Pogacar ya da el primer aviso en las calles de Copenhague

Pogacar ya da el primer aviso en las calles de Copenhague

Pogacar y su equipo, multados
Pogacar y su equipo, multados | AFP

Yves Lampaert se llevó la contrarreloj y este sábado lucirá de amarillo por carreteras de Dinamarca

El bicampeón de la prueba sacó tiempo a todos sus rivales

Lo tenía todo, absolutamente todo, preparado Tadej Pogacar para iniciar el camino hacia su tercer Tour consecutivo vestido de amarillo. Faltaban tres horas para que se iniciara la contrarreloj inaugural de la carrera cuando un auxiliar de su equipo, el Emirates, colocaba su bici, junto al rodillo, en la zona del podio y al lado del sillón caliente donde el ciclista con mejor tiempo iba a aguardar impaciente el resultado del cronómetro. Pogacar tenía allí su bici de recambio preparada para que calentase músculos si se se daba el caso de que vencía de inicio y ya se vestía de amarillo.

Quiso Pogacar ganar la contrarreloj. Sabía que podía ser más rápido que Filippo Ganna, el campeón del mundo. Tenía claro que debía arriesgar entre calles plagadas de pintura blanca, de carriles bicis y de charcos de agua que convertían al circuito diseñado en Copenhague en un auténtico peligro. Pero cuando uno está mentalizado para ganar el Tour de lo último que se acuerda es de tocar el freno

Quería ganar pero en su camino se cruzó primero Wout van Aert, el corredor (casi) perfecto, y luego otro sorprendente belga, con el que no se contaba para nada, Yves Lampaert, que se llevó la contrarreloj y que este sábado lucirá de amarillo por carreteras de Dinamarca. 

Vibraba y chillaba Copenhague. Se retiraba el sol con aire mediterráneo que había calentado la ciudad con los preparativos del Tour y la capital danesa se convertía en una localidad típica de Escandinavia: agua, paraguas y hasta sensación de frío.

La hora de la verdad

Vibraba y chillaba Copenhague cuando a las 17.05 horas, 55 minutos después de ponerse en marcha la contrarreloj, Pogacar oficializaba el inicio de la carrera cuando dejaba a su auxiliar la toalla que llevaba al cuello, como si fuese un boxeador que se preparaba para saltar al cuadrilátero. Salía detrás de Ganna, que si este viernes no se vistió de amarillo, difícilmente lo conseguirá de aquí a París, y de Van Aert. Iban a ser los mejores instantes de la carrera. Los tres corrían para superar los tiempos de Mathieu van der Poel, que salió cuando el asfalto estaba más seco y todos sabían que lo harían mejor que Primoz Roglic, más que correcto pero sin opciones de ganar la etapa. Y, por supuesto, tenían claro que por flojo que lo hicieran darían el primer látigo en forma de segundos de oro a los escaladores, que ni quisieron (como Enric Mas, 49 segundos peor que Tadej), ni pudieron correr en los tiempos de Pogacar.

El Tour comenzó como acabó el año pasado. Si en 2021 se corrió bajo la tiranía deportiva de un chaval que ahora tiene 23 años, que hizo lo que quiso, que atacó a sus rivales cuando le dio la gana, que no dejó ni una victoria en los Pirineos, en 2022 se apunta un guion parecido por mucho que el Jumbo, en la contrarreloj, sacara músculo hasta el punto de que igual hay un problema (bendito problema por cierto) en sus filas. El danés Jonas Vingegaard, segundo el año pasado, hizo mejor tiempo que su jefe Roglic, aunque fuera solo un segundo menos.

Lampaert paseará este sábado el jersey amarillo en la etapa del puente, del Gran Belt, 18 kilómetros de viento racheado sobre el mar, otro territorio para que los escaladores como Mas sufran. Y de lo lindo.