El atleta entrevistado por Pablo Iglesias

El atleta entrevistado por Pablo Iglesias

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Foto: Santiago Núñez.
Uno no lo podía ni creer cuando vio que Pablo Iglesias dedicaba su programa a un atleta de 40 años como Roberto Sotomayor. Hoy quiero saber cómo es ese hombre que en su Twitter no se calla ante nada y encuentro a un licenciado en Derecho que se gana la vida de vendedor en ‘El Corte Inglés’. “Me duele lo que le pasa a los demás”, dice. 

A veces, uno también se equivoca como en esta conversación cuando le dije a él, Roberto Sotomayor, que tal vez lo mejor que ha hecho por el atletismo haya sido esa entrevista que le hizo la semana pasada Pablo Iglesias en la que el protagonista no fue Pablo Iglesias sino él: Roberto Sotomayor, un atleta de 40 años. “Hombre, yo creo que he hecho cosas más importantes”, rebate él, que ha sido campeón de Europa y subcampeón del mundo en veteranos y que, no cabe duda, lleva razón. Pero toda esa popularidad que se dio al atletismo durante una hora, todo ese protagonismo que Roberto Sotomayor defendió tan magníficamente en un programa que uno no se imagina ni en sueños gobernado por el atletismo… Quizá sea esa falta de costumbre o, como diría Valdano, las virtudes de los equipos pequeños que a veces también nos equivocan. De ahí que le pida disculpas por esto y por imaginar que su intervención en el programa de Pablo Iglesias sería consecuencia de una antigua amistad con él. Pero tampoco. “No le conozco de nada”, rebate. “Me llamó una redactora del programa para concertar la entrevista. Me sorprendió tanto como pudo sorprenderle a usted”. 

Pero quizá esa sea la magia de la vida, la de estar preparados para las sorpresas y de que las sorpresas no te cambien la personalidad. Al menos, así lo juzgo a él, Roberto Sotomayor, un hombre cuya presentación uno domicilia en su usuario de Twitter, @SuperRoStar, mejor que en ningún otro lugar. Entonces el atleta convive con un ciudadano sumamente activo, incapaz de callar ante los horrores de una sociedad que a veces parece enferma. Quizá sólo trate de explicar que aceptar la injusticia es lo que más nos aleja de la virtud. Es más, supongo que esa fue la razón por la que Pablo Iglesias le entrevistó en su programa. Pero, precisamente, lo que ahora pretendo descubrir yo es que mueve a un atleta como Roberto Sotomayor a comportarse así en Twitter, a escapar a esa velocidad de la indiferencia, “porque no sería justo”, replica. “Al menos, a mí me parece que mantenerse al margen de los problemas del día a día es una actitud un poco cobarde”. Por eso en su día a día hay una habitación reservada para pensar y acordarse de problemas que machacan vidas. “Tenemos problemas muy importantes en esta sociedad. La gente joven tiene que involucrarse porque es su futuro el que está en juego. No puede ser que los pensionistas salgan a la calle y a los jóvenes no se les vea. No puede ser que haya gente mayor a la que, después de trabajar durante toda su vida, les hayan quedado pensiones de 400 o 500 euros. Y no es el caso de mi padre, que ya está jubilado. Pero a mí no sólo me duele lo que me pasa a mí. También lo que le pasa a los demás”. 

Pero él insiste en que esta es su forma de ser. Quizá sólo sea el reflejo del atleta que es, “del atleta que morirá con los clavos puestos en la pista” y al que su padre le dijo “no, no voy a ir” en su último campeonato de España de pista cubierta, “me confesó que no quería pasar por ese mal trago”, porque las despedidas no son tan fáciles de dominar. “No sé si hubiese podido hacer más o menos, pero he hecho lo que he podido en el atletismo”, insiste él, hijo único de una familia de Moratalaz, cuyo padre trabajaba en la banca y la madre en residencias de ancianos. “A los 18 o 19 años, empecé a trabajar en ‘El Corte Ingles’. Al principio, de reponedor en supermercado cargando cajas de Coca Cola y de lo que fuese”. Luego, progresó y hoy es uno de los vendedores en la planta de caballeros, “donde tuve buenos profesores que me enseñaron a tratar con el cliente”; a no protestar nunca, “el trabajo es el que es y cada uno se gana la vida de la manera que puede”, y a explicar que se vive como se siente. “He visto pasar a generaciones de atletas a mi lado… He tenido que aprender a la fuerza porque he coincidido con gente que no deja indiferente a nadie, con gente como Jesús España que mueve masas y con gente con un carisma que me han hecho recordar no sólo lo importante que es vivir con pasión, sino demostrar esa pasión. Por eso llegó el día en Huelva en el que yo batí mi mejor marca en 1.500 (3’45″97) cuando uno, por mi edad, ya imaginaba que era imposible”.  

También fue Sotomayor el atleta que, durante años, compaginó atletismo, trabajo de siete u ocho horas diarias de pie y los estudios de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Luego, terminó, pero nunca ha ejercido de abogado. “Quizá porque en la vida hay que tomar decisiones. Mi carrera profesional ha ido enfocada por otro lado y estoy orgulloso de mi puesto de trabajo”. Y, dicho con todo el respeto, es un vendedor en la planta de caballeros de ‘El Corte Inglés’. El hombre que quizá lleva a equívoco. El hombre que uno imaginaba que le hablaría de sus aspiraciones en la política, de la importancia de los discursos. Cosa de los prejuicios, ya ven, porque el resultado es completamente opuesto. Aparece un hombre que no está “afiliado a ningún partido político. No valdría siquiera para sindicalista”, promete. “Pero eso no quita que como ciudadano tenga el deber de leer, de informarme y hasta de expresar lo que siento. Pero eso, aunque parezca una contradicción, no significa que me vea en la política. Quizá porque esas cosas hay que sentirlas desde niño y yo nunca las sentí”, explica Roberto Sotomayor, al que el tiempo no le hizo viejo. Al contrario. Fue él quien hizo viejo al tiempo y a los recuerdos que todavía contagian emociones verdaderas como “la primera vez que escuché el himno español subido en el podio, porque eso mola mucho, o cuando hicimos récord del mundo en categoría master de 4×800 y se lo dedicamos a Pablo Ráez, un chaval malagueño que tenía leucemia, que nos inspiró hasta la última zancada y que nos convirtió a los cuatro en donantes de médula. Por eso el día que me enteré de su muerte, estando en Korea, no sé ni cómo explicar lo que sentí, porque entonces sí me quedé sin palabras. Aún no sabría qué decir”. 

 Quizá sea lo mismo que decir que las palabras no siempre hacen falta o que hay silencios infinitamente más valiosos. Pero, en fin, qué quieren que les diga que no les haya dicho ya este hombre, Roberto Sotomayor, que, a los 60 o 70 años, se imagina “dando guerra como los viejos rockeros” en la pista. Tiene ejemplo en la Blume, “el Señor Manolo”, y a ser posible le seguiría entrenando Arturo Martín, el mismo hombre que hizo campeón de Europa a Casado de 1.500. Pero quizás lo importante es que siga siendo él y que siga pareciendo un valiente. Moverá masas o no en el futuro, porque cualquiera sabe lo que pasará mañana. Pero sí se sabe que en el tránsito no todo será perfecto, porque nunca lo fue. “Siempre me quedará la deuda pendiente de no haber sido internacional absoluto”, explica hoy, a los 40 años. “Y no, claro que no he conseguido todo lo que buscaba”. Pero quizá tiene que ser así porque la vida es así. De lo contrario, no tendría tanto valor estar vivo. Las historias de amor no terminarían nunca y hasta nos olvidaríamos de que hay cosas más importantes que Pablo Iglesias te convierta, a los ojos de la audiencia, en protagonista de su programa. Cosas más importantes “como tener salud, tener trabajo y resistir. Sobre todo, en una sociedad como ésta en la que hay que resistir, porque siempre aparecerá alguien que no esté de acuerdo con lo que tú digas y que claro que puede tener razón como tú tienes la tuya. Pero las cosas hay que decirlas y no pasa nada porque no siempre estemos de acuerdo, porque a veces tiene que ser así. Al fin y al cabo, los demás son los que nos ayudarán a ser mejores, como pasa en el atletismo”.   

@AlfredoVaronaA 

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