Carlos Ramírez Muñoz: el destrozo originado por la pandemia

Carlos Ramírez Muñoz: el destrozo originado por la pandemia

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El dueño de hostal Valencia en la Gran Vía de Madrid es un atleta de 32 minutos en 10.000 con 52 años que hoy pasa las 24 horas en la recepción de su hostal. El 2 de febrero había sido subcampeon de España de media en su categoría.

El 2 de febrero fue subcampeón de España de media maratón en Sagunto (Valencia): 1h12m54seg a los 52 años.

Eran días de vino y rosas.

De una felicidad casi implacable.

El trabajo le iba bien.

Se llama Carlos Ramírez Muñoz y es el mismo hombre que entonces tenía 11 empleados en el hostal Valencia en el número 44 de la Gran Vía de Madrid, en el centro de todos los centros.

No había día que no estuviese lleno: las 31 habitaciones.

Hoy, sin embargo, sólo hay tres habitaciones ocupadas y hay noches en las que no hay ninguna.

Tampoco están los diez empleados, secuestrados por un ERTE sin fecha de caducidad.

Está él solo: Carlos Ramírez Muñoz, que se parece a un hombre desesperado que antes lo tenía todo organizado (“había tres turnos: de 7,00 a tres de la tarde; de tres a 11 de la noche y de 11 a 7 de la mañana”) y que ahora no se mueve de la recepción.

Mañana, tarde y noche: él solo.

“Excepto mi hermana, que viene a ayudarme a limpiar las habitaciones, aquí estoy yo solo las 24 horas del día”, explica.

Por las noches se encierra en la sala al lado de la recepción pero nadie puede garantizarle nada. “Hay noches en las que no esperas a nadie y, de repente, te hacen una reserva en booking a la una de la madrugada y tienes que salir a atenderles”.

Nos gustaría contar otra cosa pero esto es lo que hay.

Su vida ha saltado por los aires como nunca se podía imaginar el 2 de febrero cuando subía al podio feliz.

También acababa de hacer dos veces 32’00” en 10.000, y hacia una media de 120 kilómetros a la semana, y era la liebre de las tres atletas de élite de su grupo: el grupo de Antonio Serrano.

María José Pérez, Irene Sánchez Escribano y Marta Pérez Miguel.

No sabíamos entonces que la pandemia pudiese ser así.

-¿Quién me lo iba a decir a mí que iba a entrenar todas las mañanas? -se pregunta Carlos Ramírez Muñoz, que lleva 23 años en el mundo de la hosteleria, en este negocio familiar que ahora lidera él solo.

-Mis hermanos mayores ya están jubilados.

Pero ellos nunca vivieron una como ésta.

-La crisis de 2008 fue dura pero no hay comparación con lo que vivimos ahora -añade Carlos, que añora el pasado:

-Estando en la Gran Vía lo que tú no tengas no lo tiene nadie -le decían.

Se lo decía, incluso, El Cordobés, uno de esos miticos huéspedes que han pasado por el hostal Valencia que hoy llora de pena.

Carlos, que lleva sin bajar a entrenar desde el 2 de septiembre, está más delgado que cuando entrena 170 kilómetros a la semana para maratón.

Su entrenador Antonio Serrano, que fue el domingo al hostal a ver con él el maratón de Londres, se quedó loco al verlo:

-¿Qué estás haciendo? ¿Cómo estás así sin entrenar?

-No es el esfuerzo, Antonio: es la pena – contestó Carlos.

-¿La recepción es como una cárcel? -le pregunto.

-Se podría decir que sí porque no te puedes mover de aquí. No sabes en qué momento puede venir alguien y tienes que estar aquí.

-Como el médico de guardia.

-Hace tiempo que no duermo más de 5 horas.

El atleta, capaz de seguir haciendo 32’45” en 10.000 a los 52 años, está aparcado en doble fila.

-Mi cuerpo ahora no está para correr: es imposible.

Y lo lleva porque todo se lleva.

-Al final, no queda otro remedio -admite-. Igual que hubo momentos buenos, ahora este es malo, muy malo. Pero quizás algun día volverá a salir el sol.

-Y entonces volverá a entrenar.

– Volveré a entrenar, sí.

Carlos Ramírez Muñoz no sabe si volverá a ser el de antes. “Tengo esperanzas. Llevo corriendo desde los 15 años y he sabido detener el tiempo. A los 37 años hice mi mejor marca en 10.000: 32’15”. Ahora, quince años después, he hecho 32’45”.

Pero ahora mismo casi parece egoísta pensar en volver a ponerse un dorsal.

Su batalla está en salir de las redes de esa recepción del hostal. Pero eso no depende de él.

-El destrozo originado por la pandemia va más allá de lo económico -justifica-, porque también es mental, es físico…, es muy exigente estar en esta situación. Pero yo no voy a dejar de tener esperanzas.

Es un tipo fuerte, cuentan los que le conocen a Carlos Ramírez Muñoz.

-No tengo miedo a desfallecer -añade él-. Pero ahora te pones más en la piel de la gente a la que no le ha ido bien en la vida o de esas tiendas de chinos en las que entras y ves a los chavales hacer los deberes mientras sus padres nos atienden las 24 horas del día. Te preguntas entonces cómo es posible.

La diferencia es que Carlos nunca imaginó que fuese a pasarle a él.

-Hay cosas peores -constata-. En casa éramos seis hermanos y murieron dos. Eso sí es mucho peor.

De ahi que esta haya sido una conversación tan realista que en ningún caso pretende recrearse en la tragedia.

Escucharle a él es más sensato que escuchar a los políticos.

-Algún día tendremos la oportunidad de salir adelante y vamos a aprovecharla.

Han pasado 34 días desde su ultimo entreno (4×1.000 a 3’20” con 2’00” de recuperación), pero cada día que pasa es uno menos para volver a la pista?del INEF o para decir:

-Vuelvo a ser feliz.

 


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