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REAL MADRID

Lo que no se vio del Madrid - Celta: el “no me jodas” de Xabi Alonso, el impotente "echadle huevos" y el “luego lloráis” de Carvajal

El madridismo perdió los nervios y el técnico vasco la última coartada que le quedaba, la de un Bernabéu que se desahogó con los árbitros

Xabi Alonso no piensa en la destitución: "La derrota en casa duele, pero tenemos que mirar hacia delante"

Xabi Alonso: "La derrota en casa duele, pero tenemos que mirar hacia delante" / LaLiga

Denís Iglesias

Denís Iglesias

Madrid

El que haya seguido mínimamente la trayectoria del Madrid esta temporada sabía que el 0-3 de San Mamés era un espejismo. Se vio en el rostro de Xabi Alonso desde el mismo momento en el que saltó al Bernabéu. Rostro tenso y mandíbula cerrada que contrasta con la 'performance' que está haciendo en las ruedas de prensa para intentar confundir a un entorno mediático que le ha marcado. Porque hasta tres preguntas después de la debacle contra el Celta apuntaron a su destitución en caso de derrota frente al City.

Xabi Alonso, en la silla eléctrica

Ni la coartada arbitral le vale al vasco. Viene una semana cargada de tópicos contra los colegiados que se mostrarán en la televisión oficial del club. Pero detrás del pataleo, todos los que están mínimamente implicados en la vida del Madrid saben que el proyecto de Xabi Alonso está en coma. El que fuera un notable jugador blanco va camino del precipicio después de habert tirado la toalla en lo fundamental: el control del vestuario. Y eso acaba por plasmarse en un terreno de juego donde no hay rastro de sus ideas.

Lo que se vivió en el regreso al Bernabéu después de 37 días de 'show americano' de la NFL y ausencia fue la culminación de un proceso de autodestrucción que ahora mismo parece irreversible. La expulsión de Fran García, que vio dos amarillas en un minuto, reflejó la desesperación de Xabi Alonso. Un lánguido "no me jodas" salió de su boca cuando Quintero González confirmó la metedura de pata del lateral. Una autoexpulsión que desató el caos. Lo que parecía un despertar de rabia fue la asunción del drama.

Xabi Alonso no ha disfrutado un solo día del más de medio año que lleva sentado en un banquillo que se ha convertido en una silla eléctrica. Su final se adivina salvo un giro de los acontecimientos que no oculta el proceso de destrucción al que ha sido sometido por un club que primero le dio la espalda y después le hizo firmar una paz pública para acallar el ruido. El Madrid es un monstruo que se devora a sí mismo. Por el camino ha perdido la calidad y el don que le hizo alcanzar milagros inexplicables.

Megía Dávila, a por Quintero González

Eso es lo que el madridismo lleva peor. No salirse con la suya. No tirar la moneda diez veces al aire y que en nueve salga cara. En el Bernabéu todos se miran, aunque no a la cara, en busca de culpables. Lo fácil es hablar de una conspiración, a la que Xabi Alonso se sumó con un "no me ha gustado el arbitraje". Sin embargo, los jugadores, más aun que él mismo, salen retratados después de una puesta en escena lastimera de la que solo salieron cuando se vieron con 10 y ante un público encolerizado.

Porque el público de puente festivo entornó el cancionero contra los colegiados, que comprende desde el "corrupción en la Federación" hasta el "Negreira, Negreira". El resultado: dos expulsados de campo al unirse Carreras a Fran García con un "eres malísimo"; una roja -más que titularidades- para Endrick; y un Carvajal reincidiendo en sus coacciones de túnel de vestuario. Si en la eliminación de Champions del año pasado amenazó increpó a la cuarta árbitra y amenazó a Saka, contra el Celta se fue a por Quintero González.

La frase, reflejada en el acta, es la siguiente: "El nivel que dais y luego llorando en rueda de prensa". Una clara alusión a lo sucedido en la última final de Copa, en la que De Burgos Bengoetxea estalló ante la campaña de acoso y derribo que recibe el colectivo del club blanco. Ya no solo a través de sus canales oficiales, también por parte de jugadores y hasta de antiguos compañeros como Megía Dávila, delegado del Madrid. El primero en irse contra un colegiado al que el escenario no le impuso ni lo más mínimo.

La celebración de LaLiga en el clásico

El Bernabéu creyó que con un "échale huevos" encendería la centrifugadora que le salvado en tantas noches europeas en las que el Madrid ha pasado del ridículo a la épica con una facilidad que solo le corresponde a este equipo. Cuando el tiro salvador va fuera o Courtois no obra el milagro, asoma toda la vulgaridad de un club sin solución a corto plazo. Porque el 'laissez-faire' de Ancelotti, el entrenador más ganador en la historia de la entidad, y por ende el más adecuado, no funcionó. Eso debió ser un síntoma de alerta suficiente.

Sin embargo, Xabi Alonso, que ahora pone su cabeza en juego ante un Guardiola al que pudo relevarle, quiso meterse en un pozo del que solo han salido vivos el italiano y Zidane en los últimos tiempos. Porque hay problema de juego evidente, pero sobre todo de actitud. Que uno de las críticas al método del vasco fuese la duración de los vídeos en las sesiones de análisis evidencia lo consentidas que están las figuras de un núcleo que ha perdido el norte. Mental y físicamente, a la vista de las lesiones.

Porque tan cierto que había sido un milagro el regreso de Militao a la capitanía general de la defensa como que se rompe en una carrera a la desesperada por culpa de un desajuste colectivo. El Madrid y su afición creyeron haber ganado LaLiga tras el clásico. En una celebración impropia del equipo que fiscaliza las de los demás, demostraron una inferioridad manifiesta que ha terminado por asimilar un equipo de 'highlights', donde la sobrerreación ha devorado al colectivo, incapaz de sentarse a hablar, pensar y jugar.