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REAL MADRID

El Madrid, sin cerebro

Es un equipo impersonal, que adolece de un jugador que asuma el liderato, que se ofrezca para ordenar a sus compañeros con pases e instrucciones

Camavinga y Tchouameni ante Lamine Yamal

Camavinga y Tchouameni ante Lamine Yamal / V. Enrich

Alejandro Alcázar

Alejandro Alcázar

El Real Madrid lleva dos años reforzándose en defensa y en ataque, pero ha abandonado el centro del campo. Ha ido perdiendo efectivos después de creer que con los fichajes que había hecho tendrá cubiertas las salidas anunciadas de Kroos y Modric. Sin embargo, el perfil de sus sucesores nada tienen que ver con el del alemán y el croata, y ha perdido el cerebro que organice el juego.

Esta temporada ha sumado seis caras nuevas a la plantilla, además del entrenador. Cuatro defensas y dos delanteros, pero ningún centrocampista. El año pasado sumó un único fichaje, un delantero (Mbappé). En la 23-24 fichó a Bellingham y Güler para sumarse a Tchouameni (22-23), Camavinga (21-22) además de Valverde (18-19) y Ceballos (17-18, con cesión al Arsenal y vuelta en la 21-22). Salvo el andaluz, los demás son defensivos o medias puntas.

Sin Kroos ni Modric

Kroos se fue en la 23-24 y Modric el año pasado. El club ha creído tener cubiertas las salidas de los dos, pero el tiempo le está demostrando que no. Ya la temporada pasada sin el alemán saltaron las alarmas. Modric, con 39 años, intentó amortiguar la marcha de su compañero dosificado por Ancelotti. Pero no evitó que el equipo se viniera abajo en la construcción, problemas que el club no lo ha remediado.

A este Real Madrid le faltan jugadores que asuman el rol de organizadores, que pidan la pelota, que se muevan para volver a pedirla asumiendo el peso del juego ordenando a sus compañeros a base de pases cortos, medios o largos, o de palabra tomando ese liderato en la construcción. Los actuales huyen de ese papel, con Valverde a la cabeza, más dado a jugar para atrás que circular el juego con precisión.

Sin conexión

Nadie cuestiona la calidad del uruguayo, Tchouameni y Camavinga, pero destacan más como buenos guardaespaldas y destructores que como creadores. Les cuesta asumir ese rol, prefieren el papel de apoyar al arquitecto del juego. Quizá Camavinga pueda desempeñar esa labor por su facilidad en el regate, pero es errático en el pase.

A los tres les cuesta jugar de primeras leyendo los pases al compañero liberado antes de que les llegue el balón y conectar con precisión, un arte que Kroos y Modric dominaban con destreza y de lo que carece este Real Madrid. Ceballos ha crecido a la sombra de ambos y lo intenta, mientras que Valverde parece no haber aprendido nada pese a ser nombrado por Kroos su sucesor.