Cristina Bergua, la adolescente de Cornellá que desapareció cuando iba a romper con su novio

El crimen machista siempre ha sido la principal hipótesis para los investigadores y su familia | Una carta anónima hizo que buscaran su cuerpo en el vertedero del Garraf (Barcelona)

| VÍDEO: JOSÉ LUIS ROCA

"Cristina, estoy casi convencido de que no nos vas a ver y no nos vas a escuchar, pero si así fuese, tú ya sabes que estés donde estés nosotros te estamos esperando con los brazos abiertos. Sabes que nos tienes aquí y que tanto tus padres como tu hermano estaremos siempre. También tus sobrinos. Tenemos dos nietos que, aunque no te conocen, suelen preguntar mucho por la tita Cristina".

Quien habla es Juan Bergua. A su lado está Luisa Vera, su mujer. Ambos son los padres de Cristina. Llevan 24 años luchando contra el dolor. Contra la incertidumbre. Contra la ausencia. Desde el 9 de marzo de 1997 esperan en Cornellá de Llobregat (Barcelona) a su hija, la pequeña de la casa. Tenía 16 años cuando desapareció. Aquel domingo había quedado con un chico con el que salía, diez años mayor que ella, dispuesta a dejar la relación. No regresó. Desde entonces su familia vive por y para encontrarla. Desde entonces, el nombre de Cristina Bergua es emblema, escudo y motor.

Para contar su historia, respiran hondo y tienen que tomar tiempos. "Duele como el primer día", afirma Juan. Quizá más. Regresan a 1997, cuando se despidieron de ella. Cristina estaba esa tarde en la habitación de su hermano Germán.

Nunca se retrasaba sin avisar

"Pitu, ¿hoy no sales?", le preguntó su madre. "Sí, mamá, pero estoy esperando a que vosotros salgáis para arreglarme yo tranquilamente". Es domingo. En casa de los Bergua han comido en familia: Juan, Luisa y sus hijos, Cristina y Germán. Los deberes estaban hechos. "Nosotros nos íbamos a dar una vuelta y ella se quedó en la habitación de su hermano tocando la guitarra, que no sabía, pero bueno… le gustaba ‘tocar’ con la música puesta". Ni Luisa ni Juan olvidan aquella tarde. Ni pueden ni quieren hacerlo. "Nos marchamos, le dimos un beso y dejamos el baño libre".

Regresaron tras el paseo. En el reloj marcaban las 22:00 horas. Cristina tenía que estar a punto de llegar. No lo hizo. Solo cinco minutos de retraso hicieron saltar las alarmas. "Cristina era muy responsable para eso", recuerda Luisa. Alguna vez se retrasaba "pero nunca sin avisar: mamá que estoy aquí, mamá que estoy allá…", cuenta. Ni llegó, ni llamó. Cristina esa tarde desapareció.

“Se busca a una joven desaparecida en Cornellá. Ayúdanos a encontrarla”

No había pasado media hora cuando Juan, su padre, fue a interponer la denuncia por desaparición. No la aceptarían de forma oficial porque, por aquel entonces -en 2009 el Ministerio del Interior cambió el protocolo- había que esperar unas horas para que la Policía Nacional o la Guardia Civil registraran oficialmente una desaparición. Lejos de esperar, en casa empezó una búsqueda que se mantiene hasta la fecha. Salieron a la calle, recorrieron plazas y jardines, gritaron su nombre y empapelaron la zona con la cara de Cristina. "Ayúdanos a encontrarla. Se busca a una joven desaparecida en Cornellá".

Imagen de Cristina Bergua que utilizaron en la carteles que se imprimieron. |

"Hicimos los carteles con la última foto que teníamos de ella, era de una boda, la más reciente que encontramos". Empapelaron un tramo de casi 8 kilómetros. De Cornellá a Esplugues de Llobregat, farola por farola. Por cada mil carteles les cobraron 30.000 pesetas. Hicieron 300.000. Además, imprimieron imágenes en blanco y negro, unas 200.000, en total llegaron al medio millón. La cara de Cristina dio la vuelta a España.

Los medios de comunicación se hicieron eco de la búsqueda. "Desapareció la tarde del domingo. El lunes ya estaba la alerta en televisión. Fuimos a San Cugat del Vallés, por la noche ya salió en el programa de Paco Lobatón", recuerda la madre de Cristina. Todos remaban por encontrar a la joven. Todos menos Javier Román, "su supuesto novio",  la última persona que la vio.

"No voy a casarme con él, me independizaré y vendré siempre a por tuppers mamá"

"La relación de Cristina con ese chico siempre fue rara", recuerda Luisa. Llevaba unos meses, de forma intermitente, viéndose con él. "No era novio, novio. Siempre me dijo que no quería nada realmente con ese chico, de hecho, me decía que no quería casarse con él".

Cristina Bergua, en una foto compartida por la familia. |

Fue su primer 'novio', su primera ilusión. A Luisa, su madre, nunca le gustaron sus tatuajes, aunque lo que más le alertó fue su interior. "No tenía muchas aspiraciones". Cristina siempre la calmaba: "Mamá, yo no quiero un futuro con él. Realmente voy a independizarme sola y vendré a por tuppers a casa y a que me laves la ropa". Aquel domingo lo haría oficial. Cristina se arregló, cogió doscientas pesetas de la época, el carnet de identidad, y fue a casa de Javier Román.

Su novio "nunca ayudó" a buscarla

"Cristina no llegaba y cuando vino Juan de la comisaria, empezamos a ponernos muy nerviosos. Llamé a todas las amigas y me dijeron que Cristina había ido a casa de Javier porque quería dejar la relación", recuerda Luisa con dolor. Fueron a su puerta esa misma noche. Hasta en dos ocasiones Germán, el hermano de Cristina, le preguntó. "Nunca nos ayudó. Dijo que la había llevado a la carretera de Esplugues a las nueve de la noche. Que se despidieron ahí. Que no sabía más". La madre, añade, "nunca nos acompañó en nada. Nosotros estábamos todo el día por la calle buscándola, por todas las plazas… y él siempre estaba en casa. Desde el primer momento le echamos en cara que, con 26 años que tenía él, no se tirara a la calle a buscar con nosotros. La gente venía a por fotos para llevarse y pegarlas. Él nunca vino a por un cartel de mi hija, ni a una concentración".  

Juan y Luisa no se detienen, llevan 24 años buscando respuestas. |

"Volverá cuando cumpla 18 años"

Tras una noche para olvidar, la mañana del lunes arrancó, de forma oficial, una investigación que no ha cesado desde entonces. Javier Román automáticamente se convirtió en sospechoso porque fue el último que vio a Cristina. Intentó desviar la atención, tildó de "tontería todo el revuelo" y apuntó a la fuga voluntaria. "Volverá cuando tenga los 18, iba diciendo por ahí", recuerda Luisa.

No lo creyeron nunca los investigadores –al arranque la Policía Nacional, y cuando asumieron competencias, años después, Mossos d'Esquadra-. Su familia también lo desmontó. "En aquel momento en casa había dinero, bastante, porque mi hijo tenía que dar la entrada de un piso. Mi marido iba llevarlo al día siguiente al banco y esa tarde el dinero estaba en casa. Cristina lo sabía porque en casa compartimos todo. Si ella hubiera pensado fugarse, quedándose sola, lo hubiera cogido para irse, ¿no?". Luisa, va más allá: "Salió sin nada, lo único que se llevó fue las llaves y el carnet. Al quedar sola tenía oportunidad de haberse llevado ropa, dinero… Las llaves, digo yo, ¿para que las quería si no iba a volver?".

Crimen machista

La sombra del maltrato, del crimen machista, siempre acechó. Interrogaron a Javier en varias ocasiones. Frío y sin titubeos, mantuvo siempre la misma versión. No sabía nada, la dejó en un punto y se despidió. Nunca dejaron de investigarle, pero no hallaron nada contundente para imputarle la desaparición. Se miraron 3 kilómetros de alcantarillado que comenzaba con una arqueta que daba a su patio. Intervinieron su teléfono... todo sin éxito.

Sabiéndose en el punto de mira, el novio de Cristina puso tierra de por medio. Se fue a Santo Domingo. Mientras, Luisa no se alejaba de su portal, "los primeros meses vivía pendiente del teléfono, esperaba que llamaran de algún sitio para decirme que un coche le había dado un golpe o alguna cosa similar. Estaba claro que algo le había pasado Cristina". Sigue esperando que suene 24 años después.

"Soy tu hija, estoy secuestrada"

A lo largo de estos 24 años, Luisa y Juan han vivido de todo. Han descolgado el teléfono ante llamadas falsas de gente desalmada que buscaba hacerles daño: "soy tu hija, estoy secuestrada"; "si me das tanto dinero…". También llamadas de personas con buena intención, pero poco acierto. Han buscado en Cornellá, también fuera.

Viajaron a Castellón, porque supuestamente alguien había visto a Cristina en una atracción de feria -"en el Martillo"-. También a Puigcerdá (Gerona), tras la alerta de unos agentes de la Guardia Civil que creyeron ver a su hija retenida en un prostíbulo. Nada fue certero.

Carta anónima y un vertedero

Lo que más removió todo, fue una carta anónima recibida meses después, asegurando que el cuerpo de Cristina estaba en un vertedero. Provocó la búsqueda del cuerpo de la joven en el Vertedero del Garraf (Barcelona). No se halló nada. Desde entonces nadie descansa. Todos buscan a Cristina. "La semana que viene volveremos a juntarnos con el cuerpo investigador, Mossos, para hablar. No dejan de buscar a nuestra hija".

Cristina Bergua, a la que todos llamaban Pitu, porque los muñequitos azules pegaban fuerte en esa época, y "porque siempre será nuestra pequeña". La adolescente que estudiaba segundo de BUP, apuntaba alto, quería volar, "nos dijo que su sueño era ser azafata, lleva dos años aprendiendo inglés". La joven abierta, simpática, espontánea, no está. Se ha convertido en símbolo de todas las familias que tienen una persona desaparecida desde 2010. Año desde el que, el día 9 de marzo, día de su desaparición, se conmemora el Día Nacional de las Personas Desaparecidas sin causa aparente. Una fecha triste para los padres de Cristina, pero, en parte, es homenaje -aunque triste- para su hija.

Los Mossos siguen buscando el hilo del que tirar para encontrar a Cristina. |
cerrar
Sport

SPORT.es

Descarga gratis la app en tu móvil