Discapacidad y violencia machista: una maraña de la que es casi imposible escapar

Discapacidad y violencia machista: una maraña de la que es casi imposible escapar

Miembros de la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe) en una concentración con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres en Pamplona. /¡
| EFE

Mujer con discapacidad severa violada por su pareja y por su hijo. Chica con discapacidad obligada por sus padres a prostituirse con todo un pueblo a cambio de reconocimiento social. Mujer sin capacidad de comunicarse maltratada por su propio intérprete. Niña con discapacidad vejada por su abuelo. Mujer con discapacidad adquirida después de recibir 27 puñaladas de su expareja. Son casos reales de un problema sumergido de enorme crudeza: la de la intersección de las violencias machistas y la discapacidad.

La discapacidad incrementa la vulnerabilidad y el riesgo de sufrir violencias machistas y al mismo tiempo, ese maltrato puede ser la causa de una discapacidad adquirida. No sólo violencia en el ámbito de la pareja, mujeres y niñas con discapacidad son víctimas de violencia sexual, esterilizaciones, humillaciones, infantilización, trata con fines de explotación sexual, abandono, aislamiento, arresto o tratamientos psiquiátricos forzosos. En muchos casos, es su cuidador, de quien dependen, quien las maltrata.

Esta realidad permanece oculta, la impunidad es altísima y sus víctimas tienen muy difícil salir del laberinto de la violencia en el que están atrapadas. Con motivo del Día Mundial de las Personas con Discapacidad, que se celebra este sábado, el Real Patronato sobre Discapacidad y la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género han querido visibilizar este problema esta semana en un acto.

¿Por qué se trata de unas violencias silenciadas? En primer lugar, por la vulnerabilidad de sus víctimas. Las dificultades motrices pueden imposibilitar o entorpecer la huida, mientras que las intelectivas y/o comunicativas pueden dificultar su propia identificación de la situación como violencia y el conocimiento de cómo pedir ayuda.

La dependencia -en ocasiones total- del agresor, ya sea pareja, familiar o cuidador, es otro factor determinante. "Se encuentran con más barreras para autodefenderse de la violencia física, que es la más evidente de ver, pero también para el acceso a la información sobre otro tipo de violencias. Porque sufren agresiones verbales, humillaciones sólo por tener esa discapacidad que aumenta su vulnerabilidad. Un caso oculto y difícil es que te maltrate tu propio cuidador, que prometió quererte, pero además te tiene bajo su dependencia. Es un círculo muy difícil de romper", reconocía en el acto la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Victoria Rosell.

Se encuentran con más barreras para autodefenderse de la violencia física. Es un círculo muy difícil de romper"

"Son los casos que más nos obligan, igual que son los más difíciles de detectar porque esa mujer no puede salir sola, no le puedes decir 'denuncia, que aquí está el Estado para apoyarte cuando tú recorras sola todo este camino. Hay que recorrerlo con ella", añadía.

A la invisibilidad de estas violencias contribuye además el hecho de que apenas hay estudios científicos sobre el fenómeno.

Poca investigación

La Organización Mundial de la Salud indica que el 20 % de las niñas y mujeres en el mundo tienen discapacidad, frente a un 12 % de los hombres, y destaca que la violencia de género es una de las razones que explican esa diferencia de 8 puntos.

En España, la última Macroencuesta de Violencia contra la Mujer evidencia que la prevalencia de la violencia de género en el ámbito de la pareja y la expareja es superior entre las mujeres con discapacidad que entre las que no tienen discapacidad, en todas sus modalidades (física, sexual, psicológica, de control o económica).

El 40,4 % de las mujeres mayores de 16 años con discapacidad acreditada ha sufrido algún tipo de violencia en la pareja

El 40,4 % de las mujeres mayores de 16 años con discapacidad acreditada ha sufrido algún tipo de violencia en la pareja, frente al 31,9 % de las que no tienen discapacidad. Además, al medir la violencia sexual de la pareja se descubrió que las mujeres con discapacidad la padecen en mayor medida: un 10,3 % frente al 6,2 % de las mujeres sin discapacidad.

Casi una de cada cinco mujeres con discapacidad (el 17,5 %) explicaba en esa Macroencuesta que su discapacidad es consecuencia de la violencia machista sufrida.

Para ampliar el conocimiento científico sobre las violencias machistas que padece el colectivo de mujeres y niñas con discapacidad, la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género y la Dirección General de Derechos de las Personas con Discapacidad trabajan en la elaboración de un estudio estadístico en profundidad, como avanzaba la delegada en el acto del Patronato.

"Las mujeres con discapacidad, sobre todo de nacimiento, que tienen una pareja y viven con ella de forma independiente son poquísimas. (...) Pero hay muchas mujeres que sufren violencias machistas que son distintas a la de la pareja o la expareja", subrayaba en el acto organizado por el Patronato Ana Peláez, vicepresidenta de Cermi Mujeres y la primera integrante con discapacidad del Comité Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (Cedaw).

Peláez llamaba la atención sobre las violencias ejercidas por los cuidadores y recuerda que dos tercios de las mujeres con discapacidad son mayores de 60 años y "muchas de ellas no han tenido la posibilidad de una vida independiente", por lo que terminan en una institución residencial segregada. Esas instituciones "no están siendo supervisadas por autoridades independientes en relación a la violencia".

Se utiliza la falta de comunicación o de credibilidad como protección de que eso no se va a saber porque nadie las va a creer"

Una violencia que también se da en el entorno familiar con las menores con discapacidad: "No se está estudiando lo que está sucediendo con la violencia sexual intrafamiliar, niñas que están siendo víctimas desde muy temprana edad de los padres, hermanos, abuelos. Eso no se estudia ni se denuncia. (...) Se utiliza la falta de comunicación o de credibilidad como protección de que eso no se va a saber porque nadie las va a creer", incidía la integrante de la Cedaw.

En este sentido, Rosell señalaba que incluso cuando las víctimas han sido capaces de recorrer acompañadas el camino que debe liberarlas de esa violencia, el sistema institucional, "sobre todo el judicial", puede no creerlas. "Existe una incredulidad previa del sistema", decía, que tiende a empatizar con el agresor ("¿cómo va a ser capaz de hacerle eso a esta mujer?") y a dotarlas a ellas de una menor capacidad de credibilidad y a tratarlas como objetos de derecho, en lugar de como sujetos.

Esterilización, explotación sexual

Denunciaba la experta de la Cedaw que se debe investigar asimismo lo que está sucediendo con la esterilización de mujeres con discapacidad porque, a pesar de que las forzosas ya se han prohibido por ley, el problema no se ha resuelto: "Se sigue esterilizando a mujeres, que siguen sin comprender lo que les están haciendo. Las chicas con discapacidad tienen que poder interpretarlo, participar en esa toma de decisiones. Un tratamiento de infertilidad sin conocimiento verdadero y formación de la chica o la mujer lo único que hace es exponerla mucho más a la violencia sexual que se comete en la familia, los centros educativos, los centros especiales de empleo, ocupacionales, muchas veces incluso en los sanitarios".

La vulnerabilidad de mujeres y niñas con discapacidad también es aprovechada por tratantes y explotadores sexuales, que las engañan y las obligan a prostituirse y a soportar comportamientos denigrantes, abusivos y violentos, a veces con la connivencia de sus familiares e incluso de “novios”.

Según un estudio del Observatorio Estatal de la Discapacidad, estas víctimas pueden normalizar el abuso y aceptar realizar prácticas de riesgo (penetraciones sin protección) o prácticas violentas y vejatorias". Al ser más fácil imponerles condiciones abusivas, para el proxeneta se incrementan las posibilidades de obtener beneficios a la vez que se reduce el riesgo de que las víctimas se rebelen, se escapen o les denuncien. Muchas normalizan la violencia, perciben como normal el maltrato y el abuso sexual, por lo que en ocasiones los explotadores no tienen que recurrir ni a la violencia, ni al chantaje ni a la amenaza para someterlas.

Respuesta institucional

Ante esta situación, ¿qué está haciendo el Estado para proteger, atender y reparar a las víctimas?

La ley contra la violencia de género de 2004 abordaba por primera vez el maltrato machista que afecta a las mujeres con discapacidad, aunque, recordaba Peláez, se quedaba en la accesibilidad en el acceso a la información y la comunicación. La experta insistía en que las casas de acogida y los servicios especializados de atención a víctimas de violencia de género son aún excluyentes.

La víctima debe ser atendida por padecer estas violencias, pero ¿qué se hace? Derivarlas a los servicios de discapacidad, que no están especializados. Además, continuaba, son muy pocas las que acceden a la justicia.

Rosell apuntaba que en marzo entrará en vigor una medida relevante de la ley del 'solo sí es sí' que es el derecho a la asistencia personal para fortalecer la autonomía de las víctimas con discapacidad ante las actuaciones judiciales, de protección y apoyo. Esta figura del asistente personal es “un avance importantísimo y puede ser una herramienta fundamental”, opinaba la experta de Cedaw.

También se ha avanzado en la acreditación urgente de la discapacidad de las víctimas de violencia machista, la reforma de la ley del aborto recogerá la esterilización forzosa como una forma de violencia machista y se está trabajando en el desarrollo de unos prototipos de los teléfonos de ayuda 016 y 112 más accesibles y seguros.

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