REAL MADRID
Mbappé, una trituradora de entrenadores
Desde la llegada del francés al PSG ha tenido un entrenador nuevo cada 1,4 años. Una cifra insostenible

Mbappé era fijo sin descanso en los onces de Xabi Alonso / AP
Kylian Mbappé no solo marca goles. Marca ciclos. Y, sobre todo, finales. El último en comprobarlo ha sido Xabi Alonso, destituido del Real Madrid apenas unos meses después de que el club le cediera poderes deportivos. Un proyecto hecho a su medida que ha durado lo mismo que la paciencia del vestuario… y del francés.
El último episodio simbólico llegó el pasado domingo. El Barça acababa de ganar la Supercopa y el Madrid se disponía a hacer pasillo. Mbappé se negó cuando su entrenador les pidió que lo hiciesen. Un gesto mínimo en apariencia, pero demoledor en el fondo: desafío abierto a la autoridad del entrenador, pulso público y mensaje inequívoco. Poco después, Xabi estaba fuera.

Mbappé y Xabi Alonso, antes de la destitución del entrenador / Associated Press/LaPresse / LAP
Un entrenador nuevo cada año y medio
Porque el historial es demoledor. Desde que Mbappé irrumpió en la élite, los entrenadores a su alrededor han ido cayendo uno tras otro. En el PSG, Unai Emery duró una temporada. Thomas Tuchel, dos y media. Pochettino, 18 meses. Galtier, un curso. Ninguno sobrevivió demasiado tiempo a un vestuario que orbitaba alrededor del mismo sol.
En Madrid, la historia se repite. Ancelotti, un año. Xabi Alonso, apenas medio. Desde su llegada al PSG, Mbappé ha cambiado de entrenador cada 1,4 años. No es una cifra: es una señal. Ha tenido seis entrenadores diferentes en nueve años.

Luis Enrique consuela a Mbappé tras quedar fuera de la Champions / EFE
El francés no es un futbolista cualquiera. Es un centro de poder. Controla tiempos, jerarquías y climas internos. Su influencia va mucho más allá del césped. Decide cómo se juega, quién manda y hasta dónde puede llegar un técnico antes de cruzar una línea invisible. Cuando el entrenador intenta imponer algo que Mbappé no compra, el reloj empieza a correr en su contra.
Y hay un dato que lo resume todo y que en París no olvidan: justo cuando Mbappé se marchó del PSG, el club ganó el sextete. Sin el foco permanente en una sola figura, sin un jugador con capacidad para condicionar decisiones estructurales, el equipo respiró. Ganó. Mandó el colectivo.
Mbappé es un talento generacional, nadie lo discute. Pero también es un devorador de entrenadores. Un futbolista que no solo exige galones, sino que los ejerce. En el campo y fuera de él. Donde llega, el poder se reordena. Y casi siempre, el que acaba pagando el precio es el del banquillo.
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