Tsunami en el mar Negro

Tsunami en el mar Negro

El césped del Senol Günes quedó repleto de seguidores locales que celebraban la séptima liga de su historia
El césped del Senol Günes quedó repleto de seguidores locales que celebraban la séptima liga de su historia | GETTY IMAGES

El Trabzonspor gana la Superliga turca 38 años después, rompe la racha de Estambul y llena las calles de celebración.

Antes del pitido final, el césped del Senol Günes ya se había convertido en el escenario de una celebración históric

Antes del pitido final, el césped del Senol Günes ya se había convertido en el escenario de una celebración histórica. El árbitro no había decretado todavía el final del encuentro cuando decenas de aficionados locales decidieron invadir el campo pensando que la liga había terminado. Era suya. Por fin. El título estaba en manos del Trabzonspor 38 años después. Pero el partido realmente no había concluido. Faltaban pocos segundos para que Atilla Karaoglan señalase el camino de los vestuarios. La espera se alargó varios minutos, hasta que los cuerpos de seguridad consiguieron retirar a los seguidores rebeldes, aun siendo conscientes de que nada podrían hacer cuando el colegiado pitara realmente el final del encuentro.

El estadio fue una fiesta desde el primer instante, desde que Andreas Cornelius abrió el marcador en el minuto 3. Un solo gol había marcado el danés en toda la temporada anterior vistiendo los colores del Parma, pero el equipo turco confió en este delantero de casi dos metros en el pasado mercado de verano. Pagó poco más de 5 millones de euros. Un año después, Cornelius encabeza la tabla de goleadores de la Superliga con 15 tantos, los mismos que el turcofrancés Umut Bozok, del Kasimpasa. Valió la pena esa inversión.

Marek Hamsík fue uno de los artífices del título liguero del Trabzonspor.

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Pero volvamos al partido. El danés adelantó al Trabzonspor ante un Antalyaspor que se jugaba el acceso a la Europa League. Fue un encuentro duro, de difícil digestión. Hubo más peleas que goles. Y eso que se marcaron cuatro. Siete amarillas mostró Karaoglan. Alassane Ndao igualó el marcador para los del suroeste del país. El empate le valía al Trabzonspor para cantar el alirón, pero la derrota, no. El drama se olió en el minuto 56. Penalti a favor del Antalyaspor. Silencio en las gradas. Ahí estaba el esfuerzo y la lucha de toda una temporada. Fredy le pegó con la diestra y el estado estalló de euforia. Uğurcan Çakır despejó el balón lanzándose a su derecha para mantener vivo el sueño de Trebisonda. Dorukhan Toköz adelantó de nuevo a los locales, y en el 80, Haji Wright firmó el empate. No hubo más goles. Sí rifirrafes y escaramuzas hasta que Karaoglan decidió, en el minuto 100, que ya había visto suficiente.

En menos de cinco segundos, el campo perdió su color verde. Decenas de miles de aficionados saltaron poseídos al césped para gritar que el Trabzonspor era campeón de Turquía. La seguridad del estadio consiguió armar un pasillo para que el equipo de Nuri Sahin y los árbitros pudieran abandonar el terreno de juego mientras la caliente afición local se volvía loca celebrando un título que no conseguía desde la temporada 1983-84. Estaban ante un hito histórico.

El Trabzonspor acababa de robarle el título a los equipos de Estambul, una machada que desde 1984 solamente había logrado el Bursaspor. Fue en 2010, cuando los de Ertugrul Saglam rompieron una racha de 25 años de ligas repartidas entre Fenerbahçe, Galatasaray y Besiktas. La anterior a esas 25 fue precisamente la última del Trabzonspor, la sexta en nueve años de dominio entre 1975 y 1984. En esa época, el equipo azul y granate era un asiduo de las competiciones europeas, hasta que desapareció del mapa para dar paso a los equipos de la antigua Constantinopla.

Incluso en septiembre de 1990 le ganó al Barça en el primer partido de la Recopa de Europa. Fue un espejismo, porque el 1-0 de la ida tuvo respuesta: 7-2 en el Camp Nou, con hat-trick de un Ronald Koeman que firmó uno de los mejores goles de su carrera, una doble vaselina, primero para dejar atónita a toda la defensa turca y, luego, para superar al portero. Esa fue la única vez en la historia en la que el Barcelona se cruzó en el camino del Trabzonspor. En esta próxima Champions League, si los de Xavi acaban clasificándose y el equipo turco supera la única eliminatoria de fase previa que deberá disputar, se podrían volver a encontrar.

Las calles de Trebisonda se inundaron de aficionados, en un día histórico para el Trabzonspo

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CALIENTE COMO EL FUEGO

Trebisonda –Trabzon, en turco– es una ciudad costera famosa por sus exquisitas anchoas. Sus 800.000 habitantes protegen el puerto más grande del mar Negro, uno de los más importantes en la Ruta de la Seda, la red comercial que unió a China con Europa en el siglo II a.C.. En Turquía, pocas poblaciones tienen el carácter de los treberos. Intensos, calientes y feroces, los seguidores del Trabzonspor trasladan al estadio la naturaleza de sus ciudadanos. Lo demostraron en la celebración del título, no solamente invadiendo el campo, sino haciendo lo propio en las calles de Trebisonda, que se inundaron de futboleros como nunca antes había sucedido. Los treberos son realmente difíciles de controlar. Ni siquiera los dirigentes respetan la diplomacia cuando pierden el norte.

En 2015, después de un empate en casa contra el Gaziantepspor en el que el árbitro Çagatay Sahan no señaló un penalti a favor de los locales, el presidente Ibrahim Haciosmanoglu encerró al colegiado en su caseta durante horas. Fue casi un secuestro que terminó a las cuatro de la madrugada tras una llamada del presidente del país, Recep Tayyip Erdogan, que medió para que el máximo dirigente del Trabzonspor entrase en razón. Un año después, otro árbitro sufrió la ira de un aficionado, que lo tiró al suelo y le golpeó repetidamente por haber tomado varias decisiones perjudiciales para los azul y granate.

En Trebisonda justifican esos berrinches con el robo del título sufrido en la temporada 2010-11. Allí empezó la enemistad del Trabzonspor con la federación turca de fútbol (TFF). Los norteños terminaron segundos tras haber estado gran parte del campeonato en el puesto más alto de la clasificación. Pero en la segunda vuelta, el Fenerbahçe solamente perdió uno de los últimos 17 partidos. Fue una remontada histórica, impensable a mitad de temporada. Los de Estambul se proclamaron campeones, aunque luego se descubrió una trama de amaño de partidos que implicaba a los de negro y amarillo. Un escándalo que sacudió no solamente al fútbol turco, sino también al europeo.

La UEFA expulsó al Fenerbahçe de sus competiciones continentales, pero la TFF no quiso hacer lo mismo. Mantuvo al equipo estambulense en la máxima categoría y, lo que más indignó a los treberos, no adjudicó el título de Superliga al Trabzonspor, que se quedó con las manos vacías tras una temporada de ensueño arrebatada por la corrupción. De aquello han pasado once años. Más de una década en la que el Trabzonspor ha tratado de curarse unas profundas heridas que lo han mantenido alejado del título durante varias temporadas. No ha sido un camino de rosas y se ha invertido una cantidad ingente de dinero.

Incluso en 2020, los del mar Negro fueron sancionados con la inhabilitación para disputar torneos europeos por haberse saltado el fair play financiero en la contratación de futbolistas. Querían volver arriba fuera como fuese. Y superando baches, al final lo consiguieron. Con Cornelius marcando goles, pero también con un mítico excapitán del Nápoles, el eslovaco Marek Hamsík, liderando a un conjunto que volverá a poner su nombre entre los elegidos. La Champions espera al Trabzonspor.  

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