Marina González

Sueño cumplido

Marina González, de Malgrat a Tokio: este ha sido el camino de la gimnasta catalana que, desde los siete años, tuvo claro que su objetivo era participar en unos Juegos Olímpicos y mañana será su estreno

De personalidad arrolladora y con una fortaleza mental insólita para su edad, se ha llevado a Japón la camiseta del Barça que la ha acompañado estos dos últimos años y que tanta suerte le ha dado

“¡Estoy aquí y casi no me lo creo! Los sueños se cumplen pero éste me ha costado mucho”. Era una cría cuando Marina les dijo a sus padres que iría a unos Juegos Olímpicos. Su tenacidad, su voluntad y una personalidad hecha a medida para soportar la presión, la han llevado hasta la villa olímpica de Tokio como integrante del equipo español de gimnasia artística. “Llevamos aquí tres días y, a pesar de las medidas Covid, esto es muy guay. Nos ha tocado el mejor edificio, tenemos unas vistas espectaculares y estamos al lado de los jugadores de baloncesto. Ya me he cruzado un par de veces con los hermanos Gasol y otros compañeros y nos reímos mucho porque yo mido 1,55 y ellos, imagínate”, explica emocionada. Le encanta cruzarse “con deportistas de todos los países en el comedor, que es inmenso” y su apartamento “con seis camas muy duras en las que se duerme fatal” lo comparte con las entrenadoras y compañeras de equipo. “Pero es lo que hay y lo importante es la competición. ¿Nervios? Es normal tener algunos pero reconozco que al ser unas olimpiadas, el sentimiento es especial. Trabajo por este sueño desde los siete años y tengo muy buenas sensaciones para entrar en la final de equipos”. 

Suspira cuando le pregunto por Simone Biles. “Es mi ídola, la mejor gimnasta del mundo. Es muy humilde y trabajadora. Me encantaría poder saludarla y hacerme una foto con ella. Es otro de los sueños que espero cumplir”. Marina González metió en la maleta la camiseta del Barça que “me regaló el club en el palco en 2019 tras el campeonato de Stuttgart en el que conseguí la plaza olímpica”. Aquella jovencísima gimnasta es hoy “una Marina muchísimo más madura. He aprendido a tener la cabeza muy fría, a saber controlar las emociones, a evadirme y a concentrarme solo en mí. La pandemia me obligó a parar y me sirvió para pensar sobre las cosas que debía mejorar”. Y añade que “estoy orgullosa de esta evolución y sé que esto es sólo el principio, aunque nuestra carrera sea corta. Me queda mucho por hacer y en Tokio voy a por todas, a salir, a concentrarme y a disfrutarlo”. Filosofía Cruyff para esta mujer con ADN 100% competitivo.

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