Accidente mortal en Pontevedra | "Vimos al conductor tras el parabrisas. No podía salir"

Accidente mortal en Pontevedra | "Vimos al conductor tras el parabrisas. No podía salir"

Así se desarrolló el operativo de emergencias tras el accidente en Pontevedra.
| Bernabé / Javier Lalín

Un miembro del equipo de Protección Civil: “Nos comunicamos con él por señas. Lo arrastrarían las corrientes”

El equipo de Protección Civil de Cerdedo-Cotobade no tiene guardias. La noche del 24, el total de sus integrantes se encontraba en sus casas, a punto de cenar con sus familias, y entre ellos, Javier Lois, su presidente. Este cuenta que “en torno a las 21.20 horas recibí la llamada del 112 alertando de que podría haber un accidente y pidiéndome que nos movilizásemos”. Tanto él como sus compañeros se pusieron en marcha, eran los primeros en llegar, “fue entonces cuando nos encontramos con la desgracia”.

Allí estaba el autobús, sobre las aguas del río Lérez “vimos al conductor tras el parabrisas y nos comunicamos con él mediante señas hasta poder rescatarlo. No podía salir aunque entraba el agua, porque de hacerlo las fuertes corrientes lo llevarían río abajo”. Poco después llegaron el resto de equipos que llevaron a cabo la operación de rescate esa noche; los bomberos de Pontevedra, de Deza y Emerxencias A Estrada. De hecho, fue el coordinador de este último, Carlos Failde, quien tomó el control de la situación, “siempre tiene que haber alguien que haga de enlace, para pedir más medios y tomar decisiones, pero no diría que fui el responsable de la operación esa noche, todos trabajamos juntos”, apunta este, quién acudió la zona pese a no estar de servicio ese día “ante la gravedad del siniestro”.

Failde cuenta a Faro de Vigo, del grupo Prensa Ibérica, que “lo que más nos preocupaba era no saber cuánta gente había dentro”, aunque cuando él llegó, a las 22.30, aproximadamente “el agua todavía no había inundado el interior de la cabina”. Comenzaron entonces a movilizarse, “los primeros en bajar fueron los Bomberos de Pontevedra, que rescataron al conductor y vieron que había una persona más con vida dentro”, con las indicaciones de ambos, que se encontraban conscientes pero en estado de shock, consiguieron verter más luz sobre el número total de pasajeros, y seguir con la inspección del vehículo. Así, retiraron los cuerpos de otros dos ocupantes, que no había podido sobrevivir a la tragedia, y comprobaron que “desde la cabina hacia atrás el techo estaba completamente aplastado, tocando los asientos, por eso parecía que estaba más hundido que la parte delantera”.

Estaban llegando las tres de la madrugada, con un temporal que no daba tregua, y la posibilidad de encontrar a más viajeros con vida prácticamente descartada, “tuvimos que poner fin a la búsqueda porque el riesgo de la intervención era demasiado alto y el interior ya estaba completamente inundado”, explica Failde.

Así fue esa primera noche para las más de treinta personas que trabajaban en la zona. Muchos de ellos, al igual que el coordinador estradense que lleva ya 28 años en el servicio y trabajó en otros desastres, como el de Angrois, ya tenían experiencia en situaciones de este tipo, aunque “a algo así no te acostumbras, cada caso es distinto y siempre impacta”, sentencia Failde, quien a primera hora de la mañana, estaba 'in situ', trabajando por encontrar al resto de viajeros.

Aún no eran las nueve de la noche y el retén de guardia de los Bombeiros do Deza (Manuel Silva, Beni Diéguez y J. Manuel Galego) estaba compartiendo la cena de Nochebuena. Comían antes de lo habitual, porque era muy posible que hubiese incidencias por el aguacero que estaba cayendo. Por el día, ya habían sido alertados de incidencias como árboles caídos en pistas y de algún accidente de tráfico.

La primera alerta del siniestro de Pedre, a las 21.19 horas, avisaba de la rotura de una valla del puente. Minutos después les llegó la noticia de que había un bus sobre el río con varias personas dentro, de las que al menos una estaba viva. Se desplazaron a la zona con un vehículo de primera salida y otro vehículo de altura, con el que prestaron apoyo desde arriba para las maniobras de rescate, durante la madrugada del sábado. El domingo tocaron, a mayores, labores de rastreo en el cauce del Lérez.

Los bomberos de Deza, quienes se suman al dolor de las familias y les trasmiten sus condolencias, inciden en que “las emergencias no dependen de un servicio solo” sino que es imprescindible la colaboración de los distintos dispositivos. Más que nada, porque a veces las dotaciones son pequeñas. Y en el accidente del sábado, había nueve personas dentro del autobús, pero podrían haber sido 50.

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