. La popularidad crecía, los resultados no paraban de llegar. Las mujeres también contribuían con el diploma olímpico de Ana Burgos en Atenas 2004, el de Ainhoa Murua en Londres 2012, o los numerosos podios en Copa del Mundo de Pilar Hidalgo. Eneko Llanos acariciaba la victoria en la meca del triatlón, el Ironman de Hawaii, con un podio.

Detección de talentos

Mientras tanto, la FETRI venía desarrollando el Programa Nacional de Tecnificación Deportiva (PNTD), es decir, un esquema de detección de talentos, que ha sido “determinante” para conseguir que la generación de Mola reine hoy en el triatlón mundial, en palabras de Iñaki Arenal, director técnico de la FETRI. Fernando Alarza, Vicente Hernández, Uxío Abuín y Mario Mola formaron parte del PNTD.

“Por resumir, el éxito llega porque España tiene un modelo vinculado a dos cuestiones: El Programa Nacional de Tecnificación, que empieza en la detección de talentos, y la integración de este proyecto con todas las Federaciones Autonómicas y todos los estamentos [entrenadores, deportistas] del triatlón”, explica José Hidalgo, presidente de la FETRI. Según Hidalgo, esta es la clave de que España sea potencia mundial del triatlón, porque “tenemos un modelo muy claro que hemos implementado durante muchos años”.

El programa de detección de talentos “sigue realizando su labor con los cadetes y juniors, futuros deportistas internacionales”, explica Arenal. El director técnico asegura que “cada año se mejora la participación en las tomas de tiempo [pruebas de natación y carrera a pie por separado] y los resultados en los test en diferentes concentraciones a lo largo del año”, que forman parte de las actividades del PNTD.

El rol de las federaciones autonómicas

Las federaciones autonómicas han tenido por su parte “un papel fundamental”, dice el presidente de la FETRI, en la puesta en práctica el Plan de Tecnificación Deportiva y las tomas de tiempo, desde donde “nace todo”, según Hidalgo. El Plan de Formación de Técnicos y la promoción del deporte escolar también corren a cargo de federaciones autonómicas como la Fegatri, la de Galicia, que ha sido pionera en muchos aspectos, en particular, en la organización del deporte de base.

La Fegatri es un buen ejemplo de la “apuesta firme” de las federaciones autonómicas con el alto rendimiento. “El objetivo principal es buscar fórmulas de apoyo especialmente en la iniciación a la competición internacional, que es precisamente donde los deportistas tienen mayores dificultades por falta de recursos principalmente económicos,” cuenta Luis Piña, vicepresidente y director técnico de la Fegatri.

“Hoy en día, muchos de esas jóvenes promesas se han convertido en triatletas consagrados que optan por puestos de honor en diferentes modalidades tanto de larga distancia como olímpica”, dice Piña.

Entrenadores y clubs

Uno de los beneficiados de este sistema ha sido Antón Ruanova, el triatleta gallego que lucha por estar en Tokio 2020 representando a Brasil, y que también se abrió al triatlón directamente de la mano de César Varela y siendo testigo de los primeros pasos de Raña en persona. Ruanova situaría no obstante el impacto de tener campeones mundiales en un segundo nivel de trascendencia. Según el gallego, la “cantidad y calidad de los entrenadores que hay en España, que son muchos y muy bien formados” es el factor primordial del éxito. La intuición de Ruanova la corroboran los datos de la FETRI, según los cuales España es el país de todo el mundo que más técnicos tiene formados en todos los niveles, “gracias en gran parte a la promoción y celebración de eventos que se ha hecho desde las federaciones autonómicas”, dice Hidalgo.

“Desde fuera uno podría pensar que el dinero es la clave, pero yo veo aquí en Brasil, donde hay mejores premios económicos, que solo con dinero no brota el talento”, añade el triatleta gallego. La capilaridad de clubs y escuelas en España contrasta para él con la escasez en el gigante sudamericano. “En Brasil no hay apenas clubs, hay “asesorías deportivas” privadas. Los clubs, que carecen de ánimo de lucro, se pueden permitir precios adecuados para tener escuelas de niños o tener convenios con los ayuntamientos”, explica Ruanova.

En la misma línea, Piña cree que “la existencia de clubs que trabajan con los menores, las cualidades excepcionales de los deportistas y el apoyo incondicional de la federación a su formación y desarrollo pueden ser los grandes culpables” del éxito.

¿Y las mujeres?

“Supongo que es la pregunta del millón”, dice Luís Piña. Pese a sus éxitos, “quizá no han sido tan brillantes como la categoría masculina”, reconoce Iñaki Arenal, que cree que la diferencia de resultado pueda deberse a un “problema de generaciones”. No obstante, el triatlón, como recuerda el director técnico de la FETRI, se ha definido por la igualdad desde sus orígenes y las mujeres son partícipes exactamente de la misma manera que los hombres. “En los últimos años además se busca situaciones especiales con ellas al trabajar en una concentración particular al año dentro del PNTD, y también tienen programas en uno de nuestros mayores valedores como es Iberdrola tanto a nivel de competición como de desarrollo, y pensamos que con ello conseguirán que lleguen los resultados más importantes”, cuenta Arenal.

Posiblemente en el momento en el que no tengamos necesidad de hacer campañas del tipo “mujer y deporte”, sea también un punto clave para el rendimiento femenino”, razona Piña, quien cree que “las cadetes, junior y sub23 darán un buen relevo generacional a las presentes”.

Compañerismo

A la espera de una campeona del mundo que complete el éxito del triatlón español, una imagen de derrota sirve paradójicamente para resumir la esencia del éxito del triatlón español: la llegada a meta de Gómez Noya y Raña, en los puestos 40º y 41º, en el Campeonato de Europa de 2011, celebrado en Pontevedra. Con flato en la carrera a pie y tras el juego sucio que sufrió en el agua, Gómez Noya pensó en retirarse. Pontevedra, su ciudad de adopción, se había echado a la calle para ver a su ídolo disputar el cetro europeo contra sus archienemigos, los hermanos británicos Brownlee. Raña, que tampoco tuvo su mejor día, llegó por detrás y le susurró a Gómez Noya, “vamos, hazlo por esta gente”. Los dos trotaron juntos hasta meta donde se fundieron en un abrazo tan simbólico como la mejor de sus victorias.

Su ejemplo ha fraguado una forma de hacer las cosas reconocida en el circuito mundial por su elegancia, generosidad, respeto mutuo y compañerismo, que se ha transmitido de unos a otros, y que quizás haya sido la clave para que hoy el triatlón en España se sitúe entre las grandes potencias a nivel mundial.

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