Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

FAMOSOS

La profesora de Carlos Alcaraz recuerda cómo era de niño: "Era muy competitivo, no quería perder ni a las chapas"

La infancia del tenista murciano estuvo marcada por una ambición precoz y un carácter competitivo que ya anticipaba la figura que hoy lidera el relevo del tenis español

Carlos Alcaraz sorprende al entrenar con un ojo tapado y tiene sus razones

Carlos Alcaraz sorprende al entrenar con un ojo tapado y tiene sus razones / Atlas News

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Mariona Carol

Mariona Carol

Desde El Palmar, su pueblo, Carlos Alcaraz creció como un niño más, pero con una determinación poco común. Su entorno escolar ya detectaba una energía especial, una mezcla de ambición y disciplina que lo acompañaría durante toda su carrera.

Según recuerda su profesora Loli Moreno, el pequeño Carlos asumía sacrificios impropios de su edad: jornadas interminables de entrenamiento, cansancio acumulado y una rutina que él mismo defendía con convicción.

Carlos Alcaraz de pequeño

Carlos Alcaraz de pequeño / Archivo

"Seño, termino tan cansado que no veo ni los dibujos animados", le confesó en una conversación que ella aún conserva intacta. Ante la pregunta de si merecía la pena, Alcaraz respondía sin titubeos: "Sí, quiero ser tenista".

Competitividad innata y aprendizaje emocional

La profesora recuerda que la competición formaba parte de su ADN desde muy pequeño. "Era muy competitivo, no quería perder ni a las chapas", afirma. Pero aquella intensidad no se traducía en arrogancia ni en malos gestos. Moreno destaca que el murciano era un alumno ejemplar, capaz de dar el cien por cien en cada actividad, académica o deportiva.

Sus profesores y familiares trabajaron con él la gestión emocional: aprender a ganar sin humillar y a perder sin derrumbarse. Una base que, según Moreno, ha sido clave en su madurez profesional y en su capacidad para afrontar momentos de presión, lesiones o derrotas.

La lesión, la paciencia y el proceso

La reciente lesión ha sido un golpe duro para el tenista, que confesó sentirse frustrado al ver competir a sus rivales desde casa. Sin embargo, Alcaraz ha transformado esa pausa en una oportunidad para reforzar su mentalidad.

Carlos Alcaraz de pequeño

Carlos Alcaraz de pequeño / Archivo

"Todo pasa por algo, no hay mal que por bien no venga", reflexionó en el Princesa de Girona Congresfest, convencido de que el destino guarda algo positivo para su regreso.

En ese mismo encuentro lanzó un mensaje a los jóvenes deportistas, una especie de síntesis de todo lo aprendido desde su infancia: "Lo bonito es el proceso y el camino. Ver qué fallas y volver a intentarlo". Una filosofía que él mismo aplica y que conecta directamente con aquel niño que entrenaba hasta no poder ver dibujos animados.

Un camino construido desde la ilusión

Alcaraz insiste en la importancia de pensar en grande, de perseguir los objetivos con ilusión y de disfrutar cada paso, independientemente del resultado final. "Que os hayáis quedado con un camino muy bonito recorrido con una sonrisa", concluyó ante el aplauso del público.

Carlos Alcaraz de pequeño

Carlos Alcaraz de pequeño / Archivo

La historia que hoy recuerda su profesora no es solo la de un niño competitivo, sino la de un deportista que aprendió a transformar esa energía en una carrera sólida, paciente y consciente. Un camino que, pese a las pausas y las lesiones, sigue apuntando hacia la cima del tenis mundial.