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Las apuestas deportivas acechan sin freno: "O pierdes o secuestro a tu familia"

Estudios recientes desvelan un preocupante ascenso en el porcentaje de jóvenes que tienen las apuestas deportivas como parte de su día a día. En el tenis, ya es más del 40% el abuso que llega a los jugadores por parte de apostadores

Medvedev enfadado en Wimbledon

Medvedev enfadado en Wimbledon / EFE

Albert Briva

Albert Briva

El auge de las apuestas deportivas entre jóvenes y adolescentes no solo está generando una creciente preocupación social y sanitaria, sino que también está teniendo un impacto directo y cada vez más visible en el deporte profesional. El tenis, uno de los deportes más vinculados al mercado de las apuestas, se ha convertido en uno de los principales damnificados de esta expansión descontrolada del juego.

Los datos publicados recientemente confirman que las apuestas forman ya parte del ocio habitual de miles de jóvenes. En España, alrededor del 20 % de los adolescentes de entre 14 y 18 años ha participado en juegos de azar online, una cifra que se dispara entre los hombres y que alcanza hasta el 60 % si se amplía la franja a jóvenes de entre 16 y 25 años. La accesibilidad a través del teléfono móvil, la normalización del juego en redes sociales y la promesa de dinero rápido han facilitado un escenario en el que apostar se percibe como una extensión natural del consumo deportivo.

Sin embargo, este fenómeno no se queda en el ámbito privado. En los últimos años, el tenis profesional ha sido testigo de un incremento alarmante de amenazas, insultos y presiones dirigidas a tenistas, especialmente a través de redes sociales. Jugadores y jugadoras, muchos de ellos jóvenes o fuera del circuito mediático, han denunciado mensajes que van desde el acoso verbal hasta amenazas explícitas de muerte, tanto contra ellos como contra sus familias.

Organismos internacionales y asociaciones de jugadores han alertado de que esta situación está deteriorando la integridad del tenis. No solo por el aumento de los casos de acoso, sino también por la presión psicológica constante que sufren los deportistas, especialmente aquellos que no cuentan con grandes recursos ni apoyo mediático. Para muchos jóvenes tenistas, las amenazas tras una derrota se han convertido en parte habitual del día a día, con consecuencias directas sobre su salud mental y su rendimiento deportivo.

UN EPISODIO EXTREMO

El episodio protagonizado por el tenista español Nikolas Sánchez Izquierdo ha encendido las alarmas sobre la creciente vinculación entre apuestas, agresiones y violencia hacia jugadores profesionales.

Sánchez, de 26 años y número 279 del ranking ATP, denunció la semana pasada que, antes de disputar un partido de octavos de final en el Challenger 125 de Rosario, recibió mensajes intimidatorios en su teléfono móvil exigiéndole que perdiera deliberadamente el encuentro. En el texto, los amenazantes no solo sabían detalles personales y direcciones de su familia, sino que amenazaban con daño físico si no accedía a la petición.

Me invitan a perder el partido. De lo contrario, mi familia será secuestrada y yo sufriré graves consecuencias

Nikolás Sánchez Izquierdo

— Tenista español

"Me dicen que tienen localizada a mi familia, me escriben sus nombres completos, tanto de mis padres como de mi hermano. Me escriben el domicilio familiar explícito: calle, portal, piso y puerta. Me invitan a perder de manera disimulada el partido que voy a jugar, pero que no se me ocurra decir nada, de lo contrario mi familia será secuestrada y yo sufriré graves consecuencias" ha detallado recientemente el tenista en una entrevista a 'Punto de Break'.

Nikolás Sánchez Izquierdo

Nikolás Sánchez Izquierdo / ATP

El tenista presentó la denuncia ante la policía argentina y las autoridades del torneo activaron protocolos de seguridad, lo que provocó que su partido se retrasara más de una hora, se jugara a puerta cerrada y bajo custodia policial. A pesar de la tensión, Sánchez compitió y perdió 7-5, 6-4, pero decidió no presentarse en la prueba de dobles y regresar a España tras los hechos.

FENÓMENO GLOBAL

El caso de Sánchez no es una excepción aislada ni un episodio localizado en la periferia del tenis mundial. Distintos informes y testimonios de jugadores profesionales han mostrado que el abuso y las amenazas vinculadas a apuestas se han convertido en parte de la experiencia de muchos tenistas. Según datos recopilados por sistemas de monitoreo de redes sociales, aproximadamente 40 % del abuso online dirigido a profesionales del tenis proviene de apostadores frustrados por sus pérdidas, incluidos mensajes violentos y amenazas de muerte que se propagan tras cada derrota.

Jugadores como Katie Boulter han relatado públicamente haber recibido amenazas explícitas, algunas incluso deseando enfermedad o muerte a ella y a sus familiares tras resultados desfavorables para quienes tenían apuestas puestas. "Son cosas que no le desearía ni a mi peor enemigo" explicó

El terrible acoso en redes a la tenista Katie Boulter tras un partido: “Espero que tengas cáncer”

El terrible acoso en redes a la tenista Katie Boulter tras un partido: “Espero que tengas cáncer” / EFE

Además, hay ejemplos documentados de otros tenistas que han compartido capturas de mensajes intimidatorios de apostadores, así como casos en torneos del circuito Challenger donde atletas han sido acosados en sus redes sociales por perder encuentros que figuraban en apuestas populares.

La proliferación de estas amenazas —desde insultos y abusos online hasta advertencias directas con datos personales— está generando un efecto corrosivo tanto en la salud mental de los atletas como en la percepción pública del tenis. Para muchos profesionales de circuitos menores, que ya enfrentan condiciones económicas precarias, sumarle la presión de apuestas que condicionan resultados convierte su carrera en una experiencia aún más incierta y vulnerable.

Además, la implicación de apuestas en el deporte ha desatado investigaciones y sanciones por posibles manipulaciones de partidos en distintos niveles del tenis profesional, con casos de suspensiones y procesos judiciales en marcha en varios países.

Organismos como la WTA y la ITF han exigido respuestas por parte de la industria de apuestas y de las plataformas de redes sociales para abordar de forma más efectiva el acoso y las amenazas vinculadas a las pérdidas económicas de los apostadores.

El vínculo entre ambos fenómenos es claro: una generación cada vez más expuesta a las apuestas deportivas, con escasa percepción del riesgo, alimenta un entorno tóxico en el que la frustración por la pérdida económica se transforma en violencia digital. Expertos en salud pública advierten de que iniciarse en el juego a edades tempranas aumenta la impulsividad y reduce la capacidad de gestionar la frustración, un cóctel que encuentra en las redes sociales un canal inmediato para el ataque.

Mientras las instituciones deportivas reclaman mayor protección para los jugadores y un control más estricto del mercado de las apuestas, el debate sobre la regulación sigue avanzando lentamente. Entre tanto, el tenis paga un precio elevado: pérdida de imagen, erosión de sus valores y un clima de hostilidad que amenaza con alejar a jóvenes talentos y aficionados.

La expansión de las apuestas deportivas ya no es solo una cuestión de ocio juvenil o de mercado económico. Es un problema estructural que conecta directamente con la violencia, el deterioro del deporte y la necesidad urgente de actuar antes de que las consecuencias sean irreversibles.

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