Nadal se despide, por primera vez, en su debut

Neus Yerro

Rafa Nadal ya sabe lo que es perder en su debut en Grand Slam. Algo que no había experimentado hasta este lunes (34-0), cuando el belga Steve Darcis le superó por 7-6 (7/4), 7-6 (10/8) y 6-4 en dos horas y 55 minutos. “Feliz no estoy pero la vida sigue. Hace dos semanas viví un momento fantástico al ganar un torneo, dos semanas más tarde, he perdido en primera ronda”, dijo un Nadal que no quiso hablar de su rodilla ¿“no es el momento”, sentenció- y que felicitó a su verdugo, 135 del mundo, el jugador de ranking más bajo que le ha derrotado en un `grande¿. ¿Recuerdan quién tenía ese honor hasta hoy? Pues, curiosamente, el hombre que le apeó en Wimbledon 2012, el checo Lukas Rosol.

Segunda derrota temprana en el All England Club, donde atesora dos títulos (2008 y 2010) y otras tres finales. Como hace doce meses, derrota con una causa física de por medio. La misma, en realidad: esa rodilla izquierda que le tuvo siete meses alejado de la competición. Aunque él no quiera hablarlo, hay que hacerlo, sin restarle méritos a Darcis, quien hizo lo que debía, no se dejó influir por la situación ni el rival, desplegó el juego que más le convenía, aprovechó sus oportunidades (aunque, al principio, más por corazón que por tenis, Nadal logró enjugar ocho puntos de `break¿ antes de ceder su saque en el primer parcial), ganó los puntos importantes y aguantó de cabeza, algo que no todos saben hacer, mucho menos un jugador que se mueve habitualmente por el circuito `challenger¿, menos habituado a la exigencia e intensidad del circuito profesional.

Pero Darcis no se arrugó. No lo hizo tras ceder, cuando servía para set, su saque en la primera manga, que acabaría anotándose en un `tie break¿; tampoco cuando Nadal llegó a disponer del servicio para igualar la contienda ni cuando perdió hasta cuatro puntos de set en la `muerte súbita¿ del segundo parcial. Y no iba a hacerlo cuando lo tenía todo de cara, el tercer él, cuando era él quien dominaba los intercambios y el juego en la red mientras, al otro lado de la pista, Rafa iba diluyéndose tras haber distado mucho de su mejor versión: sin piernas, sin movilidad, sin chispa, sin golpes con los que hacer daño al rival¿ y cojeando por momentos, sobre todo en la recta final. No había arrancadas explosivas o golpes imposibles que hicieran presagiar algún cambio de escenario. Y así, se consumó una derrota dolorosa pero que no debe pesar en el ánimo de cara a los próximos meses.

Rafa y su equipo decidieron arriesgar pese a saber que la hierba es la superficie que más exige al rotuliano, esa delicada zona en la anatomía de Nadal. Y pagó el peaje. Los próximos días serán los de la reflexión y valoración. Y quizá, como dejó entrever, un regreso a la tierra batida antes de la gira en dura que culmina en el US Open. Como dice Nadal: “esto no es una tragedia”.

 

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