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Torra: gloria y olvido

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Torra, en una imagen de archivo | sport

En la historia del FC Barcelona ha habido muchos jugadores que, pese a permancer varios años en la entidad, apenas tuvieron protagonismo en el primer equipo. Miquel Torra fue uno de ellos. Sin embargo, no por el hecho de haber jugado apenas un puñado de partidos (12) su nombre debe caer en el pozo del olvido. 

Formado en los equipos inferiores, fue un futbolista que destacó especialmente por su polivalencia, viviendo su mejor momento en la temporada 1951-52, la de las Cinco Copas. Podía actuar tanto de carrilero por banda derecha como de extremo. Y en ocasiones llegó a hacerlo de delantero. Actualmente cuenta con 88 años, está enfermo y reside en Madrid con su hija.

Nacido en el barcelonés barrio del Poble Sec el 22 de agosto de 1925, Miquel Torra Monsó fue el tercer hijo del matrimonio formado por Miquel Torra Rifá (originario de Manlleu) y Pepita Monsó Cortés (de Barcelona). Las primeras en llegar fueron Pepita y Mercè. El pequeño Miquel siempre fue muy inquieto. Su hijo, el pintor Joan Torra, nacido en Puebla (México) en 1958, recuerda que "empezó jugando en la calle, como todos los niños. Lo hacía cerca de la tienda de frutas y verduras que regentaban sus padres, en la calle Consell de Cent. Mientras sus hermanas ayudaban en el negocio familiar, él no paraba de darle al balón".

Para Torra, el deporte ha sido una manera de entender la vida. Además, como desvela su hijo Joan, siempre se caracterizó por pornerle a toda actividad deportiva "un punto filosófico" porque estaba firmemente convencido de que "le ayudaba a estar mejor y ser mejor persona".

Por razones de cercanía con su domicilio, su primera experiencia la vivió en el Club Atlético Hostafrancs, en 1939. Dos años después, en 1941, ingresó en el FC Barcelona. Jugó en el equipo de Aficionados las temporadas 1943-44, 1944-45 y 1945-46, alternando esta última con varias apariciones en el equipo de la SD de la España Industrial, entonces filial barcelonista, y también con el reserva del primer equipo para jugar el Torneo Regional Catalán. Cuenta Joan que su padre, en sus tiempos de jugador, "era alto, delgado, serio, modesto y corría mucho". Cursaba el Peritaje Mercantil. Pero, sobre todo, "tenía una afición desmedida por el deporte".

Antes de llegar al primer equipo, Torra vivió dos historias destacadas en los campos de fútbol durante la primera mitad de la complicada década de los cuarenta. La primera, cuando sufrió un fuerte golpe en la cabeza después de chocar contra un jugador del Sants. El diagnóstico fue conmoción cerebral y tuvo que ser hospitalizado. Joan recuerda que Miquel siempre ha mantenido que a raíz de ese golpe fue perdiendo progresivamente la memoria. Hasta el punto de llevar siempre consigo, a partir de entonces, una libretita en la que lo apuntaba todo...

El segundo incidente, también con los Aficionados del Barça, tuvo lugar el 7 de mayo de 1944, cuando fue expulsado en la final del Campeonato Regional contra el CF Atlético Barceloneta. Ese partido, que finalizó con empate a dos, lo acabaron solo 14 jugadores. Hubo siete expulsados (entre ellos Torra, por repeler las agresiones de jugadores rivales) y un lesionado de consideración. La final se repitió una semana después, en Vilafranca, y ganaron los Aficionados del FC Barcelona por 6-3. Torra, que fue inhabilitado por un partido y multado con 15 pesetas, no pudo tomar parte en ella.

Debutó oficialmente con el primer equipo del FC Barcelona el 13 de octubre de 1946, en un Barça-Valencia celebrado en Les Corts (2-1). Ocupó el puesto del lesionado Elías. El equipo, dirgido por Josep Samitier, formó con Velasco; Torra, Curta; Gonzalvo III, Sans, Gonzalvo II; Sospedra, Escolà, Colino, César y Bravo. En la crónica de 'El Mundo Deportivo', firmada por Carlos Pardo, pudo leerse que durante el primer tiempo estuvo "como canario huido de su jaula", pero que en el segundo "se afianzó". Tenía poco más de 21 años.

Torra perteneció a la disciplina del Barça hasta el curso 1951-52, siendo esta su mejor campaña, la de las Cinco Copas. Durante este período (1946-52) jugó solo ocho partidos de Liga (un gol, contra el Sporting de Gijón en el último curso), uno de Copa (la final de consolación de 1949, contra el Espanyol), uno de la Copa Latina (la semifinal de 1949, contra el Stade de Reims) y dos de la Copa Eva Duarte (Sevilla y Valencia). En total, 12.

Además de la tremenda competencia que tenía en el FC Barcelona, las lesiones no lo ayudaron. Sufrió una muy importante en la rodilla de la que nunca acabaría de recuperarse al cien por cien. De carácter reservado y humilde, Torra no creó nunca ningún problema a la entidad, ni cuando fue declarado transferible en junio de 1950 junto a Badenes, Canal, Cerveró, Cruz, Isal, Matamala, Noguera, Serratusell y Soto. Con el Barça, club que siempre ha llevado en lo más profundo de su corazón, se proclamó campeón de Liga (1947-48); Liga, Copa Eva Duarte y Copa Latina (1948-49); Copa (1950-51) y Liga, Copa y Copa Latina (1951-52). Durante su estancia en el FC Barcelona, además de los entrenamientos, no olvidó el futuro y entró en el negocio del taxi. Compró dos y él solía conducir uno.

Viendo que no podía jugar, que solo contaba para los partidos amistosos, aceptó una proposición del Hércules en mayo de 1953. Reforzaría al equipo alicantino en la fase de promoción a Primera junto a sus compañeros de equipo Isal y Llevaría. Torra, de los diez partidos de que constó la lucha por el cambio de categoría (entre la España Industrial, Celta, Atlético Tetuán, Deportivo y Avilés), solo jugó cuatro y anotó un gol (ante el Avilés). El cuadro blanquiazul, sin embargo, no lograría el anhelado ascenso y acabaría cerrando la liguilla.

Pudo permanecer en el Hércules, en Segunda, pero Torra, después de hablar con Josep Iborra, exguardameta del FC Barcelona afincado en Puebla (México), tomó la decisión de emigrar para poder seguir jugando. Iborra, en el verano de 1953, viajó a la Ciudad Condal para pasar unos días con familiares y amigos y para jugar un partido de viejas glorias en el campo de la España Industrial. Vino con el presidente del club, Manuel Hidalgo, que tenía la intención de fichar a un extremo y un interior derecha.

Torra llegó a México iniciada la temporada 1953-54 y se enroló en las filas del Puebla FC, dirigido por el vasco Isidro Lángara, con el que logró el subcampeonato azteca. El equipo llegó a la última jornada del torneo con opciones, pero el título acabó en las vitrinas del CD Marte. En México colgó las botas y conoció a su esposa, María Teresa López Pujol, una catalana residente en Puebla. Allí contrajo matrimonio con ella y tuvo dos hijos: Joan y Teresa.

Poco después regresó a Barcelona. Sin embargo, le salió la oportunidad de establecerse en Madrid y no se lo pensó. En la capital española, con el dinero que había ganado en México, montó una tienda de ropa femenina (Rubín) y estuvo muchos años al frente de este negocio. Eso sí, siempre que sus obligaciones se lo permitían, se escapaba y hacía deporte, el motor de su vida. Y seguía con especial atención todos los movimientos de su querido Barça.

Ya jubilado, Torra, entonces también divorciado, regresó a Catalunya para ayudar a su hermana Mercè, que junto a su otra hermana, Pepita, siempre se mostró muy orgullosa de que Miquel hubiera defendido los colores del FC Barcelona. Mercè, por aquel entonces, vivía en El Masnou y allí estuvo unos años. Sin embargo, Torra regresó nuevamente a Madrid. Y allí reside actualmente junto a su hija Teresa, aquejado de una enfermedad neurodegenerativa. Falleció el 18 de mayo de 2014, en Madrid.

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