Tenis
Boris Becker: "Sinner me pidió que lo entrenara, le recomendé a Cahill"
El excampeón alemán tuvo que rechazar en 2022 la oferta del italiano porque estaba a punto de conocerse la sentencia que poco después lo enviaría a una prisión londinense

Becker, en una imagen del año 2024 / EFE
Boris Becker, quien fuera en 1985 el campeón más joven de la historia de Wimbledon, vivió una auténtica caída a los infiernos que en 2022 le llevó a prisión tras ser declarado culpable de cuatro cargos en virtud de la Ley Concursal británica. Justo antes de que se conociera su sentencia, el excampeón alemán recibió una propuesta interesante que tuvo que rechazar por su futuro incierto.
Según explicó el propio Becker en una entrevista al 'Corriere della sera', en enero de 2022 Jannik Sinner le pidió que fuera su entrenador. "Pensaba que era un secreto... Nunca hablé de ello. Es cierto", confesaba el extenista a la pregunta de la entrevistadora. Por entonces el de San Candido estaba entrenado por Piatti y buscaba nuevos aires, pero Becker tuvo que rechazar la propuesta porque en dos meses se conocería la decisión del tribunal de Londres. "Le dije a Jannik: No sé cómo terminará esto, no puedo comprometerme", explica el alemán que, por otro lado, "no quería dejarlo en la estacada, así que le di un par de nombres: uno era Darren Cahill. Para mí, el mejor".
"Estaba convencido de que Jannik podía llegar a ser el mejor. En aquel momento, necesitaba mejorar su saque y su juego de pies, pero era único; sus capacidades mentales ya eran increíbles", valora Becker, despejando la idea de ser entrenador del italiano si Cahill se retira al final de temporada. "Hoy estoy en una etapa diferente de mi vida; mi familia está creciendo, tengo un nuevo negocio. No quiero estar tanto tiempo de viaje, y quizás el papel de entrenador empieza a resultarme demasiado limitado", afirmó.
De cualquier manera, Becker tiene claro que él mismo "no hubiera podido hacerlo mejor que Cahill y Vagnozzi. No era famoso cuando lo seleccionaron en el draft, pero pocos entienden el juego como Simone. El éxito del equipo Sinner habla por sí solo. Y es increíble, considerando que Jannik solo lleva jugando en serio desde los 13 o 14 años".
Dopaje y Copa Davis
El germano se pronunció también sobre la acusación de dopaje que mantuvo a Sinner fuera de las pistas durante varios meses. "El dopaje es totalmente ajeno a su estilo. Me genera menos confianza la gente que quizás solo tuvo una temporada extraordinaria en tierra batida o que pareció fenomenal durante dos o tres torneos. Ese tipo de cosas huelen mal. Pero Jannik lleva años entre los mejores; a los grandes se les hacen controles", apuntó al respecto, afirmando que "es una vida infernal: 365 días al año, tienen que revelar dónde duermen y comen. Imagínate que estoy con una chica en Cipriani y vienen a hacerles el control... Una locura. El antidopaje hoy en día es una enorme restricción a la libertad".

Jannik Sinner, tras ganar a Ben Shelton en París / Associated Press/LaPresse / LAP
Otro de los temas de actualidad respecto a Sinner es su baja del equipo italiano de Copa Davis, una decisión que comprende Becker. "Entiendo que Nicola Pietrangeli (extenista italiano) no esté de acuerdo. Gané la Copa Davis dos veces, en el 88 y el 89: no jugué al año siguiente. Necesitaba una semana más de descanso y sentía que ya había hecho suficiente por mi país. Igual que Jannik", comenta al respecto. "En Italia, todos quieren un pedacito de Sinner. Lo invitan a Shanghái, Riad, Viena. A partir del próximo domingo, le pedirán que vuelva a ganar las Finales en Turín", recordando la presión constante a la que se ven sometidos los tenistas.
Un nuevo Becker
Tras ocho meses en la prisión de Wandsworth, situada tan solo a unos metros de las instalaciones del Grand Slam londinense, el excampeón alemán se trasladó a Milan donde vive junto a su esposa, Lillian. "Surgió de la nada y era diferente a cualquier otra mujer que hubiera conocido. Para empezar, no sabía quién era Boris Becker. Al principio, casi me ofendí, pero luego pensé que ahí radicaba la verdadera magia. Me fue descubriendo poco a poco, y ya no me sentí obligado a fingir. Por fin pude ser yo mismo y permitirme un poco de honestidad. Basta de máscaras: ya las he usado todas, no quiero más. Este soy yo, le dije", explica sobre el inicio de la relación con su mujer, con la que espera a su quinto hijo.
En la extensa entrevista con el rotativo italiano, Becker repasó también su paso por prisión. "Ahora sé que pueden ponerme en la peor situación posible y encontraré la manera de salir", afirma sobre el aprendizaje que le ha aportado el tiempo entre rejas. "¿Por qué yo, el campeón más joven de Wimbledon de la historia, acabo en prisión 40 años después? Siempre he sido una rompedor de esquemas. Es mi historia", explica, antes de repasar cómo acabó en Wandsworth.
"La ley de bancarrota en el Reino Unido es muy diferente a la alemana o la italiana: en su país, me habrían multado. Tenía un préstamo de un banco inglés y, a cambio, había cedido mis derechos de imagen. Ese préstamo también estaba garantizado por una finca en Mallorca. El banco no tuvo que recurrir a los tribunales ni forzarme a la bancarrota. De hecho, dos años después de la bancarrota, le devolví al banco hasta el último céntimo", relata. "Ese préstamo tenía un interés del 25%. Cometí errores. La bancarrota fue un shock", afirma.
Para sobrevivir en la cárcel Becker, quien recientemente ha publicado su biografía 'Inside', tuvo que echar mano de su mejor virtud en el tenis, su capacidad de observación. "Mi fuerte en el tenis era mi estrategia. Cuanto más duraba el partido, más me metía en la cabeza de mi rival. Y otra cosa: sé leer el ambiente. Sé quiénes son los tipos duros, en qué son buenos: los identifico en cuestión de segundos", afirma.
La estancia en prisión, pese a todo, no fue fácil e incluso llegó a temer por su vida en dos ocasiones. Regresé del comedor y vi a un tipo nuevo en la celda de mi vecino y amigo Ike, un gigante musculoso con mucha influencia. Nunca se hace eso: la celda es una zona segura. Así que le dije: 'Oye, ¿qué haces ahí?'. Se dio la vuelta, yo tenía la bandeja de comida en la mano, y empezó a gritarme, a acercarse. Le respondí de la misma manera. Por suerte, siete u ocho de ellos me alcanzaron por detrás y me protegieron; no les contaré lo que les hicieron. Y me llevaron de vuelta a la celda. Ike también llegó; lo conocía de antes y se disculpó por él. Estaba conmocionado; ¡por poco me pasa algo!".
"Tres días después, vino a la lavandería donde trabajaba Ike: se arrodilló ante mí, me pidió disculpas y me besó la mano.Yo formaba parte de un grupo respetado. Y había que recuperar ese respeto, o el chico no habría tenido ninguna oportunidad", explica, afirmando que "las cárceles las dirigen los presos, no los guardias. Nadie tiene ni idea de lo que pasa allí dentro".
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