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El ángel de la guarda del maratón de Barcelona: “A los 10 años, me levantaba a las 7 de la mañana para salir a correr”

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Retrato de Manel Vallejo, el guardia urbano que ayuda a medir el maratón de Barcelona desde hace más de 15 años. Una tendinitis le tiene en vilo y aún no sabe si correrá mañana. “Tengo que probarme esta noche”, explica. 

Hoy está de servicio en el Camp Nou, en el partido Barcelona-Rayo Vallecano. Él es guardia urbano en Barcelona. Acabará turno a las diez de la noche y entonces saldrá a correr, “a ver que es lo que me dice el cuerpo”, porque anda muy inquieto a estas horas. No puede ser de otra forma. Mañana es el maratón de Barcelona y tiene una tendinitis. Y no correrlo sería, para él, como una puñalada, “y el caso es que quizá sería lo más sensato”. Pero hay deseos capaces de romperle a uno el corazón “e imaginar que mañana no este yo ahí en la línea de salida…, porque lo tengo todo preparado: el dorsal, la ropa y la intención”, explica Manel Vallejo, un tipo de 51 años, uno de esos que demuestra que se puede ser muy feliz en estado de fatiga. Un policía imposible de describir sin el deporte. Al fondo quedan 19 maratones en los que bajó tres veces de las tres horas. A su lado, protagoniza una vida en la que alguna vez redujo distancias con el infinito…. Qué gentes encuentra uno por el mundo. “El año pasado me fui de Barcelona a Granada durante cuatro días en bicicleta”, explica.   

Así que está claro el carácter del personaje, que tal vez arrancó a los diez años cuando él y su hermano se levantaban “a las siete de la mañana, antes de ir al colegio, para ir a correr al monte ¿y sabe usted lo que curte eso?” Serían los maravillosos años ochenta en los que Manel Vallejo iba a correr con esas “camisetas de algodón de las de antes”, imprescindibles en la memoria y en la nostalgia que también forma parte de esta historia. Una historia que hoy no se entiende sin el niño de diez años que madrugaba para salir a correr. El mismo niño que decía que quería ser bombero. El mismo joven que luego opositó a guardia urbano en el año 90 y, como lo sacó, ya nunca sería bombero. A cambio, alimentó una vocación, la de policía, que le permite trabajar en la calle (“voy siempre en moto, porque me encantan las dos ruedas”) y poner precio al esfuerzo. No fue fácil llegar hasta aquí.  “Yo recuerdo que salía de trabajar del restaurante de la familia a las tres de la tarde y me ponía a estudiar para la oposición”. 

Hoy, sólo son breves pinceladas de su biografía. Pero es preferible conocer a un hombre a trocitos que hacerlo de golpe. Quizá porque este hombre podemos ser cualquiera de nosotros. La diferencia es que él trabaja en la policía y, desde hace más de 15 años, no falla una sola vez en la medición del maratón del circuito de Barcelona, donde todo es milimétrico. “Siempre pido esa misión en la Policía y, como sabe que me gusta, me la conceden”, recuerda Manel, objeto de homenaje esta semana por parte de la organización que, en realidad, no sólo le premia al policía. También premia al atleta y a su forma de vida que se hizo definitivamente adulta, después de volver del servicio militar, la primera vez que fue a comprarse unas zapatillas de correr a la tienda que acababa de abrir el mítico Domingo Catalán, un hombre que había sido campeón del mundo de los 100 kilómetros, junto a la Plaza de Cataluña. “Más que venderme las zapatillas, me explicó lo que significaba ponerse unas zapatillas. Parece lo mismo pero no tiene nada que ver. Quizá por eso a los 51 años yo todavía sigo yendo a correr con él, que tiene 70, y entre los dos nos convencemos de que no existe otra manera de vivir mejor que esta”. 

 “De hecho, esta mañana quedé para entrenar con él y luego fuimos a comer”, explica Manel, que se niega a vivir sin el libro de Domingo Catalan, ‘De cero a 100’, “porque ahí se explica todo lo que es el deporte, todo lo que significa para gente como nosotros. Sin ir más lejos, yo ahora estoy con una tendinitis y cuando le digo a la gente que mañana no voy a poder correr el maratón de Barcelona, me dicen que ‘bien, así te vas a tomar una cerveza’. Pero la realidad es que sólo de pensarlo me rompe por dentro, ¿por qué?, ¿acaso porque estoy loco?no, para nada, yo me conozco y no estoy loco pero soy feliz con lo que hago. Sólo me preocupa no poder hacerlo, porque eso sí es duro”. 

Es más, ése es el libro de ruta de esta historia que recorta distancias entre el policía y el atleta. La misma historia que le demuestra que “no se puede vivir sin disciplina” y que en cualquier lado de la vida existe una pancarta de meta. “¿Sabe usted el subidón que da sacar a un atrapado en un accidente, imaginar que a esa persona le has podido salvar la vida? No sólo es lo que haces por tí, sino también por los demás”, explica Manel Vallejo y conviene escucharle. Conviene para regresar al niño de 10 años que fue; conviene para ponerse en la piel del joven que fue a comprar sus primeras zapatillas y que ya nunca fue el mismo. Y conviene porque la inquietud, que le acorrala por dentro, a unas horas de arrancar el maratón de Barcelona (¿podré o no podré correcto?) sólo se entiende en una web como ésta. Sólo la entendemos nosotros y, en vez de decir ‘este tío está loco’, nos solidarizamos con él, porque, si el maratón es una locura, será una de las locuras menos desproporcionadas que existen. No es locura que uno este deseando levantarse hoy a las cinco de la madrugada para salir a correr. 

 “No es locura. No puede serlo, porque sino no lo haría siempre así”, describe él, que nada más acabar su turno en la policía acostumbra a salir a correr. “Y la gente, que no lo entiende, ha dejado de preguntarme y yo no tengo que preguntármelo porque conozco la respuesta. Es más, la respuesta ya me la dio hace muchísimos años Domingo Catalán, ‘sé feliz, no te preocupes’, y soy feliz, y esto te da muchas satisfacciones, ¿y sabe en que lo noto yo?, cuando quedamos en una cena con antiguos compañeros de EGB y veo agente irreconocible del peso que ha ganado o yo mismo, que trabajó mucho con carnets de identidad, son múltiples las veces que me preguntó, ‘¿cómo es posible que a este hombre le pueda sacar yo cinco o seis años si parece mi padre?’ Igual luego no estoy tan joven como yo me veo. Pero el mero hecho de verme, de sentirme así, sólo se lo tengo que agradecer al deporte y, aunque no todo sea perfecto, porque ya me ve aquí, a unas horas de empezar el maratón de Barcelona y sin saber lo que voy a hacer…”

 Así que esta también es la magia de este texto que nadie sabe cómo va a acabar. Es más, no se terminará hasta mañana, cuando empiece el maratón de Barcelona. Allí aún no se sabe si estará él, Manel Vallejo, el policía que cada año ayuda a pintar el recorrido.

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