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Mourinho, a vida o muerte ante sus ex en el Benfica - Real Madrid

El portugués se enfrenta con nostalgia a su pasado en un momento difícil para él en la Champions. Recibe al Madrid y a la bisoñez de su alumno Arbeloa, que pueden dejarle fuera

Mourinho: "Quiero mucho al Madrid y a Álvaro"

Mourinho: "Quiero mucho al Madrid y a Álvaro" / EFE

Alejandro Alcázar

Alejandro Alcázar

José Mourinho se la juega en la Champions con el Benfica. El técnico portugués se enfrenta con nostalgia a su pasado, el Real Madrid y Arbeloa, el técnico ‘novato’ que está resucitando al equipo. Un partido con morbo por el pasado blanco de ‘The Special One’, que puede ser su verdugo en la Champions. “No tenemos nada que perder”, apunta. Necesita ganar para tener alguna opción. El Madrid tiene perspectivas superiores, y la primera es confirmar el cambio de rumbo y rubricarlo con un sitio en el top-8.

Al Madrid podría valerle el empate, pero busca algo más. Reafirmar esa reacción de juego y resultados que empieza a ilusionar a una afición a la que primero deprimió y luego encolerizó. Un equipo que ha encontrado la receta de la que huía, correr y ser valiente. Así de sencillo. La apatía atenazaba a unos jugadores arrogantes y displicentes con sus dos últimos entrenadores. Ha tenido que llegar Arbeloa en mitad de la tormenta, para arroparlos, que le escuchen, no que sólo le oigan, y huir del ruido de un entorno desquiciado.

Diferencias

El reencuentro entre Mou y Arbeloa les hace felices, aunque cada cual viva su propia realidad. La experiencia del portugués ante la bisoñez del español. El alumno copia el mensaje del profesor en defensa de los castillos que lideran. Mou tiene peor plantilla que su pupilo, sabe que tiene las de perder, pero no deja de creer.

La diferencia está en la manera de manejar los peones. Mientras el primero los mete en cintura, el segundo se deja llevar retirándoles las exigencias e invitándoles a ser valientes para que muestren sus mejores recursos. Tampoco puede hacer más con lo que ha llovido en el último año y medio. Ha caído tanto, que ha ahogado a sus dos antecesores. 

Sin miedo al error

El salmantino ha cambiado cuatro cosas, no hace rayas en la pizarra, ni charlas colectivas, ni estrategias complicadas. Hay que correr, solo correr, y si es hacia adelante, mejor. Y para eso, hay que buscar el momento, crear los espacios con cambios de orientación o sin miedo a fallar un pase. Les permite morir en el intento. Fuera complejos, y si vienen mal dadas ya saldrá él a pegarse con el mundo para defenderlos. Eso, y poner a los más talentosos. No duda si es conveniente juntarlos. Lo hace, como en el caso de Güler y Bellingham. Si sale mal, ya está él para recibir los palos.

Mourinho, por su parte, sufre en el banquillo del Benfica, equipo en el que empezó hace 25 años. Es tercero en la Liga, a 10 puntos del líder, el Oporto, y no arranca ante rivales de jerarquía, alternando cierta irregularidad como en Leverkusen, que le ha mandado al infierno en Champions. Utiliza su clásico 4-2-3-1 compactando el bloque a base de disciplina.

Novedades

El goleador Pavlidis, el comodín Aursnes y el central Otamendi forman su columna vertebral. En torno a ellos ha ido formando un bloque bien definido, compuesto por 14 o 15 jugadores en los que basa sus alineaciones, aunque ante el Madrid faltará por lesión Richard Ríos.

Arbeloa recupera a Tchouameni, sancionado ante el Villarreal. Militao, Mendy, Trent y Rudiger siguen lesionados, por lo que repetirá la defensa que ha utilizado en dos de los últimos tres partidos: Valverde, Asencio, Huijsen y Carreras, que se perdió uno por sanción y puso a Camavinga, su comodín. Los demás, serán los mismos. Con la lesión de Rodrygo, ya recuperado, ha apostado por Mastantuono acompañando a Güler y Bellingham por detrás de Vinícius y Mbappé.