Así será tu próxima carrera

Así será tu próxima carrera

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No cambiará nada. No puede cambiar. Su psicología seguirá siendo la de hacer felices a la gente, la de imponernos nuestro propio cansancio, la de demostrar que querer es poder.

-¿Son unos héroes?

-No, nosotros lo que hicimos fue hacer felices a la gente.

Así contestó el portero Andoni Cedrún en el programa de Movistar en el que se rendía homenaje a los 25 años del título de la Recopa del Real Zaragoza en 1995. Y el corazón latió fuerte al escucharlo. Porque no es una anécdota del fútbol sino de la vida que hoy sólo pretendo trasladar a las calles, que son nuestro campo de juego, a esas carreras populares que hoy se echan de menos; a esos millones de objetivos anónimos a los que damos tanta importancia; a esos esfuerzos de los que nos enamoramos para hacernos sufrir a nosotros mismos o a todo eso que no se explica sin un dorsal en el pecho, sin esos imperdibles, sin toda esa vida que despierta la incertidumbre.

Al final, siempre necesitamos seguir hablando de la vida, ponernos pinturas de guerra, intentarlo tantas veces como nos apetezca. Abrir los ojos y ver una pancarta de meta, capaz de rescatar emociones dentro de nosotros mismos que no sabíamos que existían. Pero ésa es la capacidad de las carreras que también nos recuerdan que lo contrario de vivir es no arriesgarse. Y quizás por eso las echamos tanto en falta. Y quizás por eso mismo me escribía un lector desde Galicia la semana pasada y me pedía que le ayudase a resolver una pregunta:

-¿Por qué no escribes de lo que echamos de menos las carreras? Nada más leerlo me pregunté a mí mismo, ‘¿qué digo? ¿qué puedo decir?’ porque, en realidad, yo estoy tan acostumbrado a escribir lo que me cuentan los demás que cada vez me cuesta más escribir en primera persona: abrir el corazón es más difícil que escuchar una canción.

Pero entonces vi ese emotivo programa de Movistar dedicado al Zaragoza y vi esa respuesta con la que Andoni Cedrún contestaba a su propia pregunta y entendí que ahí está la clave. Que las carreras son eso. Que no hace falta subir al balcón del Ayuntamiento ni meter un gol imposible como aquel de Nayim un minuto antes de que acabase la prórroga para hacer feliz a la gente. Que el libro de ruta de la felicidad es inmenso y que las carreras  también forman parte de esa obra de arte llamada felicidad. No se trata de obedecer a nadie sino de obedecerte a ti mismo. Cada uno se impone su propio cansancio. La paciencia sólo es un golpe de sabiduría en esos kilómetros que a veces pasan tan despacio. ¿Cómo se puede echar eso tanto de menos?

Pero entonces uno se da cuenta de que una carrera es bastante más que eso. Una carrera también es el poder de fascinación de un dorsal. Descubrir esfuerzos con más mérito que el tuyo. Compartir kilómetros con gente que no volverás a ver nunca. Sentirte orgulloso de ti mismo. No saber quien te puede ayudar o quien te puede emocionar porque la próxima carrera en la que vayas a participar es una carrera que no se ha jugado nunca. Por eso no creo que haga falta que las carreras cambien por mucho que digan que el mundo, que nos dejará el COVID-19, será un mundo diferente. Sin embargo, no sabría decir si esto es extrapolable al mundo de las carreras, a sus emociones que son como una emisora de radio, a esa vida suya que nos descubrió que cada kilómetro es una motivación de carne y hueso.

-Queremos que vuelvan tal y como fueron -me escribió este hombre.

-Yo creo que opino como tú -le contesté.

Al fin y al cabo, una carrera nos explica que querer es poder. Nos defiende frente a la rutina de los días. Nos invita a conocer gente que se queda en tu vida para toda la vida. Nos invita también a cuidarnos y a pensar en cosas más bonitas. Creo que todo el mundo recuerda su primera carrera  como si fuese un título de Liga. Desde entonces, te das cuenta de que este es un mundo importante y acaso necesario: no sólo son los puestos de trabajo que provoca, sino la felicidad que produce, la lluvia, los amigos, la ocasión, la letra de una canción que me parece que todavía no ha escrito nadie.

En realidad, ésa es la psicología de las carreras, línea directa con grandes recuerdos, especialistas en traficar con emociones. No importa que no puedas más o que siempre puedas hacerlo mejor. No importa que solo seas uno más y que, sin embargo, tú te sientas el dueño del mundo, porque ésa es parte de la sabiduría de las carreras populares, capaces de derretir el hielo en invierno, de mostrarnos valores eternos o de unir a primera hora de un domingo por la mañana a gente corriente en cualquier ciudad. Parece mentira pero es así.

Mi primera carrera fue en 1992 cuando la universidad de periodismo le dejaba a uno tiempo de sobra para hacer deporte por las tardes. Desde entonces, han pasado años en los que yo nunca he escrito un artículo como éste. Y he corrido muchas. Pero ni me lo planteé. Sin embargo, han tenido que retirarse las carreras del mercado para que lo escriba y para que lo comparta con ustedes en voz alta. Porque así somos los humanos. Cuando algo te falta es cuando más valoras que exista y le das las gracias por existir. Porque una pequeña parte de tu felicidad está en la satisfacción del deber cumplido en la línea de meta.

Y allí solo volverás a ser uno más. Pero puede ser tan importante como explicaba Andoni Cedrún 25 años después de tocar el cielo en la portería del Zaragoza.

-¿Héroes? -replicó-. Nosotros lo que hicimos fue hacer más felices a la gente.

Y eso son las carreras. No son otra cosa.


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