2 horas, 58 minutos, 40 segundos para parar el mundo

2 horas, 58 minutos, 40 segundos para parar el mundo

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Silvia es una mujer de 55 años con esclerosis múltiple que vive en una silla de ruedas. Su hijo Eric le va a tratar de hacer un regalo espectacular en el maratón de Sevilla que compartirán desde el minuto 1: un Récord Guiness.

Silvia está en la cama. Quizás dormida. Quizás pensando en silencio o quizás inaugurando el próximo día.

Eric es su hijo, hijo único.

Un hombre ya de 27 años que no se imagina la vida sin su madre, sin todo lo que su madre hizo por él, sin todo lo que ha aprendido de su madre, sin reconocer que su madre le ha hecho mejor persona o sin llegar a casa y no entrar a verla en su habitación.

Y darle un beso. Y preguntarla:

– ¿ Cómo estás, mamá? ¿Qué necesitas, mamá?

Su madre tiene esclerosis múltiple desde hace 20 años y ha llegado ese momento en el que ya casi no se puede ni mover ni cambiar de postura en la cama.

Silvia es una mujer que trabajaba de contable, una mujer que su hijo recuerda como “la mujer más activa del mundo”.

Así fue hasta que le dio el primer brote de la enfermedad y ya nada volvió a ser igual. Eric tenía 14 años, acababa de salir ese día del instituto y recuerda cuando ella se lo contaba como “un golpe de realidad”.

Y en el hospital le dieron un cuaderno en el que le explicaban la enfermedad y cómo él, que solo era un adolescente, debía hacerse cargo del problema: entenderlo.

Y desde entonces se acostumbró a decir “vale, ya voy” a la velocidad de la luz fuese cuando su madre se caía en la cocina, en el pasillo o en la calle y no podía levantarse. O fuese como ahora cuando la da de comer o cuando la acompaña al aseo y le limpia hasta la última parte de su cuerpo.

Eric tiene hoy 27 años y Silvia es una mujer de 55 que ve la vida pasar y entre los dos junto a su padre, la tercera parte del puzzle, se cruzan “días muy, muy sentimentales”.

No es fácil vivir en dirección prohibida.

Pero se puede vivir. Y valorar como valora Eric cada vez que le da un beso a su madre, cada vez que le cambia el canal de televisión o cada vez que cuenta esta historia, que sigue arrancando fechas del calendario.

Yo la estoy contando porque Javier Matiacci, el periodista de ‘Onda Cero’, me escribió para que la contase. Si no hubiese dicho que sí nunca la hubiese conocido.

Eric no me hubiese contado el día que vio con su madre la película ‘Intocable’ en la que él sería Driss y su madre sería Philippe, en la silla de ruedas.

Eric tampoco me hubiera contado lo que se emocionaron ese día, lo que lloraron ese día: las manos apretadas, las suyas junto a las de su madre.

Ella se quedó sin ningún plan, más que el de ver la vida pasar, pero la vida de Eric sería inexplicable sin ella. Cuando termina de trabajar, cuando termina de entrenar, está deseando llegar a casa para dar un paseo si hace buen tiempo. Pero, sobre todo, para verla, para decirle:

– ¿Qué necesitas, mamá?

Eric jugó al fútbol hasta los 17 años y siempre se acordará de que era su madre la que le llevaba, “lloviese, nevase, hiciese el tiempo que hiciese en Barcelona”.

Aquella mujer, por lo visto, era “puro nervio”.

Eric quizás sólo sea hoy una prolongación de ella. Un día dejó de jugar al fútbol y entonces se apuntó al gimnasio y luego empezó a correr y descubrió el atleta que lleva dentro. Un tipo capaz de correr por ahora el maratón en 2 horas y 43 minutos o la última media, la de Sevilla, “en 1 hora 12 minutos” tras quedarse vacío en el kilómetro 18.

También me cuenta que del 5 al 14 de abril del año pasado fue de Londres a París corriendo, haciendo un maratón cada día y terminó el domingo completando el maratón oficial de París en 4 horas 39 minutos tras una paliza acumulada de 410 km.

Hoy, todo eso nos vale para hacernos una idea de quién es él: Eric Domingo Roldan.

Pero la idea con la que me escribió Javier Matiacci no fue para que hablase de Eric, sino para que hablase del hijo de Silvia. El mismo que está preparando el maratón de Sevilla llevando a su madre, desde el primer hasta el último metro, en esa silla de ruedas motorizada que aparece en la fotografía.

Y ella viajará hasta Sevilla en avión. Y será la primera vez que pisará Andalucía. Y el que la avituallará en carrera será Eric. Y el que le limpiará la boca. Y el que le dará un fruto seco para despistar el cansancio de esa mujer que, para él, es la mujer más importante del mundo.

Su madre.

Si bajan de 2 horas 58 minutos 40 segundos, que es para lo que Eric se está preparando seis días a la semana, batirán el récord Guiness de todos los tiempos.

Y quizás no será fácil porque la última vez que lo hicieron, en el maratón de Barcelona, el reloj se fue hasta las 3 horas 14 minutos.

Pero hay historias como ésta que pueden prescindir sin enfadarse del resultado: una historia dura y emotiva que nos recuerda que, por encima de los resultados, están los sentimientos.

Quizás por eso hoy lo que menos hablamos fue de la carrera. Preferimos hacerlo lentamente de un hijo y una madre que nos disparan al corazón, que nos motivan a ponernos en su lugar, quizás a reconocer que tuvimos más suerte de la que tuvieron ellos cuando descubrieron que eso que le pasaba a Silvia, la madre, “no eran vértigos, no”.

Era una esclerosis múltiple.

Pero aun así no fue suficiente para apartarles de ese lugar en el que la vida vuelve a empezar: la línea de salida.

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