Fracaso de la Superliga: las claves de una guerra que acaba de empezar

La paralización de la polémica competición ha iniciado un partido en los despachos con muchos participantes que promete alargarse

Repasamos las cuestiones más importantes que organismos rectores y clubes tendrán que negociar en las próximas semanas

Balones de la Champions League sobre un terreno de juego
Balones de la Champions League sobre un terreno de juego | Valentí Enrich

El ambicioso proyecto de la Superliga ha fracasado. Florentino Pérez, principal ideólogo e impulsor de una competición con problemas de forma, fondo y estrategia, se ha quedado prácticamente solo. El FC Barcelona, que ha pedido un período de reflexión y cederá la responsabilidad de tomar una decisión a sus socios, es el único club fundador que, junto con el Real Madrid, no se ha desmarcado del torneo. Las presiones institucionales y las protestas de los aficionados han paralizado un campeonato que ha tenido menos de 72 horas de vida. La guerra en el fútbol continental que empezó con la bomba en forma de comunicado de los principales equipos españoles, ingleses e italianos, sin embargo, está lejos de culminarse. Acaba de empezar.

“El problema no ha acabado. Ni mucho menos. Si un intermediario como la UEFA no aporta valor ni conocimiento y además se lleva un 40% de los beneficios de los clubes, es lógico que éstos quieran organizar los campeonatos y renegociar los ingresos. Nos encontramos en el inicio de un proceso de desintermediación”, opina Marc Ciria, financiero experto y director general de Diagonal Inversiones. Según el también integrante de la candidatura de Joan Laporta a las elecciones a la presidencia del Barça de 2015, el fútbol ya hace “mucho tiempo” que no es de los aficionados. Lo sustenta con algunos ejemplos como los horarios intempestivos de los partidos de la LaLiga “para que puedan verse en países lejanos” y la Supercopa de España en Arabia Saudita o el Mundial en Qatar. “Los propietarios administran una marca de alquiler que a nivel accionarial es suya, pero que a sentimental nunca lo será”, apunta Marc Menchén, fundador de ‘2Playbook’ y experto en la industria de la economía del fútbol, sobre el poder de los seguidores.

Para Ciria, la pregunta que hay que hacerse ahora mismo es si el deporte rey pertenece a los clubes. “Yo creo que sí. ¿Quién se endeuda? ¿Quién vende a jugadores para balancear sus números y al mismo tiempo hace malabarismos para competir al máximo nivel?”, argumenta. “Los equipos han pedido ayudas a la UEFA por el coronavirus. Sus ingresos han caído en picado en los últimos meses. No han recibido ninguna respuesta y se han rebelado porque son los que aportan riqueza al negocio. Se quieren sentar en la mesa y decidir todo lo que tenga que ver con la competición. Quieren convertirse en protagonistas, pasar de ser una comparsa a romper el tablero y hacer uno nuevo”, considera sobre el órdago que se lanzó durante la larga noche del pasado domingo. “Ahora empezarán la negociaciones. Lo que ha quedado claro es que es necesaria una reforma de la pirámide competitiva. Clubes muy importantes del continente han enviado un aviso y ahora todas las partes involucradas en el conflicto tienen que jugar sus cartas”, reflexiona Menchén.

Un debate con muchos puntos conflictivos

Según el director de ‘2Playbook’, comunidad de profesionales de la industria del deporte, una de las principales cuestiones que tendrán que acordar los organismos reguladores y los equipos es “la compensación por la cesión de futbolistas, los activos que más dinero les cuestan anualmente a los segundos entre salarios y amortizaciones, a las selecciones nacionales”. “En el ciclo 2018-2022, la cantidad que la UEFA repartirá a los clubes por esta partida será de unos 200 millones de euros. Durante estos años, la FIFA tiene previsto ingresar más de 5.400 millones . Hay mucha diferencia entre ambas cifras”, remarca. No cree, sin embargo, que el problema radique en el hecho de que la entidad que preside Aleksander Ceferin haga ‘suyos’ y monetice los estadios en los compromisos de la Liga de Campeones. “Los sponsors de la Champions pagan mucho dinero porque saben que su publicidad se verá en todos los estadios. El porcentaje de estos ingresos que se queda la UEFA es, aproximadamente, de un 6,5 por ciento. Los números son públicos. Monopoliza los estadios, pero lo hace para poner en valor los contratos de patrocinio de los que, de forma directa, se benefician los clubes”, argumenta.

En este sentido, Ciria sí que sostiene que la UEFA tendría que estar dispuesta a rebajar la cantidad de dinero que se queda actualmente, no solo de la comercialización de los estadios sino en términos globales. Observa, por otro lado, que con la Superliga se hubieran acabado los problemas con los límites salariales. “Los clubes iban a ser súper férreos. No podían pasar del 55 por ciento del presupuesto y, si lo hacían, serían expulsados de la competición. Se iban a imponer unas reglas para que no hubiera competencia desleal y para proteger el modelo. El problema es que lo han vendido muy mal”, analiza. Por este motivo, no teme que un hipotético incremento de los ingresos en el futuro ‘empuje’ a los futbolistas a pedir contratos mejor retribuidos: “Si tienes unas reglas del juego que lo impiden, la burbuja no se va a hinchar. No puede ser que los jugadores, los representantes y los ejecutivos vayan en ‘Maseratis’ y los clubs estén esforzándose en refinanciar la deuda”. En la misma línea se expresa Menchén: “En vez de racionalizar los gastos, la filosofía actual se basa en igualar o mejorar los sueldos para evitar perder a futbolistas. Aquí hay una doble moral: algunos deportistas piden salvar al fútbol y, al mismo tiempo, quieren cobrar más”.

Para ambos, el papel que van a jugar los verdaderos protagonistas del deporte rey en el futuro del mismo será trascendental, pues “han demostrado que tienen mucho peso y que su opinión cuenta mucho”. De hecho, algunos ya han sido importantes en la renuncia de algunos clubes a la Superliga. Y quieren seguir teniendo voz en las negociaciones: sus presiones estarán centradas básicamente en conseguir un calendario menos frenético y exigente para ellos. Marc Ciria les da la razón: “Si inundas el mercado de partidos, te acabas cargando el negocio. Esto va de hacer un deporte más atractivo. Para que el fútbol sea global, los mejores tienen que jugar más a menudo. Y estar menos cansados. Menos partidos de más calidad para conseguir más ingresos. No hay más”. Marc Menchén se muestra más partidario de aplicar políticas de contención que disminuyan el coste deportivo –esto es, el porcentaje de los ingresos destinado a pagar efectivos– de las entidades.

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La capacidad de vender bien el producto también será determinante para el futuro del fútbol. “No hemos llegado al techo de los derechos de televisión. Los que los tienen no quieren perder el monopolio. ¿Cuánto vale ver la Liga ahora mismo? Unos 100 euros al mes. Si tienes competencia, tus ingresos subirán y los costes de los aficionados bajarán. Si estás sometido a un monopolio, todo va más lento”, señala el director general de Diagonal Inversiones, que piensa que “los partidos se tienen que convertir en experiencias tanto para los que van al campo como para los que se quedan en casa”. “Un ejemplo: se podría monetizar un trayecto en directo de Messi al estadio antes de un partido. Cada día se crean nuevas formas de entretenimiento y el fútbol se está quedando atrás”, agrega. El fundador de ‘2Playbook’ duda en el hecho de que la competencia ayude a las Ligas a cobrar más por los derechos de emisión de los partidos, ya que “las televisiones tienen el dinero que tienen y las nuevas plataformas no pueden igualar sus ofertas”. Él apuesta por impulsar los contenidos digitales: “Yo, por ejemplo, consumo la NBA por Instagram. A medida que pasen los años, el directo será menos importante. La tecla mágica es difícil de encontrar, pero se tiene que buscar”.

¿El negocio del fútbol está en riesgo?

Los dos expertos consultados tienen respuestas diferentes a la pregunta que, muy probablemente, más se ha repetido en las últimas horas: '¿El negocio del fútbol está en riesgo?'. “No. Lo único que está en juego es quién reparte la baraja. Es una cuestión de quién tiene la llave de la caja”, valora Marc Menchén, mientras que Marc Ciria cree que “si no se cambia el modelo, sí”. “O le damos una vuelta al negocio o el año que viene el presupuesto de toda la industria ya será menor, en el siguiente continuará bajando… y así sucesivamente”, vaticina el segundo.

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