El clásico de barrio más grande del mundo

El clásico de barrio más grande del mundo

San Lorenzo - Huracán
San Lorenzo - Huracán  | AFP

Existe un tipo de enemistad a la que alimenta el tiempo, el rencor, la prensa, el marketing. Luego está la que ya emerge torcida desde el suelo.

El San Lorenzo-Huracán está considerado como el tercer enfrentamiento más importante de Argentina,

Hay dos ingredientes que, desde un primer momento, hicieron de la rivalidad entre San Lorenzo y Huracán una suerte de desamor inevitable. Por un lado, una fecha: 1908. El año de fundación de los dos clubes. Seguro que pueden contarse con los dedos de una mano los derbis entre equipos que echaron a andar con escasas hojas de diferencia en el calendario (San Lorenzo se levantó primero, en abril, y Huracán lo hizo poco después, en noviembre). Por otro lado, un hecho: la proximidad geográfica. Durante las primeras décadas del siglo pasado, a las canchas de ambos frentes apenas las separaban ocho calles. El eco de las alegrías y las penurias de unos llegaba inmediatamente a los otros, y viceversa. Un rumor constante, nítido, cercano. Del que era imposible despojarse y que no hacía más que pronunciar las envidias y las comparaciones. En la actualidad, cuatro kilómetros del corazón de Buenos Aires se interponen entre los dos estadios. Sus fachadas ya no se rozan, pero ha quedado en el ambiente la huella de esa vecindad ardiente. Un sentimiento que lleva a los seguidores de ambos conjuntos a estar de acuerdo, al menos, en una cosa: el suyo es el clásico de barrio más grande del mundo.

Por si fuera poco, a este explosivo plato porteño también hay que añadirle una dosis de picante competitivo. Si el San Lorenzo-Huracán está considerado como el tercer enfrentamiento más importante de Argentina, solo superado por los Boca-River y el clásico de Avellaneda, es porque hay pocos choques que concentren tantos títulos en el campo. Los dos clubes, por tradición, trayectoria y palmarés, se codean con los más populares del país. Llegados a este punto, la pregunta es casi innecesaria: ¿cómo no iba a estar servida la batalla con tantos honores en juego?

 

Un escudo con fama“He viajado muchas veces desde muy lejos solo para ver partidos de San Lorenzo”, confesó el actor Viggo Mortensen en una entrevista en la revista Panenka, uno de los hinchas más célebres del ‘Ciclón’, que ha llegado a dejarse ver en la alfombra roja de los Oscar con el escudo del equipo bordado en el pecho. Aunque si hay que hablar de aficionados ilustres de los ‘Cuervos’, quién se lleva la palma es el papa Francisco, que desde su niñez tiene un ojo puesto en el cielo y otro en los encuentros que los azulgranas disputan los fines de semana. Quizá, para que germinara esa pasión en el pontífice, tuvo algo que ver que la entidad la fundara en su momento un sacerdote, Lorenzo Massa, con la ayuda de un grupo de jóvenes del barrio de Almagro. San Lorenzo es uno de los equipos argentinos más laureados, tiene una Libertadores en su museo, cuenta con más de 70.000 socios repartidos por el mundo y su pasado estará para siempre ligado a El Gasómetro, el mítico recinto que lo vio convertirse en un grande del fútbol latinoamericano y que algunos nostálgicos todavía recuerdan como ‘el Wembley porteño’.

 

Desde las alturas

Quizá sus flirteos con la fama han sido menores, pero Huracán también puede presumir de gestas en el verde que adornan su memoria y refuerzan su condición de histórico. Supo lo que era ser campeón de liga antes que su eterno rival (el primer entorchado del club es de 1921) y va sobrado de elegancia, en parte por esa insignia preciosa con forma de aerostato que gobierna su camiseta y que explica por qué el apodo más conocido del conjunto es el de ‘Globito’. La historia viene de lejos. En 1909, un ingeniero electricista, de nombre Jorge Newbery, se subió a su globo aerostático y emprendió una apasionante travesía desde Belgrano hasta la ciudad brasileña de Bagé. La hazaña inspiró a muchos, también a los creadores de una organización deportiva incipiente que a partir de entonces decidió incluir en su identidad la silueta de ese medio de transporte. En el historial de clásicos, es cierto que Huracán todavía está por debajo, a 40 victorias de su adversario. También en el número de trofeos levantados. Pero la esperanza es lo último que se pierde, más para una institución que lleva toda su vida soñando con volar alto.

Hoy, Huracán tiene una buena oportunidad para empezar a recortar diferencias. Situado en la parte noble de la clasificación, a cuatro puntos del líder, ha cosechado solo dos derrotas en 22 jornadas. San Lorenzo, por su parte, se ha estancado en la media tabla. Es hora de que el barrio vuelva a dictar sentencia.  

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