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CAMPEONES DEL MUNDO

Cómo España logró el dominio total del fútbol de selecciones: “Tenemos a los mejores jugadores y entrenadores del mundo”

Francis Hernández, excoordinador de las inferiores de la RFEF, analiza con SPORT las claves del sistema de la RFEF que ha llevado a las selecciones absolutas masculina y femenina a ser campeonas del mundo al mismo tiempo, un hito sin precedentes en la historia del fútbol

España campeona del mundo, así lo celebraron los jugadores en el campo

Sara Fernández

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Denís Iglesias

Denís Iglesias

Madrid

España domina con mano de hierro el fútbol de selecciones. Por primera vez en la historia, un mismo país es campeón del mundo en las categorías absolutas masculina y femenina. Una hegemonía construida desde la base: España acumula cuatro Mundiales de categorías inferiores, el sub-20 masculino de 1999, el sub-20 femenino de 2022 y los sub-17 femeninos de 2018 y 2022, y enlazó dos finales olímpicas masculinas, con la plata de Tokio 2020 y el oro de París 2024, el segundo de su historia después de Barcelona 1992. A ello se añaden 18 Europeos sub-19, diez masculinos y ocho femeninos. Las dos selecciones son las actuales campeonas continentales. El palmarés no deja de aumentar cada año.

Un sistema por encima de los nombres

El dominio ya no se explica por una generación, sino por un sistema. Los nombres cambian, los futbolistas avanzan de categoría y los entrenadores se suceden, pero el rendimiento se mantiene. Detrás de los títulos existe una estructura que conecta la detección temprana del talento, la formación en los clubes, los perfiles definidos para cada posición y una metodología compartida desde las primeras convocatorias hasta la selección absoluta.

Detrás de los títulos existe una estructura que conecta la detección temprana del talento, la formación en los clubes, los perfiles definidos para cada posición y una metodología compartida desde las primeras convocatorias hasta la selección absoluta

Francis Hernández, excoordinador de las categorías inferiores masculinas de la selección en la RFEF y una de las personas que ayudaron a construir ese engranaje, analiza con SPORT cómo España ha convertido el éxito puntual en una forma de trabajar. Muchas de las pautas implantadas entre 2018 y 2024 en Las Rozas las aplica ahora este profesional cordobés en su nuevo destino.

Entró en la Federación coincidiendo con la elección de Luis Rubiales y finalizó su vinculación con la RFEF en agosto de 2024. En marzo de 2025, ya con Rafael Louzán como presidente, Manuel Fernández tomó el relevo como coordinador de las Selecciones Nacionales Inferiores.

Francis Hernández fue presentado el pasado 5 de febrero como director deportivo de la Federación de Fútbol de Honduras. La meta final es clasificarse para el Mundial 2030; el encargo de fondo, levantar una estructura capaz de sobrevivir al relevo de los entrenadores y las generaciones, como ha sucedido en la RFEF. En la absoluta le acompaña otro español, José Francisco Molina.

Francis Hernández, en su etapa como coordinador de las selecciones inferiores de la RFEF (2018-2025).

Francis Hernández, en su etapa como coordinador de las selecciones inferiores de la RFEF (2018-2025). / RFEF

“En España tratamos de crear un modelo de juego que estaba en el aire, para darle forma escrita y audiovisual. Un paradigma que nos representase. Conseguimos un modelo abierto que permite incorporar jugadores por sus características e incluso comportamientos que entendiéramos que podían enriquecer con el tiempo esa idea de juego”, explica el director deportivo. Lamine Yamal y Nico Williams son dos ejemplos que resumen esa evolución: del patrón de posesión que condujo al título mundial de 2010 a una selección con más registros, capaz de conquistar la segunda estrella en 2026.

Lamine y Nico, la evolución del modelo

Lamine y Nico añadieron al repertorio tradicional el desborde, la velocidad y la capacidad para atacar los espacios. “Hemos entendido que podíamos jugar al pie, pero también mucho al espacio. Eso enriquece nuestra idea de juego y evita que seamos previsibles para los rivales”, sostiene Francis Hernández. El cordobés intervino personalmente para asegurar el compromiso del jugador del Barça con España: viajó junto a Albert Luque, por aquel entonces director deportivo de la selección española masculina de fútbol, para reunirse con el futbolista y su familia ante la posibilidad de que eligiera Marruecos. Una de las federaciones más activas en la incorporación de jugadores elegibles por más de un país.

Creímos que debíamos adelantarnos. Entendimos que cada vez hay más jugadores elegibles por varios países y que debíamos trabajar para que pudieran representar a España. Y lo conseguimos con muchísimos jugadores: Nico Williams, Ansu Fati, Lamine Yamal, Dean Huijsen…

Francis Hernández

— Coordinador de las categorías inferiores masculinas de la Selección entre 2018 y 2024

Cada vez más futbolistas pueden representar a varias selecciones, de ahí la importancia de detectarlos y generar un vínculo antes de que intervengan otros países. “Creímos que debíamos adelantarnos. Entendimos que cada vez hay más jugadores elegibles por varios países y que debíamos trabajar para que pudieran representar a España. Y lo conseguimos con muchísimos jugadores: Nico Williams, Ansu Fati, Lamine Yamal, Dean Huijsen…”, recuerda Hernández.

La RFEF amplió su estructura de scouting, adelantó las edades de los campeonatos territoriales y creó las selecciones sub-14 y sub-16 para intervenir antes en el desarrollo de cada generación. “Llegamos a tener controlados a unos 1.200 jugadores, desde las generaciones de 2006 y 2007 hasta la de 2013. Hacerlo a edades tan tempranas te permite incidir en la formación del futbolista”, revela. Es una pauta que Francis ya ha trasladado a Honduras: Keyrol Figueroa, delantero del Liverpool e hijo del histórico capitán Maynor Figueroa, había jugado con las inferiores de Estados Unidos y también podía representar a Inglaterra. En junio debutó con la absoluta hondureña.

Nico Williams y Lamine Yamal celebran el triunfo de la selección española en el Mundial de EEUU.

Nico Williams y Lamine Yamal celebran el triunfo de la selección española en el Mundial de EEUU. / SARAH YENESEL / EFE

Sin embargo, acumular nombres e informes no basta. El siguiente paso de la RFEF consistió en determinar qué características debía reunir cada jugador para encajar en la idea común. “Tratamos de crear un perfil de jugador por posición, para que a la hora de seleccionar estuviéramos mucho más orientados hacia el futbolista que queríamos y que podía representar lo que pretendíamos trabajar”, explica. La elección no se limitaba al rendimiento inmediato: también valoraba la capacidad para interpretar el juego, aprender nuevos comportamientos y evolucionar dentro del proceso.

De la Fuente, el hilo conductor

El perfil por posición fue el punto de partida. A partir de ahí, la Federación extendió una metodología común a todas las categorías. “Implantamos una metodología unificada para que, con independencia del mensaje y de la impronta personal de cada seleccionador, todos trabajáramos bajo una misma idea y unos mismos criterios”, señala uno de los promotores de una transformación que ha permitido trasladar el éxito de la base a la absoluta. Durante décadas, España acumuló títulos en categorías inferiores sin reproducirlos en el último escalón. La barrera simbólica eran los cuartos de final, una maldición que no cayó hasta la tanda de penaltis contra Italia en la Eurocopa de 2008.

En España está la mejor formación de entrenadores, están los mejores entrenadores, por supuesto los mejores seleccionadores y, cómo no, los mejores jugadores

Francis Hernández

— Coordinador de las categorías inferiores masculinas de la Selección entre 2018 y 2024

Aquella victoria abrió una etapa que se ha prolongado y perfeccionado más allá de una generación dorada gracias también al trabajo de los seleccionadores. “En España está la mejor formación de entrenadores, están los mejores entrenadores, por supuesto los mejores seleccionadores y, cómo no, los mejores jugadores”, defiende Francis Hernández, partidario de promocionar a técnicos de la casa como Luis de la Fuente antes que buscar perfiles con más recorrido en los clubes. “Un magnífico seleccionador no tiene por qué ser un magnífico entrenador de club”, advierte.

El puesto exige conocer las particularidades de las categorías formativas, acompañar la evolución del talento y conseguir que el salto entre equipos no suponga una ruptura. Ese criterio se ha mantenido con los relevos. Tras la salida de Santi Denia de la sub-21, donde relevó a De la Fuente, la RFEF apostó por su asistente, David Gordo, que antes había trabajado con las selecciones sub-14, sub-15 y sub-16. Estos equipos, junto a los campeonatos territoriales, permiten competir al máximo nivel desde muy pronto.

El técnico de la selección española Luis de la Fuente durante la celebración de la conquista del Mundial 2026 por parte del combinado español.

El técnico de la selección española Luis de la Fuente durante la celebración de la conquista del Mundial 2026 por parte del combinado español. / SERGIO PEREZ / EFE

De la Fuente encarna como pocos ese hilo conductor. Cuando asumió el mando de la absoluta, en diciembre de 2022, ya había dirigido en las categorías inferiores a 18 de los 26 futbolistas que acabarían proclamándose campeones del mundo: Grimaldo, Llorente, Unai Simón, Rodri, Merino, Zubimendi, Ferran, Eric García, Joan Garcia, Pedro Porro, Cucurella, Fabián, Oyarzabal, Olmo, Yeremy, Nico, Baena y Pedri. Unai Simón, Rodri y Merino ganaron con él el Europeo sub-19 de 2015; cuatro años después, Unai y Merino repitieron en el Europeo sub-21 junto a Fabián, Oyarzabal y Olmo. En Tokio, ocho de los futuros campeones lograron la plata bajo su dirección: Unai, Eric, Pedri, Cucurella, Zubimendi, Merino, Oyarzabal y Olmo.

Otros completaron el mismo recorrido con distintos técnicos. Cubarsí y Pubill, por ejemplo, fueron campeones olímpicos en París con Santi Denia. La continuidad no depende de una sola persona, sino de que todos reconozcan el camino. Francis Hernández, que ejerció cerca de seis años como coordinador de las categorías inferiores masculinas de la RFEF, ofrece otra medida de esa continuidad: “En mis últimos seis años coincidí con casi todos. Me atrevería a decir que con el 90 o el 95%. Son procesos formativos basados en unos criterios de selección que ayudan a los técnicos, por supuesto, pero también a los jugadores”.

Los clubes, la otra mitad del modelo

Para comprender el éxito de las selecciones también hay que mirar más allá de Las Rozas. La Federación detecta el talento, define los perfiles y proporciona una metodología, pero los futbolistas pasan la mayor parte del año en sus clubes. Las canteras desarrollan diariamente unas capacidades que después permiten a los jugadores incorporarse a la selección sin tener que aprender un lenguaje futbolístico completamente nuevo.

Si vas a ver un entrenamiento del Villarreal, del Athletic o del Albacete, observas que un porcentaje bastante elevado está basado en una metodología similar: crear tareas en las que el balón sea el protagonista e integrar el componente condicional y el trabajo físico en el entrenamiento con balón

La formación de los entrenadores funciona como nexo entre ambos espacios. Francis Hernández rehúye atribuir el éxito a una cantera concreta y amplía el foco a todo el fútbol español. “Por un lado, están los entrenadores que se forman bajo los criterios y la metodología españoles, incluida, por supuesto, la formación de la Federación Española de Fútbol (muchos entrenadores extranjeros obtienen sus títulos con esta institución). Por otro, el mensaje y la metodología de entrenamiento que se utilizan para que los jugadores crezcan bajo unos mismos criterios”, incide.

Esa base no es exclusiva de los grandes viveros. “Si vas a ver un entrenamiento del Villarreal, del Athletic Club o del Albacete Balompié, observas que un porcentaje bastante elevado está basado en una metodología similar: crear tareas en las que el balón sea el protagonista e integrar el componente condicional y el trabajo físico en el entrenamiento con balón”.

Las jugadoras de la selección española de fútbol femenino celebran su victoria en el Mundial de Australia.

Las jugadoras de la selección española de fútbol femenino celebran su victoria en el Mundial de Australia. / Pablo García / RFEF / EFE

Compartir unos fundamentos no significa convertir todas las canteras en una misma escuela. “Lógicamente, cada club tiene su idiosincrasia y quizá un 20% del trabajo responde a sus propias características, pero un gran porcentaje de la formación que recibe el futbolista está basado en una misma idea”. Los matices propios enriquecen el modelo; los conceptos compartidos permiten que jugadores de equipos y generaciones diferentes se entiendan desde su primera convocatoria.

Los campeones ofrecen la mejor fotografía. El Barça aportó nueve jugadoras al equipo que conquistó el Mundial femenino de 2023, entre ellas Cata Coll, Irene Paredes, Aitana Bonmatí, Alexia Putellas y Salma Paralluelo, y ocho futbolistas al campeón masculino de 2026: Joan Garcia, Eric García, Cubarsí, Gavi, Pedri, Olmo, Ferran y Lamine. El Real Madrid, por su parte, reunió a seis integrantes de la sub-19 que ganó el Europeo de 2026: Javi Navarro, Fortea, Mario Rivas, Diego Aguado, Thiago Pitarch y Yáñez. A esos grandes núcleos se suman recorridos tan reconocibles como los de Unai Simón y Nico Williams, formados en Lezama, o los de Mikel Oyarzabal y Martín Zubimendi, productos de Zubieta.

Ahí reside, para Hernández, el verdadero secreto del dominio español. No en una fórmula milagrosa ni en la aparición periódica de una generación irrepetible, sino en la acumulación de trabajo durante todo el proceso. “El éxito es crear un proceso donde se cuiden todos los detalles durante años, donde, lógicamente, aportemos herramientas a los jugadores, que son los protagonistas, y que crezcan bajo una misma idea de juego con independencia del seleccionador que lidere esa generación”. Los títulos que hoy sitúan a las selecciones absolutas masculina y femenina en la cima son la fotografía del presente; el verdadero logro es haber construido una estructura preparada para seguir compitiendo cuando cambien los jugadores y los técnicos. España no ha descubierto cómo ganar siempre, pero sí cómo estar siempre en condiciones de volver a ganar.