TENIS
El día que Nadal y Djokovic reescribieron la historia del Open de Australia: casi seis horas, calambres y un discurso inédito
En enero de 2012 Novak Djokovic y Rafael Nadal protagonizaron la final más larga de un Grand Slam; un duelo de casi seis horas que marcó a una generación y elevó su rivalidad a la categoría de leyenda

Djokovic y Nadal, con sus respectivos trofeos / EFE

El 29 de enero de 2012, Novak Djokovic y Rafael Nadal protagonizaron en Melbourne su 19.º duelo y séptima final de Grand Slam. El serbio, número uno del mundo y dominador del circuito, llegaba con una racha de siete victorias consecutivas ante el español. Nadal, número dos, buscaba romper esa dinámica y reconquistar un título que no ganaba desde 2009. Desde el primer peloteo, la Rod Laver Arena entendió que aquella noche iba a ser diferente.
Nadal se llevó el primer set por 7-5 tras más de 80 minutos de intercambios constantes y roturas cruzadas. Djokovic reaccionó en el segundo, igualó el partido y se adueñó del tercero con un 6-2 que parecía marcar el camino. Pero el balear, fiel a su identidad, se negó a desaparecer. Salvó bolas de break, resistió una interrupción por lluvia y se llevó el cuarto set en el ‘tie-break’, empujando la final hacia un territorio desconocido para ambos.
El quinto set fue una batalla física y mental sin precedentes. Rafa se adelantó 4-2, Djokovic respondió y el marcador se clavó en un 4-4 eterno. Entonces llegó el punto que resumió la final: un peloteo de 31 golpes que dejó al serbio tendido en el suelo y al español apoyado en las vallas, ambos al límite.
'Nole' reconocería después que en ese momento “pasaban mil pensamientos por la cabeza” y que tuvo que obligarse a pensar solo en el siguiente punto. Nadal lo describió con su crudeza habitual: "Miras el reloj, ves cinco horas, cuatro horas… parece que nunca va a acabar, pero es bonito estar ahí luchando. Siempre digo que hay que disfrutar sufriendo".
El mallorquín tuvo una oportunidad clara para colocarse 5-2, pero una volea se marchó fuera. Djokovic sobrevivió, salvó una bola de rotura con un revés decisivo y, tras cinco horas y 53 minutos, cerró la final por 5-7, 6-4, 6-2, 6-7 y 7-5. Eran la 1:37 de la madrugada. El serbio celebró arrancándose la camiseta; Nadal se apoyó en la red, exhausto.

Djokovic rompió su camiseta para celebrar su victoria en la final ante Rafa Nadal / EFE
Ambos necesitaron sentarse durante la entrega de trofeos por los continuos calambres que sufrían de pie durante los discursos de las autoridades y espónsors.
En el micrófono, Djokovic fue directo: "Hicimos historia esta noche. Eres uno de los mejores jugadores de siempre. Ojalá tengamos muchos más partidos y finales como esta". Nadal respondió con una sonrisa cansada: "Nunca olvidaré este partido. Aunque perdí, fue algo realmente especial para mí".
"El partido más duro"
Horas después, ya de madrugada, Nadal admitió que había sido "el partido más duro" de su carrera. "Tuve mis oportunidades contra el mejor del mundo y no me sentí inferior", explicó, dejando una reflexión poco habitual tras una derrota: "Perder no me gusta, pero esta es una de las derrotas con las que estoy más contento". Djokovic coincidió en la valoración: "Jugamos casi seis horas. Eso es increíble". Y fue más allá al describir la experiencia: "Estás en dolor, sufres, intentas activar las piernas… pero aun así disfrutas ese dolor". Incluso bromeó con la hora: "No sé si quiero desayunar".

El tenista español Rafa Nadal pronuncia unas palabras tras la final del Abierto de Australia / EFE
El resultado dejó cicatrices. Nadal encadenó su tercera final de Grand Slam perdida de forma consecutiva y rompió su racha perfecta cuando ganaba el primer set. Djokovic, en cambio, sumó su quinto grande y el tercero seguido, consolidando su hegemonía. Pero más allá de estadísticas y títulos, aquella noche elevó su rivalidad a mito.
El público abandonó la Rod Laver Arena casi al amanecer, consciente de haber asistido a algo irrepetible. Para los aficionados españoles, aquella final sigue siendo un símbolo de lucha, orgullo y respeto. La imagen de Nadal y Djokovic abrazándose tras seis horas de batalla resume mejor que ninguna otra qué significa competir hasta el límite.
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