2 horas 10 minutos: la piedra en el zapato del maratón español

2 horas 10 minutos: la piedra en el zapato del maratón español

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No hay manera de derribar ahora esa frontera. De ahí que las 2 horas 10 minutos se hayan convertido en el mito del maratón español. Pero hay que ser realista. No dejarse influir por lo que hagan los demás ni por los tiempos de las 2h07 minutos. 

En el maratón humano, que es el que se prepara en la Casa de Campo de Madrid, en el CAR de Sant Cugat en Barcelona, en el bosque de Valonsadero en Soria o en el parque Grande de Zaragoza el objetivo primordial es ése: bajar de 2 horas y 10 minutos. El sobresaliente es ése. Y el mito, a día de hoy, también es ése en el maratón español: derribar las 2 horas y 10 minutos, las malditas 2h10m. Hay que ser realistas. No importa que los africanos se muevan ocho o diez minutos por abajo. Nosotros tenemos que vivir nuestra realidad y por eso juzgamos como un tiempazo esas 2h10m2seg de Camilo Santiago o las 2h11m que clavó Iraitz Arrospide el domingo en Valencia. Quién nos lo iba a decir hace un par de años si ni siquiera los conocíamos. Y, sin embargo, ahora no paran de crecer. Y en el caso de Camilo con 36 años que se dice pronto. Estas cosas hay que valorarlas. Si no las valoras estás equivocado.

El diagnóstico es claro, en cualquier caso. El domingo fue un día fantástico para el maratón español porque cuatro atletas corrieron en menos de 2h11m (Camilo, Houssame, Lamdassem y Arrospide). Sin embargo, ninguno bajó de esas 2horas 10 minutos. Pero es que no es fácil. Desde 2014,  Javi Guerra ha triunfado en todos los maratones que ha corrido y solo una vez ha bajado de 2h10m. Carles Castillejo, que traía marcas por abajo (27’39” en 10.000 o 3’39” en 1.500) que le licenciaban para bajar, nunca lo logró. Y no solo eso, sino que Dani Mateo, décimo en el maratón de un Mundial, tampoco lo ha conseguido lo que demuestra que estamos hablando de un asunto difícil que está consiguiendo obsesionarnos: las 2h10m. Es más, cada año se refuerza la dificultad: cuanto más años pasan sin lograrlo, más difícil nos parece.

Podemos preguntarnos por qué. Por qué es tan difícil. Por qué aún compitiendo maravillosamente nuestros atletas no lo logran. Y el caso es que el domingo Camilo lo tuvo a tiro en Valencia. Y si no se hubiese parado a celebrarlo antes de tiempo lo hubiese logrado. Pero, precisamente, eso es lo que más rabia nos da, que para una vez que estaban ahí se escapen de esa manera tan indiscreta. El caso es que aun así estamos contentos de ver que tenemos equipo, que tenemos materia prima, que tenemos nivel. Nuestros atletas de maratón no bajan de las 2 horas y 10 minutos, pero es gente competitiva. Gente que te invita a creer en ellos, a valorar lo que consiguen por encima de lo que les falta por conseguir. De acuerdo que a todos nos gustaría tener más. Pero también podemos ser felices con lo que tenemos.

Así contestaba yo el otro día a un fanático del atletismo que me decía que estos maratonianos españoles de ahora son unos mantas. Me ponía de ejemplo aquellos años en los que teníamos una legión de atletas que hacían 2h07m: Fabián Roncero, Javier Cortés, Toni Peña, Alejandro Gómez… No hacía falta siquiera que fuesen atletas mediáticos. Entonces las 2h07m caían sin descanso, a una velocidad endiablada. Y es verdad. No se equivocaba este hombre. Es más, yo también le recordé que en esa época hubo atletas como el propio Alejandro Gómez que, en su primer maratón, hizo 2h07m57 o Antonio Serrano que debutó en Berlín con 2h09m13. Hoy serían dioses. Incluso hasta podría recordar esos mismos años en los que atletas con un motor diésel como Diego García o Alberto Juzdado  llegaron a 2h08m. Y llegó a parecernos tan fácil que por algo fuimos campeones del mundo de maratón. Qué tiempos. Quién los pillase.

Sin embargo, hoy defiendo que las comparaciones, aparte de odiosas, son evitables. También hay hijos que no logran superar a sus padres y en teoría los hijos deben superar a los padres. Pero cada generación tiene su cosa. Cada época es un mundo aparte. No aceptarlo es complicarse la vida: yo no aconsejaría que la frustración nos domine. Por eso hay que valorar días como el de ayer en Valencia en el que te aparece un tipo de 36 años como Camilo y te hace 2h10m02seg. O qué me dicen de ese ingeniero que trabaja en Sheffield, que hace malabares para entrenar y que venía de la natación: Iratiz Arrospide. Si no disfrutamos estas cosas es que no tenemos ojos, porque ellos son nuestros campeones del mundo de ahora. Y nuestro Everest está claro: las 2horas, 10 minutos que, malditas o no, forman parte de nuestra realidad de hoy.

@AlfredoVaronaA

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2 Comentarios

  1. A ver cuando nos quitamos la venda de los ojos y se empieza a contar por que se hacía 2:07 como churros y ahora 2:10 es una quimera…
    Déjame pensar…

  2. Vamos a ver. Este año Hamid Ben Daoud, con 23 años, hizo 2h08 y pico en Praga y no fue a Doha porque se lesionó.

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