“No ir al Burger King marca la diferencia”

“No ir al Burger King marca la diferencia”

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chiqui perez
Comía lo que le apetecía hasta que descubrió su intolerancia a alimentos que machacaban su estómago. Hoy, a los 30 años, Juan Antonio Chiqui Pérez acaba de hacer historia en el atletismo: bajar de 1 hora 1 minuto en media. Pero la diferencia es que hoy ya no deja ni una cucharada de miel al azar.  

Esta es la historia de un chico de pueblo que volvió a vivir a su pueblo: Carrión de Calatrava (Ciudad Real), donde se ha comprado una casa de dos plantas. Hizo bien. En ninguna otra parte podía ser más feliz. Pero esta también es la historia de un atleta que hacía lo que le apetecía. A la hora de comer y de vivir: Juan Antonio Chiqui Pérez, un tipo con cara de buena persona que, a los 30 años, ya no deja ni una cucharada de azúcar al azar. Ahora,  ya difícilmente le verán cenar en un Burger King o en un Telepizza. El desafío al maratón ha cambiado su vida. Gracias a él descubrió lo que necesitaba para hacer  historia. Y, pase lo que pase, en el viaje ya ha sucedido algo extraordinario: ha bajado de 1 hora 1 minuto en media. Ha demostrado que en 2013, cuando arriesgó en curarse todo el dinero que tenía para volver a ser atleta, llevaba razón. “He sufrido mucho para llegar hasta aquí”, explica hoy.

Siempre he pensado en usted como un obrero del atletismo.
He sufrido mucho para llegar hasta aquí. Soy de un pueblo de Ciudad Real en el que, excepto mi hermana y yo, casi nadie corre, un pueblo en el que los inviernos son muy duros y, sin embargo, yo aquí estoy muy a gusto y por eso he vuelto a vivir aquí …, y es verdad que, sí, le doy mérito a todo lo que ha pasado. Nadie me regaló nada.

Nadie nos regala nada por lo general.
No, eso está claro. Pero lo que quiero contar es la diferencia de donde estaba… Yo fui un atleta junior que llegué a ser internacional. Pero en 2013 no podía correr ni veinte minutos. Tenía un problema en la rodilla que me dolía mucho. Me repercutía en todo el cuerpo. Nadie sabía decirme lo que tenía y todo lo que ganaba trabajando me lo gastaba en médicos, en fisios, en ir de un lado a otro.

Trabajaba usted.
Sí, claro, porque de algo hay que vivir. Trabajaba en una tienda de deportes de Ciudad Real, en Sprinter. Pero no quería dejar de ser atleta y por eso sólo sé yo lo que lo intenté hasta ese día que me dijeron que fuese a un médico, el doctor Francisco Javier Hidalgo, ‘ve porque es muy bueno’. Me acuerdo que yo contesté, ‘sí, muy bueno como todos’, pero fue salir de su clínica y ver todo de manera diferente, entender que iba a volver.

Y volvió.
Y volví, sí, claro.

¿Sabía usted que tenía tanta clase?
Sabía que se me daba bien correr. Sabía que podía hacer algo. Hablaba con atletas y me decían los kilómetros que hacían o lo que se cuidaban ellos y entonces pensaba ‘Chiqui, no tiene nada que ver con lo que haces tú, haces lo que te apetece, te tomas una Coca Cola con una tapa a cualquier hora y si luego hay que ir al Burger King o al Telepizza vas’. Y entonces me pregunté a mí mismo: ‘¿por qué no empiezas a hacer las cosas como las hacen los demás?’

No sabía eso de usted.
Pues así era, sí, no ponía la atención que pongo ahora, podía salir a entrenar a cualquier hora. Pero ahora he entendido que no se puede ser así, que no ir a un Burger King para un atleta, al final, marca diferencias y, ¿sabe por qué fue?, porque este año me hice un test de intolerancia a los alimentos para intentar explicar cosas que pasaban dentro de mí y que no entendía porque pasaban.

¿Qué pasaba?
Me encontraba muy hinchado. Me salieron, incluso, manchas en la piel. Me levantaba muchos días con pesadez de estómago. Sonaba el despertador y me sentía cansado. Me preguntaba: ‘¿cómo es posible si has dormido diez horas? ¿a qué se debe esto?’ Pero en el test dio que yo tenía intolerancia al huevo y muchos de esos días en los que me levantaba mal, había cenado una tortilla de patatas que me preparaba mi madre con huevos de gallina del pueblo. Así que, desde que pasé  el test, no lo he vuelto a tomar y ya no me pasa.

Chiki Pérez, entrando por la línea de meta en Valencia / Medio Maratón de Valencia
Chiki Pérez, entrando por la línea de meta en Valencia / Medio Maratón de Valencia

Esta conversación nos enseña a comer.
No lo sé. No soy quién. Tampoco pretendo decir que el huevo sea malo. Sólo estoy contando lo que me pasa a mí, los resultados del test. Pero también le digo que, una vez que termine el maratón de Valencia, una de las primeras cosas que le diré a mi madre será, ‘mama, quiero que me prepares para cenar una tortilla de patatas de esas como las de antes’. No puedo engañarle: lo estoy deseando.

Sabrá mejor entonces. 
Sí, quizás, pero lo que pretendo contar es que esto debe ser así en cualquier cosa que hagas en la vida. Si algo te sienta mal tienes que dejarlo, vas a vivir mejor: yo ahora soy otro. Me siento más fino, me veo mejor, ya no me asusta sentirme hinchado por la mañana cuando suena el despertador. Pero es que era matemático. Me acuerdo de ése 3.000 que fui a correr a Irlanda con Toni Abadía y con esos desayunos que ponen en los hoteles ingleses… A la tarde me dolía la tripa. Hay cosas que no quiero que vuelvan a pasar, porque se pasa mal, sí.

Su vida ha cambiado.
Arriesgué para que cambiase. Arriesgué para hacer historia y estoy haciendo mi historia, sí.

Se podía haber quedado en un don nadie.
Creo que todos somos alguien. Pero sí es verdad que cuando volví tras la lesión ya nadie contaba conmigo. Sin embargo, en mi primer 10.000 de regreso, en el Campeonato de España, fui segundo detrás de Toni Abadia y por delante de Fernando Carro. Me demostré que algún día podía lograr cosas. Fue importante para mí.

¿Se imaginaba entonces bajando de 1 hora 1 minuto en media maratón?
No, eso nunca. Es más, yo fui a Valencia sin esa idea. La idea surgió ahí y fue de Toni Abadia y entonces le dije ‘bueno, vamos a intentarlo’. Pero no lo veía nada claro porque hasta el jueves realicé una semana normal de maratón. De hecho, el jueves hice 10×1.000 con 1’00” de recuperación y terminé el último en 2’46” y con lo de la tarde me salieron 29 kilómetros…

Qué historias.
Ya le digo, porque yo tenía 1h02″18 en media y hacer ese tiempo…. Pero si le dije a Toni, ‘vamos a intentarlo’, había que intentar bajar de 1h1m. Luego, vi que pasé el 5.000 y me dije, ‘voy bien’,  el 10.000 en 28’12” cuando yo tengo 27’59” y entonces me pregunté, ‘¿qué estás haciendo?’ Me parecía que estaba siendo un poco kamikaze y hubo kilómetros duros, pero ya que estábamos ahí, ya que estábamos tan cerca … Sabía que el ritmo de 2’56” en el 1.000 lo tengo muy dominado y que si lo mantenía…, lo he hecho tantas veces…

La perfección nace de la repetición.
Sobre todo, de insistir, sí, de esos días en los que te pones las zapatillas y dices ‘no puedo’, pero luego empiezas y ves que no es tan difícil, que el cuerpo se despierta …, y será duro, sí, pero es que todo es duro. También era duro trabajar en Sprinter. También es duro lo que hacen mis amigos que trabajan en el campo o en la construcción. Salen de casa a las siete de la mañana y no llegan hasta las siete de la tarde…, y yo me acuerdo de ellos.

También podría ser usted uno de ellos.
Sí, claro que sí, no tengo ninguna duda.

Pero no lo es.
No, no lo soy.

Tiene una vida mejor. 

Bueno, no sé. Al final, tengas la vida que tengas, lo más importante es lo mental, lo que tú quieres que sea. Mire, yo a veces, le digo a Mareca, mi entrenador, ‘hoy no puedo’ y él me contesta, ‘Chiqui, hay que salir aunque sea a 4’20”. Y entonces me doy cuenta de lo importante que es hacer todo como se debe hacer. Sin ir más lejos, yo podría salir a entrenar a las 11 pero no hay día que lo haga más tarde de las 9,30 o 10,00 porque sino no le dejas tiempo suficiente al cuerpo para recuperar. Y estas cosas las descubres con el tiempo: las he entendido este año. Se trata de hacer lo que debes hacer, no lo que te apetece.

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1 Comentario

  1. Es un ejemplo como corredor, trabajador y constante, y demuestra lo importante que es la nutrición no solamente para obtener mejores resultados, también para llevar una vida más saludable.

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