La proeza de la pequeña tortuga ‘Argonauta’ desde Murcia hasta Grecia

La proeza de la pequeña tortuga ‘Argonauta’ desde Murcia hasta Grecia
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Todo empezó en septiembre de 2019, cuando por primera vez en al menos cien años la tortuga boba (Caretta caretta) hizo una puesta de huevos en las playas de Murcia, concretamente en el parque regional de Calblanque. Las 21 pequeñas tortugas que nacieron entonces fueron criadas en cautividad por los técnicos para asegurar su adecuado crecimiento antes de ser liberadas al mar. Una de ellas, la tortuga ‘Argonauta’, ha sido localizada ahora en Grecia, a donde ha llegado tras más de seis meses de viaje.

El pasado mes de octubre fueron liberados al mar todos estos ejemplares, una vez que ya habían adquirido el peso y las condiciones necesarias para enfrentarse a la vida en libertad.

Seis de las tortugas iban equipadas con un tramisor vía satélite adosado a su caparazón para conocer sus desplazamientos y su situación biológica. Se trataba de un proyecto en el que participaban la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, la Universidad Politécnica de Valencia y la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE).

Estos emisores de satélite, alimentados por minúsculas placas solares, sirven para obtener la posición precisa de los individuos a lo largo de una fantástica travesía marina en busca, probablemente, de las cálidas aguas del Mediterraneo oriental.

ANSE ha realizado un seguimiento detallado de los movimientos de tres de estas tortugas: Caretto, Bobico y Argonauta. Ahora, seis meses después de su liberación, la entidad ha podido reconstruir su vida durante todo este tiempo.

Tras su liberación, las tortugas radio-marcadas por ANSE dieron comienzo a un periplo increíble que les llevó, en primer lugar, a la costa noreste de Argelia, donde las tres hermanas tomaron rumbos distintos.

La primera en separarse fue Caretto, que se detuvo durante varios meses en los alrededores de Ibiza y Formentera. Luego se encaminó hacia Cerdeña, después a Sicilia, para cruzar finalmente hacia la cuenca mediterránea oriental. Fue allí, en aguas de Malta donde, tras varios meses de emisión, se perdió su señal.

Sus hermanas tomaron directamente el paralelo 39 y se encaminaron también hacia Cerdeña y Sicilia. Sin embargo, en el trayecto entre ambas islas, el transmisor de Bobico también dejó de emitir.

La pérdida de la señal de los transmisores no es algo fuera de lo común y no tiene por qué suponer una mala noticia para las tortugas. Las placas solares que permiten el funcionamiento de los emisores suelen cubrirse de vida marina con facilidad y tras cierto tiempo el nivel de energía del emisor suele decaer hasta perderse.

En cambio, la que sí sigue dando señales de vida es Argonauta. Actualmente, y tras seis meses de funcionamiento, Argonauta sigue dando noticias de su posición y a día de hoy se halla en aguas griegas, cerca de la isla de Creta, a más de 2.000 kilómetros en línea recta de su lugar de nacimiento.

La hazaña de Argonauta demuestra la gran movilidad que tienen estos animales a lo largo y ancho del Mar Mediterráneo. Tortugas marinas que vemos en Murcia, Valencia o Baleares podían estar hace unos meses en las islas griegas, en el otro extremo del Mediterráneo.

El gran número y variedad de peligros a los que se enfrentan (ingestión de plásticos, anzuelos, redes abandonadas, pesca furtiva, contaminación…) hacen que este tipo de travesías encierren cada vez más amenazas. De ahí la satisfacción que ha provocado entre los responsables de esta campaña comprobar cómo esta joven tortuga ha llegado ya tan lejos en apenas unos meses.

Con una tendencia poblacional en declive a nivel global, la tortuga boba está catalogada como especie vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

En España, así como en el resto del Mediterráneo, la especie ha sido capturada hasta finales del s. XX para su consumo humano. En la actualidad, sin embargo, la captura accidental en artes de pesca, tanto industriales como artesanales, y enredo en redes abandonadas y basuras marinas, representan probablemente la mayor amenazada que sufre la especie, sin menospreciar, sin embargo, otros factores como la contaminación del mar, la colisión con embarcaciones o la ingestión de plásticos e hidrocarburos.

El cambio climático las hace desovar en España

El cambio climático está cambiando las costumbres la tortuga boba. El progresivo calentamiento de las aguas del Mediterráneo oriental, donde suele anidar esta especie, hace que cada vez se desplace más hacia el extremo opuesto (el levante español) porque allí las aguas son algo más frías. Eso explica el aumento de desoves en playas españolas desde hace unos años, situación muy poco frecuente históricamente.

Y es que el cambio climático, recuerda ANSE, también juega un papel fundamental para el futuro de la especie. Debido a su tamaño relativamente pequeño, a su situación geográfica y a su naturaleza semicerrada, el mar Mediterráneo responde rápidamente a fenómenos atmosféricos y/o a influencias antropogénicas.

En un escenario de condiciones ambientales cambiantes, la tortuga boba está alterando su patrón natural de anidación, circunscrito hasta fechas recientes casi exclusivamente a las cálidas aguas del Mediterráneo oriental, donde destaca Grecia como la zona de nidificación más importante, seguida de Libia, Turquía, Túnez y Siria.

De este modo, el litoral español no representa un lugar histórico de anidación para la especie y las hembras que llegan a nuestra costa a desovar tienen ante ellas un reto de considerables proporciones.

Para ANSE, la reproducción de la tortuga boba en nuestra costa proporciona una oportunidad única para conseguir impulsar la naturalización de una parte del litoral urbanizado. La Manga es un buen ejemplo, donde a pesar de la presión humana el pasado verano se produjo otra puesta de tortuga boba.

Recuperar el Dominio Publico Marítimo Terrestre invadido, así como mejorar el estado arenales y dunas, reduciendo el uso de maquinaria pesada de limpieza durante la época de cría, son sólo algunas de las medidas necesarias para conseguir que otros muchos nidos de tortuga puedan salir adelante en nuestras playas.

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