El 2012 de Rafa Nadal: Un ejercicio de superación

Neus Yerro

Primero llegó la superación en la pista. Porque el tenista de Manacor arrastraba una 'lacra' de la temporada anterior: Novak Djokovic. El tenista serbio le había, como diríamos coloquialmente, sorbido el seso a Nadal. Rafa mostraba ante 'Nole' una actitud negativa, no creía en sí mismo ni en sus posibilidades, en ocasiones, incluso, bajaba los brazos, algo que, hasta entonces, no había sucedido jamás.

Seis derrotas consecutivas en otras tantas finales le habían hecho daño a Rafa: “me hizo tener dudas, ansiedad.. y dejo de tener la intensidad, el ritmo que va agobiando a los rivales”, explicaba recientemente en una entrevista al programa 'Tie Break' de Canal+. El tercer set de la final del US Open 2011 le mostró el camino. Y lo fue siguiendo hasta llegar a otra gran final, la de Australia 2012. No la ganó “porque no le había ganado antes pero salí de la pista, tras seis horas de partido y cansado, contento de mi mentalidad, de haberle llevado de nuevo al límite y de haberle hecho sentir que le podía volver a ganar”. Sólo era cuestión de esperar el momento. Y ese momento llegó en el 'territorio Nadal', la tierra batida. Montecarlo, Roma y Roland Garros cambiaron la dinámica: tres de tres para Nadal ante un Djokovic que en el Foro Itálico y en París mostró su mejor versión. Pero esta vez ya no fue suficiente.

Con las alas que otorga un séptimo cetro, histórico, único, en Roland Garros, se perfilaba un verano intenso, con los llamados 'cuatro fantásticos' en plenitud de condiciones. Pero entonces llegó el mazazo para Nadal: una lesión en la rodilla, esa zona tan sensible de su cuerpo, su talón de Aquiles particular. El 28 de junio en Wimbledon disputó su último partido de 2012. Cayó ante el checo Lukas Rosol, una derrota que sorprendió. Después se supo que Rafa sufría una rotura en la inserción del tendón rotuliano de su rodilla izquierda. Una dolencia dolorosa y lenta en su recuperación. Se iniciaba entonces el ejercicio de superación fuera de las pistas.

Porque tuvo que renunciar a citas tan importantes como los Juegos Olímpicos, donde, además, iba a ser el abanderado de la delegación española. No iba a poder defender el oro que tan brillantemente ganó en Pekín y que le llevó al número uno mundial. Tampoco podría competir en el último Grand Slam de la temporada, el US Open... y las renuncias se fueron sucediendo semana tras semana.

Así pasaron tres meses en los que Rafa no observó apenas ninguna mejora. No podía entrenarse en pista pero no dejó de ejercitarse a diario en el gimnasio. Fueron los momentos más duros, la incertidumbre, las dudas, el no poder competir... Por fortuna, el trabajo mental en el caso de Nadal ya estaba hecho y aunque es lógico que haya habido altibajos en el proceso, ha sabido buscarse modos de distraerse, de no obcecarse con la situación, anómala y desagradable para cualquier deportista cuyo mayor deseo es competir.

No perdió el contacto con el mundo del tenis, se dedicó a practicar algunas de sus aficiones, como el golf, un deporte que los médicos no le desaconsejaron, y a disfrutar de los suyos, de su familia y sus amigos... sin olvidarse de la rehabilitación, un desgaste mental diario. Y ante sí tiene un nuevo reto: volver tras seis meses de ausencia. Sabiendo que las prisas son malas consejeras.

Una infección estomacal, ya lo dicen, no hay dos sin tres, ha puesto el punto final al año. Nadal ha echado de menos el tenis... y el tenis le ha echado de menos a él. Hay 'hambre' de Rafa Nadal.

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