Super Star Bea Ortiz
Para el mundo es la mejor waterpolista del planeta. Para ella misma, una mujer que ama lo que hace a pesar del coste físico y mental que ello le supone. Oro en París, cierra un año impresionante que celebra con Sport & Style.

Bea Ortiz
Llega Leia y revoluciona la calle Rosselló. Ella y su dueña que, vestida de gala, corre por la acera junto a su perra. Ambas llaman la atención y despiertan tantas sonrisas como lágrimas y gritos el día que ganó la medalla de oro en París. “Allí se dispararon todos los sentimientos. En ese momento salió todo lo que llevábamos dentro, cada una a su manera, tras muchos meses de dedicación absoluta al waterpolo y a los objetivos que nos habíamos marcado. Fue muy fuerte. El año más bestia de mi vida”, asegura con firmeza. Sólo ella sabe lo que le ha costado. Ni tan siquiera su núcleo duro -“mi familia, mi pareja, mis amigos más íntimos, esos que lo aguantan todo de mí. Lo bueno y lo malo”- es consciente del desgaste físico y mental que supone ganarlo prácticamente todo.
Europeo, Mundial, Juegos Olímpicos… Ni la misma Bea Ortiz sabe como han podido con todo. “Mis últimas Navidades -recuerda- fueron mínimas. Dos días y a viajar, a concentranos y a entrenar a tope. Todo el año ha sido así. Los primeros meses, todo bien. Pero a partir de mayo se me hizo ‘bola’. Hubo días que ni tenía ganas de tirarme al agua. Tres semanas de vacaciones en agosto no fueron suficientes para rehacerme de este trote. Estoy cansada, lo reconozco. Y muy feliz. Eso, también”.
Sonríe mientras le da ‘chuches’ a Leia para que se comporte (que se comporta). Quise hacer este reportaje porque sé lo que supone este ser para Bea. Siempre ha convivido con perros y “el último que tuve, Río, ahora vive con mis padres. Decidió dejarle con ellos cuando me fui a vivir con mi pareja y enseguida noté que me faltaba algo. La adopté y ha sido y es mi gran apoyo. Cuando hace año y medio tuve problemas a nivel de selección y en casa, Leia me ayudó a estar mejor. Nosotros, los dos deportistas de élite, tenemos vidas complejas. Desde que está, dejamos aparcados fuera los problemas, compartimos y convivimos los tres. Es la alegría de la casa y una fuente de cariño que casi nadie puede igualar”.
Una perra terapéutica que la ayudó a superar momentos deportivos “críticos. No es fácil, ni a nivel mental ni físico, soportar victorias y derrotas tan seguidas y muchas de ellas en el último minuto. Te agota”. Y llegó la crisis. “Fueron dos semanas durísimas -reconoce- en las que estuve a punto de mandarlo todo a la mierda y de no ir a los Juegos. Me dije a mí misma: ‘Tienes dos caminos. O lo dejas o buscas ayuda’. Y opté por lo segundo. Gracias a mi psicóloga, lo superé. Y a mis amigas más próximas Laura, Amanda, juntas desde los ocho años, y Mati Ortiz”. Laura es Laura Ester, que dijo adiós voluntariamente a la selección hace unos días. “Es un pilar fundamental en mi vida a nivel personal. Ojalá la hubiera conocido antes. Siempre a mi lado, siempre sincera y siempre pendiente y cuidándome. Mucho de lo que he conseguido es gracias a ella. Es una leyenda del waterpolo, estos últimos años no han sido fáciles para ella y ha sido un ejemplo como compañera. Ojalá todas las niñas que suben tuvieran a una Laura Ester a su lado”.
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