Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

FAMOSOS

La profesora de universidad de Mikel Oyarzabal: "Estaba en un piso compartido con sus amigos de Eibar y él era como uno más. Podía venir a clase y compaginaba entrenamientos con la asistencia, hasta que empezó a despuntar"

La historia del delantero de Eibar revela una combinación única de talento precoz, disciplina académica, una red de apoyo inquebrantable y un carácter humilde que hoy lo convierte en una de las referencias de la selección española en el Mundial

El desmadre de la fiesta de los jugadores españoles y la locura de Oyarzabal con unas gafas de buceo

El desmadre de la fiesta de los jugadores españoles y la locura de Oyarzabal con unas gafas de buceo / twitter

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Mariona Carol

Mariona Carol

La infancia de Mikel Oyarzabal estuvo marcada por una relación casi instintiva con el balón. Sus amigos recuerdan cómo, desde la ventana de su casa, lanzaba la pelota directamente al parque para empezar a jugar. Aquellas tardes de fútbol improvisado, acompañadas de judo y torneos escolares, fueron el primer escenario donde se intuyó un talento diferente.

Su entorno más cercano coincide en que ya entonces destacaba por encima del resto: aplicado, sencillo y competitivo hasta el extremo, capaz incluso de lanzarse sobre una alcantarilla si el balón estaba en juego. Ese espíritu, dicen, nunca lo ha perdido.

Oyarzabal celebra su gol contra Francia

Oyarzabal celebra su gol contra Francia / Lavandeira Jr / EFE

La universidad que moldeó su carácter

La etapa universitaria en San Sebastián fue decisiva. Oyarzabal compaginaba entrenamientos, viajes y convocatorias con la asistencia a clase, obligando al profesorado a adaptar horarios y evaluaciones. Una de sus profesoras recuerda cómo, al inicio, le exigió hacer los trabajos en solitario para demostrar su compromiso. Él aceptó sin rechistar y cumplió con rigor.

Su red de apoyo fue esencial: compartía piso con tres amigos de Eibar, compañeros también en la universidad. Ellos le avisaban de entregas, le ayudaban a organizarse y actuaban como un pequeño equipo que sostenía su ritmo académico. Las anécdotas son numerosas, pero una destaca: una madrugada, tras volver de un partido, Oyarzabal no pudo entrar en casa porque el cerrojo estaba echado y todos dormían profundamente. Tras insistir sin éxito, tuvo que llamar a otro compañero y buscar dónde dormir a las cuatro de la mañana. Un episodio que hoy recuerdan entre risas y que refleja el esfuerzo silencioso detrás de su carrera.

Oyarzabal, junto a su 'cuadrilla'

Oyarzabal, junto a su 'cuadrilla' / Twitter

Mila Pérez, profesora en su etapa en la universidad, explica a 'Marca' que "podía venir a clase y compaginaba entrenamientos con la asistencia, pero en el momento que empieza a despuntar el profesorado tuvimos que adaptarnos a sus cambios de agenda. Lo hicimos encantados de la vida". "Estaba en un piso compartido con sus amigos de Eibar, que fueron fundamentales y él era como uno más".

El salto al profesionalismo

Su debut oficial con la selección española llegó mientras aún era estudiante. El tutor de primer curso recuerda recibir un mensaje desde Las Rozas avisando de que no podría asistir a clase… mientras lo veía en directo por televisión.

Desde su irrupción en la Real Sociedad, su progresión ha sido constante. Volvió cedido en juveniles y ya entonces sus compañeros notaron que estaba a otro nivel: más fuerte, más rápido, más hecho.

Su cuadrilla, acostumbrada a verlo crecer, admite que dejó de sorprenderles porque cada paso que daba parecía lógico en alguien con su dedicación.

Tras ser clave en el Mundial siendo el pichichi de la selección española, sus amigos lo viven como un orgullo colectivo: "Que gane títulos, que hablen tan bien de él, que nadie tenga una mala palabra… es increíble".

El recuerdo del Mundial anterior, al que no pudo acudir por una lesión de rodilla, añade un componente emocional a esta nueva oportunidad. Para muchos, ganar el torneo sería la culminación de una trayectoria construida desde la humildad y el trabajo.

El mismo de siempre

Quienes lo conocen desde niño coinciden en una idea: Oyarzabal sigue siendo el mismo amigo, el mismo hijo y el mismo alumno que un día fue. Eibar, su cuadrilla, su familia y la universidad no solo lo acompañaron en el camino; siguen presentes en cada decisión, en cada gesto y en cada partido.

Ese arraigo, unido a su carácter tranquilo y su ética de trabajo, es lo que lo convierte en un líder natural dentro y fuera del campo.