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Lo que no se vio del Real Madrid - Espanyol: la rabia de Vinicius en un Bernabéu asfixiado que dicta sentencia con Bellingham
El brasileño sigue sin aceptar su rol y está cada vez más alejado de un campo que apuesta por la titularidad del inglés en el plazo más corto posible

Xabi Alonso, sobre el cambio de Vinicius / Real Madrid TV

El Bernabéu es un templo caldeado. Mucho, pero no por la presión de la grada o un ambiente infernal. El perpetuo techo retráctil provocó sudores en los aficionados. Hizo calor. Mucho. Las camisetas de cartón que se utilizaron en una promoción sirvieron de abanico para sofocar la temperatura de un estadio que, pese al recorrido triunfal de su equipo esta temporada, vive una historia complicada con Vinicius. El brasileño, antaño máximo ídolo madridista, es hoy un jugador triste que no acepta ser sustituido. Le da igual la razón o que a otros compañeros también les afecte esta rotación.
Un homenaje muy sentido
El encuentro tuvo una previa impecable. El joven Abderrahim Ouhida hizo el saque de honor. Perdió a sus padres, a sus dos hermanas y a su abuelo en el devastador terremoto que sufrió Marruecos en septiembre de 2023. "Su trágica historia conmovió al mundo y esta semana ha podido cumplir uno de sus sueños: conocer el Bernabéu", expresó el Real Madrid en la información de una acción que es una muestra más de la capacidad del club para responder ante estos acontecimientos. Como hizo en su día con los afectados por la DANA.
Esta ovación solo fue superada por la que recibió Jude Bellingham, quien regresó después de recuperarse de la operación de hombro. El Bernabéu dictó sentencia: quiere al inglés ya como titular. Es un jugador diferencial que modificará los planes de Xabi Alonso, quien está sacando lo mejor de cada uno de sus perfiles, salvo en el caso del díscolo Vinicius. Güler fue suplente dentro de esta lógica de rotaciones, pero sabe que si no es contundente será suplente en los partidos grandes, como el derbi frente al Atlético del próximo fin de semana, la primera gran reválida de Xabi Alonso.
Bellingham es el elegido, el que ya ha demostrado todo lo que se necesita para ser inamovible en una alineación, a pesar de que el técnico vasco está aplicando métodos de alternancia que no existían con Ancelotti. Vinicius echa de menos al italiano. Por lo menos, a su meritocracia basada en las estrellas por delante y después el resto. Fue Carletto quien blindó su rol frente a Mbappé, cuando la llegada del francés lo cambio todo. Hasta que aquello fue insostenible por la bajada del rendimiento de Vinicius, que empezó hace poco menos de un año, después del fallido Balón de Oro.
Mastantuono, sin complejos
Ahora es el brasileño el que da plantón al sistema de alternancias. Aunque su inconformismo tiene una base más compleja que también tiene que ver con el rechazo a la renovación, sobre la que no se ha vuelto a hablar. El Bernabéu le da la espalda en esta lucha particular por sentirse importante. Prefiere deleitarse con el ejercicio coral de un equipo al que, con todo, sigue faltándole fútbol. Pero tiene mucha energía para deshacer la empalizada que planteó el Espanyol.
Así sobrellevó mejor el calor el campo madridista, donde, precisamente el verde, hace varios partidos que no presenta el mejor aspecto. Se vieron surcos que desafían la capacidad del feudo para ser un evento multiusos como pretende el club. Entre abanico y abanico, el Bernabéu elige a sus ídolos por una característica fundamental: la entrega o bien la capacidad para hacer algo diferente. Son dos argumentos que están en la hoja de servicios de un Mastantuono sin complejos, aunque a veces, con el cuentarrevoluciones desbordado.
La complicidad de Gonzalo y Endrick
Por eso le importa menos que Vinicius no sonría. A pesar de que su goteo de acciones importantes, como la asistencia a Mbappé, es constante, el Real Madrid ya no considera que dependa tanto de él como antes. En las dos últimas Champions, la receta del éxito fue suya. Pero la memoria del fútbol es escasa y en el club blanco más, porque Florentino Pérez lo ha puesto por encima de cualquier nombre particular. De ahí que los aspavientos, el abrazo frío con Xabi Alonso y el hecho de esconderse en el banquillo o ser el primero en marcharse a vestuarios son problemas suyos y solamente suyos.
La complicidad entre Gonzalo y Endrick a su lado, a pesar de ser rivales por un puesto y minutos muy cotizados, es la muestra de lo que el vasco quiere. Una competencia bien entendida, a diferencia de la que mantiene con un Rodrygo que se ha cambiado de banda y está pescando en aguas revueltas. Pese a no haber dado sensación de una mejoría real. Pero el techo del vestuario de Xabi Alonso está perfectamente cerrado y el que no lo entienda deberá abanicarse.
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