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Nadal sufre ante Tsitsipas pero se lleva el Masters 1000 de Toronto

El tenista manacorí, sin piedad y sin rival durante buena parte del partido, se tuvo que poner las pilas en la segunda manga para cerrar un duelo que se le complicó

El próximo reto del 33 veces campeón de un Masters 1000 y número uno mundial es el torneo de Cincinnati

Nadal sigue agrandando su leyenda
Nadal sigue agrandando su leyenda | AFP

Coser y cantar, aunque solo parcialmente. Rafa Nadal se adjudicó la final del Masters 1000 de Toronto (6-2 y 7-6 (4) en 101 minutos). El manacorí pasó por encima de la revelación griega Stefanos Tsitsipas, y sumó a su palmarés el Masters número 33 y el título 80 de su carrera. El tenista ateniense, que no pudo soplar las velas con alegría en el día de su 20 cumpleaños, cuajó una montaña rusa emocional de partido, con un inicio prometedor, un nudo de desquicie y un desenlace sensacional que alargó contra pronóstico, sin final feliz eso sí.

Sergi Montes

Todo pintaba que reeditarían la final del Open Banc Sabadell de Barcelona. En ella, el primer enfrentamiento entre ambos, Nadal vapuleó al heleno en apenas 80 minutos. Sin embargo, con 5-4 y servicio a su favor –sin rotura previa-, el heleno se puso 5-5 y llevó el segundo set al tie break.

Para llegar a la final en Toronto, el griego superó a cuatro 'top tens', Thiem (8º), Djokovic (10º), Zverev (3º) y Anderson (6º), lo que le ha servido para pasar del puesto 27º del ranking a colarse entre los 15 mejores del mundo. Pero lo de ayer fue harina de otro costal. Nadal evidenció que está varios peldaños por encima de unas de las mayores promesas del panorama tenístico, pero lo hizo solo hasta el momento decisivo del segundo set. En las rondas anteriores Paire, WawrinkaCilic y Khachanov hicieron lo que pudieron ante el número uno global, y ayer el balear pareció no dar ni un resquicio de opción para conquistar su cuarto entorchado en Canadá (2008, 2012, 2013 y ahora 2018). Sin embargo, ‘Tsi’ se envalentonó y llevó el partido a un tie break que no pudo conquistar por muy poco.

El inicio dejó una imagen de partido algo engañosa por lo que vino después. Nadal, que solo perdió un punto en todo el primer set, tuvo un delante un muro en los tres juegos iniciales. Pero ya. A partir de la primera rotura de servicio en la tercera opción de Rafa, el 1-2 y la seguridad en el saque de Nadal obnubilaron a un Stefanos Tsitsipas incapaz de rebatir el argumentario tenístico del manacorí.

Ambicioso pero tierno, el heleno fue cediendo terreno a medida que el número 1 del mundo le hacía un roto en cada juego. La eficacia de lo sencillo en Nadal, unido a sus excelentes primeros y a los malos restos de ‘Tsi’, hicieron el resto. Juegos en blanco, derechas siempre ganadoras y un primer set que, tras maquillarlo el griego con el 5-2, lo culminó el balear en apenas 34 minutos de juego.

El griego despertó a tiempo

Sobre la pista del Rexall Tennis Centre el huracán Nadal era imparable, y de no resetear el prometedor tenista ateniense se vería abocado a “regalar” la final antes de tiempo. Sin embargo, el arranque de la segunda manga pareció el título de una película: “Un griego perdido en Toronto”. El español, sin despeinarse, le rompió el servicio ya de inicio. La desconexión del ateniense era imparable, fuera de sí como estaba. Le faltaban tablas, claro está, una experiencia que ganará con los años que no tiene.

Con el break, un resto al pie, una derecha a las nubes y otro juego en blanco le dio el 2-0 continuista a Rafa. El resorte del manacorí, inmaculado, solo se dio alguna concesión con los servicios de su rival, que no se amilanó y fue capeando el temporal con el 2-1, el 3-2, el 4-3 y el 5-4. Mejoró sus prestaciones el heleno, pero la sangría de los saques de Nadal era imparable. A pesar de unos únicos y postreros momentos de duda al cierre del set y partido, el líder de la ATP solventó un 15-40 adverso.

Pero los titubeos empezaron y de qué manera con 5-4 a su favor. ‘Tsi’ hizo lo que parecía imposible, romperle el saque a Rafa, y obligó a llevar el duelo al tie break. E incluso pudo ser peor, porque el ateniense dispuso de una bola de set a su favor. Al final, el combate a errores no forzados se lo agenció el balear, que pudo respirar y celebrar el título tranquilo.

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