CHAMPIONS
Mbappé y Vinicius indultan a Xabi Alonso
Un 'póker' del francés empuja al 'top 8' al Real Madrid en un partido en el que se empeñó en darle vida a Olympiacos, fruto de la indolencia y la mala gestión del tolosarra

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En la vida importa tanto sentir como ser. El Real Madrid, que es líder de LaLiga y el único equipo español en el 'top 8' de la Champions, disfrazó el pesimismo de falso optimismo. Algo que la pasada temporada no logró, lo que le obligó a pasar por la repesca. Con uno de los onces más antinaturales que se recuerdan, Xabi Alonso sobrevivió a un 'match ball'. Lo quiso en la previa, relajando el gesto, regalándole la razón a Vinicius y confiando en las estrellas. Mbappé, en menos de siete minutos, pensó en dejar resuelto un partido que casi acaba en tragedia blanca, con Olympiacos rozando el empate en un final esperpéntico.
Kylian, siete minutos de demolición
Era un partido que se podía convertir en una tragedia griega, porque en tierras helenas nunca había ganado el Real Madrid en su historia. Medusas, hidras, cíclopes... El Olympiacos de Mendilibar se presentaba como un monstruo de mil cabeza después de tres tropiezos consecutivos. Concedió a un equipo de circunstancias, con Carreras de central y Mendy volviendo después de meses, algo tan sagrado como los espacios. Ahí, Mbappé se vistió de Hércules para quitarle el clavo del ataúd a Xabi Alonso que puso Chiquinho en el minuto 8 con un derechazo seco y ajustado al palo que hizo imposible la estirada de Lunin.
El ucraniano fue, junto al delantero francés, el gran hombre de la primera mitad. Al final, por muchos experimentos de pizarra que se hagan, la fórmula del éxito es sencilla: un buen portero ayuda al trabajo de un gran delantero. Al borde del abismo, Mbappé se puso el mono de goleador para torpedear a un Olympiacos suicida por un motivo del que tantos toman nota: ser ofensivamente atrevido no puede hacerte olvidar de las vigilancias defensivas.
La reacción llegó rápido. El empate, con una contra mortífera, liderada por Vinicius, quien filtró para la carrera de Mbappé, quien, en el mano a mano, batió a Tzolakis. En cuanto se abrió la caja de Pandora, Kylian, que llevaba una sequía impropia para quien marca más la mitad de goles del Madrid, comenzó a agujerear al rival, disfrutando de la libertad que le dejaron Rodinei y Retsos. El segundo llegó tras una asistencia de un Arda Güler liberado sin Bellingham en el campo. Mbappé firmó el doblete de cabeza para confirmar la remontada, que abrocharía un triplete en menos de siete minutos.
Cambios condenatorios de Xabi Alonso
Camavinga se sumó a la fiesta de las asistencias a la espalda con un balón que dejó solo a Mbappé. Tzolakis, resignado, hizo una mueca para convertirse en una estatua del 1-3. Con todo, el resultado dependía enteramente de que el Olympiacos no se lo creyera demasiado, porque Lunin tuvo que intervenir hasta en dos ocasiones para que el descanso fuese placentero. El Madrid se regodeaba en su efectividad y acabó pagando su exceso de ego en el segundo acto con un tanto de Taremi que desnudó la simpleza defensiva de una pareja de centrales que estuvieron lejos de ser un cerrojo.
Ante el miedo, zumo de estrellas. Demostrando que la figura del entrenador en el Madrid es lo de menos cuando la inversión en el campo funciona. Vinicius no marcó, aunque tuvo ocasiones para hacerlo, pero formó una sociedad perfecta darle el 'póker' al francés, que solamente la tuvo que empujar después de que Retsos derrapase intentando perseguir al brasileño. Lo que no desapareció es la tendencia del Madrid a dar por sentado que el rival se muere por los goles.
Incluso en un partido balsámico, un rival muerto encontró una rendija para sobrevivir, con El Kaabi, héroe de la Conference, poniendo el 3-4 de suspense y retratando a un Madrid que piensa en el día después antes de terminar la faena. Las circunstancias de un conjunto que provoca un incendio con una cerilla. Xabi Alonso fue culpable. Con el partido pendiente, retiró al único central sano, Asencio. Al final, victoria y gracias en un partido que pasó de bálsamo a salmo. A oración infinita para no caer en otro tropiezo que habría borrado la sonrisa que trabajó estos días un entrenador que sigue dudando.
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